Biopiratería. Comerciando con la Cultura Natural.

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Por Damián Serrano Martínez.

Se entiende por biopiratería la apropiación y comercialización del conocimiento natural ajeno. Ésta es una práctica que en los últimos años están llevando a cabo empresas farmacéuticas y agrónomas principalmente, a pesar de su regulación por el Convenio sobre Diversidad Biológica de Río 1992.
Las regiones mas pobres del planeta son las que mayor diversidad biológica presentan y las más expuestas a sufrir esta práctica por multinacionales extranjeras. Formas de biopiratería son, por ejemplo, la sustracción de especies vegetales para cultivarlas fuera de estos países, el aprovechamiento del conocimiento y cultura indígena para beneficio particular o patentar cultivos extranjeros como propios. En ninguno de estos casos existe contraprestación por ello.
Un ejemplo del primer caso sería el cultivo de la planta de procedencia africana y nombre inglés “rosy periwinkle” (Catharanthus roseus) de la cual la compañía Eli Lilly desarrolló dos medicamentos, la vinblastina (tratamiento del cáncer) y vincristina. (tratamiento de la leucemia), sin compensación alguna a la zona de donde se extrajo.
Otro caso –ya resuelto- sería el del “frijol Enola”; el norteamericano Larry Proctor, tras adquirir semillas de habichuelas amarillas mejicanas, las cruzó y fue seleccionando la variedad más pura respecto al color amarillo, es entonces cuando patentó esta semilla, denunciando a sus competidores y monopolizando el mercado. En 2008 se logró la anulación de esta patente; aún así no ha habido ninguna compensación por el daño causado.
Estos son sólo unos ejemplos de gran cantidad de casos.
La variante legal es la Bioprospección, una actividad regulada y sostenible, que consiste en la explotación científica o el cultivo de recursos genéticos y bioquímicos silvestres realizada respetando los tratados internacionales y las leyes del país donde se llevan a cabo.
La biopiratería es, pues, otro factor que incrementa la deuda ecológica que cada vez crece más entre Norte–Sur. Puesto que ya no sólo nos apropiamos de sus tierras, o contaminamos sus espacios, sino que además les robamos sus conocimientos y cultura natural para seguir expoliándolos.

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