Exilio de madrugada

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Por Ángel Domingo.

Mi amigo vive de noche. Sin ser un vampiro, lo cual tiene más mérito. Ni oposita aprovechando el silencio del hogar durmiente ni delinque con nocturnidad y alevosía. Tampoco ejerce de guardia jurado, portero de discoteca o padre desvelado por el berrido impertinente del recién nacido.

Simplemente es adicto a las buenas series. Los programadores, en algún akelarre herziano (ahora digital), se conjuraron para preservar el material fetén de la luz del día al modo de los bodegueros con el vino incunable. Cuando comentas el último episodio de Entourage en el café matutino, te preguntan si es alguna aplicación para el iPhone. Si mencionas a Larry David, dudan de si no será otro pufo como Benzema.

Este amigo, más bien conocido, topó con esta programación para iniciados en un ataque de insomnio. Probó con tertulias radiofónicas, leche caliente, somníferos y, desesperado, incluso recurrió a las páginas de Pessoa. Como última medida se cobijó en el sofá para que la televisión le contara algún cuento.

Casi sufre un patatús al encontrarse Gran Hermano en el dial anteriormente habitado por CNN+. ¿Y mi Iñaki?, gimió. Recordó, vomitó y siguió deambulando de pitonisa en pitonisa. Una prueba más de la diabólica conjura es la superpoblación de videntes a esas horas en la TDT. Cuando iba a recurrir al bucle incesante de noticias en 24 Horas, topó con un tipo elegante, estilosamente trajeado, que piropeaba a la secretaria mientras exhalaba el humo de su pitillo.

De la impresión, cayó del sofá. Y no por la ley antitabaco. En Cuatro emitían Mad Men. Varios Globos de Oro y unos cuantos premios Emmy en la repisa no bastan para encontrar una hora medio decente en la parrilla. Casi de tapadillo, desfilaba ante su pantalla plana la fauna publicitaria del Nueva York de los años 60.

¿Qué más nos ocultan?, cuestionó enfebrecido por tan extraña alucinación. Con arrojo zumbó al mando a distancia. Además del culebrón erótico Bellas y Ambiciosas (Veo7), ante sus sorprendidas retinas pasaron los personajes de The Office (laSexta), True Blood (Cuatro), Larry David (laSexta), Entourage (laSexta), Ley y Orden (La 1), Dexter (Cuatro), Los Soprano (laSexta)…

El paradójico fenómeno viene de antiguo. La calidad parece recluirse a las horas brujas. ¿Un castigo del mediocre? El ente público ya cometió semejante tropelía con clásicos del calibre de El ala oeste de la Casa Blanca, Doctor en Alaska o, más recientemente, A dos metros bajo tierra. Éxitos internacionales pasan desapercibidos al público español salvo a aquel abonado a canales de pago, las descargas ilegales o los recopilatorios en DVD.

¿Tú sabías esto?, me asaltó histérico a la mañana siguiente en la oficina. Asentí con mi dosis habitual de estoicismo propio del hincha atlético. Traté de hablarle del casting de Fama pero me ignoró. La carga del secreto desvelado era demasiado para él.

Intentó mantener su ritmo de vida habitual grabando en el disco duro de su reproductor las diferentes series, pero la tecnología nunca fue su punto fuerte. Pese a que los amigos le ayudamos, siempre conseguía desconfigurar el aparato. Asumió su torpeza y comenzó a trasnochar chutándose de canal en canal. Era feliz en su paraíso. Había vida más allá de Águila roja, Los protegidos y Aída. Afortunadamente.

Llegaba a la oficina con la ropa arrugada, la corbata desanudada y sin conjuntar. Las ojeras desvelaban las sobredosis televisiva. La adicción afectó tanto a sus nervios como a su cuenta de resultados. Al menos, siempre sonreía.

Pidió teletrabajar desde casa, reclamó al sindicato un turno nocturno para atender las reclamaciones de la inexistente sucursal de Pekín y acabó solicitando una excedencia que, a la larga, condujo a un despido fulminante.

Mi ex compañero, ex conocido y ex amigo nunca volvió a por el finiquito. Como dije, vive de noche, entre series, ajeno al trajín diurno. Una vez le consulté y ni siquiera le sonaba de lejos el nombre de Belén Esteban. Quizá nos hallemos ante una estrategia del Inem para narcotizarnos. La programación esotérica le ha convertido en un zombi pálido, insomne y feliz.

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