Si quieres una novia, págatela

Por Graciela Rodríguez.

Foto: Sasha Grey

Sasha Grey es Christine, alias Chelsea. Trabaja como “acompañante” y cobra 2.000$ por hora. Chris Santos es Chris, su novio (la relación ya dura año y medio). Es entrenador personal en un gimnasio y cobra 125$ la hora. ¿Sabe Chris a qué se dedica su chica?

Primer plano de la peli: un gran muro de acero, brillante como el hielo, se desliza ante nuestros ojos. Esa es la metáfora que nos habla de Chelsea. A partir de ese bloque de hielo surgen las historias, tantas como hombres pagan por disfrutar de su compañía adorable, tranquila, sin los sobresaltos y broncas de las parejas de andar por casa. Hubiera sido interesante, por una vez, una historia en la que la chica es la que paga para conseguir “novio”. Pero el director es quien decide y ha preferido contar ésta en que los hombres pagan para disfrutar de una sofisticada mercancía: Christine, alias Chelsea, la novia ideal sexo incluido.

Chelsea tiene página web de las caras y elige a sus clientes según la fecha de nacimiento. Chelsea escribe un diario de cada una de sus citas. Chelsea es entrevistada por un hombre en un restaurante lujosísimo. Pero ¿quién es ese hombre del que sólo vemos la espalda?  Tal vez otro cliente, tal vez su padre. ¡Ah! Es un periodista y dice estar haciendo el reportaje de su vida: “Dime Chelsea, si no fueras tan guapa, ¿pagaría alguien por estar contigo?”. Chelsea nunca pierde la sonrisa, jamás la compostura. Chelsea recibe consejos de un experto en el negocio del acompañamiento de pago: tú eres la mejor y debes aspirar a más, escribe un libro tía (ajá, por eso escribe el libro) o vende tu vida para que hagan una peli  (he aquí  la peli). Te forrarás. Y la pone en contacto con Dan, que escribe en una  revista y ofrece llevarla a Oriente. Parecerá trata de blancas, pero no lo es, es un gran negocio. Mira, guapa, puedes ganar oro como si manara de una fuente sin fin, pero antes tienes que mostrarme la mercancía, dejarme probar el muestrario de lo que ofreces. Repugnante (aclaro: porque olía mal), literalmente repugnante, le cuenta Chelsea a David, cliente especial, por quien rompe las reglas sagradas del negocio y  discute, qué gusto por fin una buena bronca, con Chris que sólo entiende el todo por la pasta pero sin ir un milímetro más allá, entiéndase sentimientos.

Los fragmentos que constituyen la historia se suceden desordenadamente y en algunos momentos no está claro en qué día de la era Chelsea nos encontramos, dada la cantidad de idas y venidas, hacia atrás hacia delante (y esto no es metáfora de nada, creo),  pero hay que estar muy atento al menos hasta que algunas piezas fundamentales del puzle encajan. Creo que el montaje ha sido pensado de esa forma para mantener la tensión pues en realidad no hay desenlace ¿o sí? Hay que tener paciencia y llegar hasta el final de los  títulos de crédito…y no diré más (hasta el final).

Temas. Todos están preocupados por el oro, las inversiones, la situación económica y la campaña electoral Obama versus McCain (estamos en 2008). Todos compran una mercancía llamada Chelsea-amor. ¿Y qué compra Chelsea? Ropa de lujo, diamantes, y libros de astrología. ¿Y qué más? Pues nada más porque el dulce David, por quien Chelsea suspira, se larga y la deja con un judío vendedor de diamantes, especie de bebé gordo y mimoso…Si no me creéis ir a husmear tras los títulos de crédito. Pero bueno ¿qué os pensabais que era una acompañante? Allá vosotros pero yo me quedo con la Holly Golightly  de Desayuno con diamantes. Claro que como negocio parece más serio y profesional lo de Shasa-Christine-Chelsea…

The girlfriend experience, film de Steven Soderbergh, que lleva por subtítulo ¿Quieres compañía? ha sido distribuido por Vértice Cine

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