Las vampiras también mueren.

Categoría: Columnistas |

Por Akdov Telmig.

Pues sí, resulta que lo hacen, aunque hubiese preferido no descubrirlo. Voy directamente al grano: ha muerto Ingrid Pitt, la condesa Drácula, una de mis pechugonas favoritas de todos los tiempos. Todavía recuerdo la primera vez que disfrute de su papel estrella, la vampira lésbica de Las amantes del vampiro (The Vampire Lovers, 1970, Roy Ward Baker) en la primera de una trilogía deliciosa de la Hamer que recorría las páginas de Carmilla, novela de aquel irlandés con nombre de archienemigo de Flash Gordon: Sheridan Le Fanu.

También estaba Isabel Bathory, noble rumana (¿qué si no?) del siglo XVI, una buena pieza que se bañaba en la sangre de doncellas para mantenerse joven en La condesa Drácula y unas de las imágenes más perturbadoras de mi vida.

Pero la Srta. Pitt tuvo, además, una biografía de tomo y lomo, digna de una película de del mejor Tim Burton, pero nunca del peor. La “primera dama del terror” tuvo la mala suerte de vivir el horror en primera persona al estar recluida en un campo de concentración cuando apenas era una niña. Su padre, un científico alemán, se había negado a ayudar a los nazis en la investigación para construir cohetes y, aunque intentaron viajar hasta el Reino Unido, su madre, una judía polaca, se puso de parto y tuvieron que permanecer en Polonia. Casi una mala historia de suspense bélico, si no fuese por que  los nazis tenian poco de villanos de ficción. Ya se pueden imaginar el resto. En 1943, Ingid (en realidad Igoushka Petrov) fue enviada junto a su madre al campo de Stuttho, donde fue testigo de los hábitos criminales de aquellos malditos bastardos. Pero en fin, aquello ya es historia, igual que nuestra querida “reina del grito” (otro de sus merecidísimos apodos), una mujer llena de sensualidad pero que estaba muy lejos de ser una simple actriz de serie B. Miren lo que dijo una vez: “Nací en el mayor espectáculo de horror del siglo, las brutalidades del régimen nazi; es increíble que haya hecho películas de terror con la tremenda infancia que tuve. Pero tal vez es por ello por lo que soy tan buena en esto”, dijo durante la promoción de uno de esos filmes”. No está mal para una pechugona, ¿verdad?

De todas las imágenes de Pitt, yo me quedo con la más bizarra de todas. Les pongo en situación para que no se asusten. Tres baturros viriles (agárrense: Manolo Escobar, Manuel Alexandre y Antonio Ferrandis) luchan por el amor de una hermosa extranjera en la inefable Un beso en el puerto (Ramón Torrado, 1966). El bueno de Manolo, todo un sex symbol patrio y, por supuesto, palillero, le dedica Un bolero para ti. Muy fuerte, mis queridos cineadictos.

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Pues sí, resulta que lo hacen, aunque hubiese preferido no descubrirlo. Voy directamente al grano: ha muerto Ingrid Pitt, la condesa Drácula. Todavía recuerdo la primera vez que disfrute de su papel estrella, la vampira lésbica de Las amantes del vampiro (The Vampire Lovers, 1970, Roy Ward Baker) en la primera de una trilogía deliciosa de la Hamer que recorría las páginas de Carmilla, novela de aquel irlandés llamado Sheridan Le Fanu.

http://www.youtube.com/watch?v=StTTfl8SU5k

También estaba Isabel Bathory, noble rumana (¿qué si no?) del siglo XVI, una pieza que se bañaba en la sangre de doncellas para mantenerse joven en La condesa Drácula, unas de las imágenes más perturbadoras de mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=qm1wov5tQg4&feature=related

Pero la Srta. Pitt tuvo, además, una biografía de tomo y lomo, digna de una película de del mejor Tim Burton, nunca del peor. La “primera dama del terror” tuvo la mala suerte de vivir el horror en primera persona, a estar recluida en un campo de concentración cuando apenas era una niña. Su padre, un científico alemán, se había negado a ayudar a los nazis en la investigación para construir cohetes y, aunque intentaron viajar hasta el Reino Unido, su madre, una judía polaca, se puso de parto y tuvieron que permanecer en Polonia. Ya se pueden imaginar el resto. En 1943, Ingid (en realidad Igoushka Petrov) fue enviada junto a su madre al campo de Stuttho, donde fue testigo de los hábitos criminales de aquellos malditos bastardos. Pero en fin, aquello ya es historia, igual que nuestra querida “reina del grito” (otro de sus merecidísimos apodos), una mujer llena de sensualidad pero que estaba muy lejos de ser una simple actriz de serie B. Miren lo que dijo una vez: “Nací en el mayor espectáculo de horror del siglo, las brutalidades del régimen nazi; es increíble que haya hecho películas de terror con la tremenda infancia que tuve. Pero tal vez es por ello por lo que soy tan buena en esto”, dijo durante la promoción de uno de esos filmes”.

Pero de todas las imágenes de Pitt, yo me quedo con la más bizarra de todas. Les pongo en situación para que no se asusten. Tres baturros viriles (agárrense: Manolo Escobar, Manuel Alexandre y Antonio Ferrandis) luchan por el amor de una hermosa extranjera en Un beso en el puerto (Ramón Torrado, 1966). El bueno de Manolo, todo un sex symbol patrio y, por supuesto, palillero, le dedica Un bolero para ti. Muy fuerte, mis queridos cineadictos.

http://www.youtube.com/watch?v=luskIkVQILA

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