No te signifiques (4)

Por Jorge Díaz

Me encanta ese momento en que los escritores, profesionales o aficionados, contestan a la pregunta del millón: ¿y tú, por qué escribes? Me gustaría que le hicieran la misma pregunta a un arquitecto o a un ingeniero, que no sé cuál de los dos es el más adecuado:
– ¿Y usted, por qué hace puentes?
– Para poder pasar al otro lado del río.
Ahí está. Ésa es una profesión útil. Todo el mundo sabe para qué se hacen puentes y que hay personas que los hacen, aunque no sepamos bien si son los arquitectos o los ingenieros. A las personas que los hacen se les habla de usted; a los escritores, los actores y los presentadores de televisión, no: se les tutea.
– ¿Me puedes dedicar el libro para mi prima Conchi? Qué bien te lo montas, eh, campeón…
Es una transcripción casi literal de algo que he vivido con un señor al que no conocía de antes. Y eso que yo he firmado poquísimo y, del ochenta por ciento de lo que he firmado, sabía el nombre del lector antes de publicar: eran familia o amigos. No puedo imaginarme lo que podría contar Antonio Gala.
– ¿Antonio Gala es el que más firma?
– Sí, todas las señoras con abrigos de pieles, naturales o sintéticas, tienen libros firmados por Antonio Gala. Esperan horas de cola al sol, en la feria del libro de Madrid, para hacerse con ellos. Le envidio.
– ¿Qué tendrías que hacer para conseguir lo mismo que él?
– No lo sé. Si lo supiera, lo haría. Emularía a todos los que tienen éxito menos a Stieg Larsson: la muerte me parece un arma de promoción exagerada.
A ver, que me distraigo y me voy por las ramas. Hablaba de las razones para escribir. Durante muchos años me gustó la de García Márquez, “escribo para que me quieran mis amigos”. Si eres García Márquez, te lo puedes permitir; mis amigos, en cambio, están hartos de mí, ya no quieren leer ni los borradores.
– ¿Te lo mando?
– No, deja, ya cuando lo publiquen, o así… Es que me gusta más el libro, libro…
Tengo la posibilidad de cambiar a estos amigos por otros nuevos, aún sin malear. Me lo estoy pensando.
También me gustan las razones un poco golfas: “escribo para levantarme tarde”, “escribo para ligar más” – ésta es falsa, no está probado que los escritores liguen más, las mejores profesiones para ligar son las de ayudante de cámara o de iluminación en cine y televisión, son seres admirables –, “escribo porque no sé coger rebotes, si supiera sería pívot”…
Pero mis favoritas de verdad son las deterministas, me apasionan los escritores santateresianos, los del designio divino.
– Escribo porque algo dentro de mí me lo pide y no sería capaz de vivir sin escribir…
¿No es enternecedor? Escribir como respirar. No voy a decir que no haya excepciones, pero normalmente el mundo sí que podría vivir sin que los iluminados escribieran. Esto no es un insulto, el mundo también podría vivir sin que yo escribiera, casi seguro.
– ¿Tú escribes porque lo necesitas?
– En absoluto. Yo tengo mis razones para escribir, frívolas por supuesto, y ya las contaré otro día, quizá la semana que viene, aunque no prometo nada.
Vamos con otros de los que más me gustan, los Leoncio León y Tristón:
– Yo también escribo, pero nada, cosas sueltas, cuando estoy triste, en casa a solas… A lo mejor un día te dejo leer algo para que me digas qué te parece…
En eso estoy pensando, en que alguien me meta ideas suicidas en la cabeza. Pues no, no lo quiero leer; es más, no necesito leerlo para saber lo que pienso. Si un día escriben algo divertido, puede ser; sus lamentos no, sus lamentos que se les guarden.
– Estás siendo cruel.
– Sí, y si se ponen demasiado tristes que cojan una servilleta y escriban lo que sienten, después que se sequen las lágrimas y se suenen los mocos con ella.
– Tu actitud es despreciable.
– Para eso están los comentarios ahí abajo, para que me lo diga todo el que quiera.
A mí, de cualquier forma, los que mejor me caen son los que escriben para hacerse ricos. No lo digo con ironía: es una forma más de tener ideales y es bonito que en el mundo queden soñadores.

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Una respuesta a No te signifiques (4)

  1. Redondo. El mejor de los cuatro que llevas hasta ahora. Me gusta como, poco a poco, vas afilando la irónía. Y el colmillo. 🙂

    Abrazos.

    Amigo
    14 junio 2010 at 8:35 am

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