Entre la razón y la piel

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Comisariado Ana Amado

Del 17 de junio al 12 de septiembre de 2010

Zona C

Santiago de Compostela

Por Nuria Ruibal.


“En el primer garabato que hacemos trazamos,

sin saberlo, el rumbo de nuestra vida;

en el último, también sin saberlo,

el de nuestra muerte.”

GONZÁLEZ ESTEVA, O. Elogio del garabato

Esta instalación se concibe como una estructura efímera que hace alusión al complejo mecanismo existencial del ser humano. Es considerado como un ser naturalmente proyectivo que genera un continuo goteo de propósitos, a partir de los cuales, configura su existencia. Almacena diariamente en su memoria experiencias vividas, construyendo así su propia identidad personal. Al mismo tiempo, se ve afectado por todo lo aquello que le rodea, y actúa de acuerdo a la situación que se presenta ante él. Bajo la necesidad de exteriorizar lo que siente, tiene miedo de mostrar su yo más vulnerable, su yo privado, en el que habitan las huellas que la vida va dejando sobre su cuerpo y su alma. Teme ser arrebatado por la mirada del otro, provocando una sensación de vacío, ausencia forzada de su reflejo más querido; una cruel mirada de la que intenta huir desesperadamente.

El rostro se presenta como lugar de acción y reacción ante ese acto de exponer-nos ante el otro; como espejo de nuestro pensamiento y nuestro sentimiento; como asilo del alma; como lienzo en blanco donde se conjugan trazos y formas. Nuestra piel se convierte en el papel donde se dibujan y escriben esos relatos incompletos, donde nuestras cicatrices toman asiento y van creciendo conforme el relato se completa.

Con el alfiler, elemento punzante e hiriente, a la vez que frágil y vulnerable, se ordena esta arquitectura, en equilibrio inestable, del paisaje de nuestros rostros. Son estructuras frágiles, efímeras y que dejan una huella etérea, como metáforas de la condición humana. Nos hablan de la fragilidad del ser humano, a pesar de su aparente y armónica estabilidad. Y rompe con el sueño que construimos al incidir sobre la realidad más real, desinflando nuestras ilusiones en su contacto con lo corpóreo.

La lana proporciona calidez a la mirada, acariciando el dibujo durante este complejo ejercicio de contorsionismo, y se adentra en el laberinto de líneas que no son más que la estructuración de un algo. Ese algo se convierte en nuestro cuerpo, un lugar donde habita el yo privado, que nos conforma y nos define, ese yo al que difícilmente accedemos si no es mediante un intenso ejercicio de auto-comunicación, de auto-conocimiento. Es ahí, en esa habitación, donde residen los vestigios de nuestro contacto con el mundo, los momentos que guardamos para nosotros mismos, a modo de pequeño (pero gran) secreto íntimo y personal. Es, en ese rincón olvidado de nuestra memoria, donde se van secando nuestras cicatrices y archivamos nuestros olvidos.

Estas líneas laberínticas que configuran el espacio, se anudan una y otra vez, imponiéndose la razón al corazón, en un deseo por controlar todo cuanto acontece, entendiendo este anudar como una forma de gobernar (el cuerpo y la mente); creciendo en nosotros esa contradictoria necesidad de liberación, mediante una acción de anudamiento y desnudamiento de nosotros mismos. El nudo como núcleo conflictivo de nuestro pensamiento, enredamiento de nuestro sentir y lastre de nuestro devenir.

Finalmente, el ovillo aparece como símbolo de nuestras ilusiones, de nuestro deseo por seguir escribiendo nuestra leyenda personal. Ovillo circular, aunque irregular, que nos advierte de todo aquello que nos queda por vivir. Círculo no-finito de un infinito de recuerdos y de experiencias, de latencias y ausencias, llenas de nuestro ímpetu por seguir adelante y profundizar en nosotros mismos desde la mirada del otro¸ al mismo tiempo que ese otro se muestra ante nosotros para que se produzca ese punto de encuentro.

Nuria Ruibal

Oviedo, 1983

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Vigo, donde realizó posteriormente el Doctorado Modos de conocimiento en la práctica artística contemporánea. En 2009 realiza el Máster de Arte, Museología y Crítica Contemporáneas de la Universidad de Santiago de Compostela, dentro del cual, y junto a su comisaria Ana Amado, participa y gana el concurso para la intervención de creadores y nuevos comisarios de la Zona C, con el proyecto Entre la razón y la piel.

Ha participado en varias exposiciones colectivas internacionales, como Oito_Artistas.gal, itinerante por España y Portugal; Ideas y propuestas para el arte en España, en ARCO 08, o en la VI Edición de Poesía Experimental de la Diputación de Badajoz. También ha participado en varias exposiciones colectivas nacionales, como Cercanías en la Galería Sabor a Menta (Santiago de Compostela); Creatividad Colectiva o Diferencia al Cubo, en la Galería Espacio Líquido (Gijón); VI Premio Auditorio de Galicia, en el Auditorio de Galicia (Santiago de Compostela); Sin Rencor, Galería Metro (Vigo) o Novos Valores 08 de la Diputación de Pontevedra. Dentro de sus exposiciones individuales cabe destacar Estados de Ánimo, exposición itinerante, dentro del programa Culturaquí 08, que se pudo ver primero en la Sala Borrón de Oviedo y posteriormente en la Casa Municipal de Cultura de Avilés; Alborotos Anímicos, en la Casa de la Juventud de Posada de Llanera y Dulce Sumisión, proyecto por el que se le concedió una Beca AlNorte para su realización en el Museo Barjola de Gijón.

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