Las fotos de viajes que cuentan “algo” (o tendrían que hacerlo)

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Por Julie Delabarre.

Intentar hacer buenas fotografías y en conjunto nunca ha sido fácil.  Una parte de aprendizaje técnico que, como cada aprendizaje, comporta sus obstáculos, sus dificultades.  Una vez pasado esta fase, queda lo más arduo… ¿Qué tipo de fotos quieres hacer? ¿Sobre qué quieres trabajar? ¿Qué quieres contar?

Si sé lo que me gusta fotografiar, esta última pregunta no deja de hacerme reflexionar, entre los útiles y despertadores consejos de un buen amigo muy sincero, ver mucha fotografía  y algunas buenas lecturas al respecto.

Para poner en práctica estos consejos, el viaje parece el momento idóneo.  El año pasado, ya tenía estas preocupaciones en mente, este miedo a hacer fotos vacías de sentido, fotos técnicamente correctas pero sin alma, sin acabar de entender como darles sentido, coherencia entre ellas.   Nos íbamos con Paloma a Cuba  y tanto mis preocupaciones fotográficas,  como el destino de vacaciones me hicieron llegar a esta conclusión: arriésgate o por lo menos, inténtalo.

Me fascina fotografiar la ciudad, los entornos urbanos. Suele haber poca gente en mis fotos y decidí este año vencer la timidez y hacer retratos, con una regla: ninguno retrato robado, conocer y hablar con a la gente que voy a fotografiar.  Releo un pequeño libro sobre el trabajo de Cartier-Bresson, el prefacio escrito por Jean Clair y sus reflexiones sobre la impresión de vida en ciertas fotografías y la postura del autor de la fotografía.  Pensaba mucho  en estas épocas donde la gente no desconfiaba tanto de los viajeros y de sus fotografías, en las épocas donde no había tanto miedo de acabar en algún blog o alguna web, con el recuerdo del viaje a África y del empeño de  la gente en aparecer en las fotografías para pedir dinero, algo, por una parte, totalmente normal.  Pero bueno, el riesgo valía la pena: intentar poner algo de vida, algo humano y sincero en mis fotos generalmente estáticas, por no decir aburridas. Cómo hacerlo en concreto, ni idea. Puse la cámara en la mochila, a ver qué pasaba una vez allí.

Si una de las ventajas de viajar es poder ver cosas que no verías nunca en tu ciudad, en tu día a día cotidiano, uno de sus inconvenientes es volver con fotografías que hacen todos, lo que nos parece a todos exótico o extraño. Intentar evitar hacer fotografías de postales, que salen de los estereotipos es un gran juego en sí.

Lo que nos llamó la atención fue algo que sí podría ser un estereotipo, la gente sentada en sus puertas, charlando todo el día.  Nos decidimos a fotografiar a esta gente y el ritmo de vida cubano que nos sorprende, tan diferente del nuestro. El miedo y la timidez se vencen más fácilmente de lo que parece: los cubanos se prestaron al juego,  nos invitaron a sus casas a compartir un café, a ver sus fotos de familia, o simplemente, a sentarnos con ellos y a charlar sin mirar la hora.  Nuestro viaje fotográfico se convirtió en otra cosa.  Recorremos toda la isla y en todas las ciudades, fotografiamos y encontramos a gente en sus puertas. Seguimos nuestra idea, nacieron otras de comparaciones con paisajes urbanos vacíos, con puertas vacías.

Volvimos con muchas fotografías, muchos retratos, también muchas fotos de ciudad, de paisajes y un diario de viaje bien lleno.  Organicé y retoqué mis fotos, pero algo seguía faltando.

Al final, las que me atreveré a enseñar fueron una vez más mis fotos estáticas. En su conjunto los retratos no me convencieron. Como suele pasar, sobre todas las fotos que he hecho, sólo algunas valen la pena. Mi amigo muy sincero siempre me aconseja de hacer las fotos pensando en serie, a ver si, a la manera de planes de cine, dos fotos se complementan entre ellas.  Otra vez, si mejoré ciertos puntos, he fallado. Supongo que hay que ir más allá que una postura, encontrar esta historia que quieres contar. Pero de todo fallo se aprende y esta experiencia fue más que fotografía, fue una aventura humana que no tiene precio y uno de mis viajes más bonitos.

Conseguir buenas fotos de viaje no se limite solo a intentar salir de lo exótico, o hacer retratos como si tener fotografiar de seres humanos fuese la única manera de dar “vida” a una fotografía. En este caso, otras frases de Cartier-Bresson merecen una buena reflexión: “no pensar para que funcione”.  Este punto en tu ojo ya no se limita a la cámara, al hecho de pensar que haces fotos, para no perderte el momento que captas…

Este año, me iré de viaje más cerca y menos tiempo, me quedo con las mismas preguntas que el año pasado y seguiré intentando, con lo que aprendí,  dar sentido a las fotografías, intentar volver con fotos de viaje diferentes, de un sitio que todo el mundo conoce pero con la esperanza de enfocar  lo que nos puede sorprender.

Tenía un profesor de música que hablaba mucho del arte de desacostumbrarse, el arte de arriesgarse, de replantearse constantemente las cosas. Creo que mi profesor se refería a un arte de paciencia. La fotografía en general, como la fotografía de viaje que a primera vista, por lo exótico, puede parecer más evidente, requiere mucho tiempo.  Porqué si fuera tan fácil, no sería tan divertido.

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