Reflexionando sobre la ciencia: Einstein y Oppenheimer

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Te dejamos dos importantes reflexiones de sendas personalidades del pasado siglo sobre un tema hoy candente: ¿cuál es la responsabilidad de los científicos a la hora de llevar a cabo su trabajo? No dudes en dejar tu aportación a este debate en forma de comentario…

A. Einstein

«Vivimos en una época en que la inseguridad exterior e interior es tan grande y los objetivos firmes son tan raros que la mera confesión de nuestras convicciones puede ser de importancia, aun cuando esas convicciones, como todos los juicios de valor, no puedan ser justificados por la lógica.
Surge inmediatamente una pregunta: ¿debemos considerar la búsqueda de la verdad -o, para decirlo más modestamente, nuestros esfuerzos por comprender el universo cognoscible mediante el pensamiento lógico constructivo- como un objetivo absoluto de nuestro trabajo? ¿O debe nuestra búsqueda de la verdad estar subordinada a otros objetivos, por ejemplo, de carácter “práctico”? […]
¿Cuál es, pues, la situación del hombre de ciencia actual dentro de la sociedad? Evidentemente, se siente bastante orgulloso de que el trabajo de los científicos haya contribuido a cambiar radicalmente la vida económica de una humanidad al eliminar casi por completo el esfuerzo muscular. Pero le acongoja que los resultados del trabajo científico hayan suscitado una amenaza para la especie humana, al caer en manos de poseedores del poder político moralmente ciegos. Tiene conciencia de que los métodos tecnológicos que su trabajo ha hecho posibles han dado lugar a una concentración del poder económico y político en manos de pequeñas minorías que han llegado a dominar por completo la vida de las masas populares, las cuales parecen cada vez más amorfas» (“La responsabilidad moral del científico”).

J.R. Oppenheimer

«… los físicos sentimos una responsabilidad especialmente íntima por haber sugerido, apoyado y, al fin, en gran medida, haber logrado la realización de armas atómicas. Tampoco podemos olvidar que dichas armas, puesto que fueron en efecto utilizadas, representaron de manera tremendamente despiadada la inhumanidad y la maldad de la guerra moderna. En un sentido un tanto rudimentario, que toda la vulgaridad, el humor y la exaageración no pueden llegar a borrar por completo, los físicos han conocido el pecado; y este es un conocimiento del que no pueden desprenderse» (cit. en M. Gardner (ed.), Great Essays in Science, Nueva York, Pocket Books).

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