La poeta Marilyn Monroe y El Gran Gatsby

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Por César González Álvaro.

La imagen que tenemos la gran mayoría del público respecto a Marilyn Monroe (Norma Jeane para los amiguetes) se podría resumir así:

  • Rubia tonta que no sabe hacer la “O” con un canuto (de hecho hay quien afirma que tenía que repetir mil y una veces las escenas de Con faldas y a lo loco para desesperación del gran Billy Wilder).
  • Recolectora de maridos: James Dougherty (un don nadie), Joe DiMaggio (estrella de béisbol, ese deporte que tanto gusta a los norteamericanos y que a mí personalmente me parece un completo coñazo) y Arthur Miller (sobran las palabras).
  • Posible aventura con John F. Kennedy, relación que culmina con Marilyn cantándole el cumpleaños feliz como si le estuviera haciendo una felación a distancia. Veamos el vídeo, que nunca está de más echarle un ojo de nuevo:

  • Intento frutado de suicidio e ingreso en un centro psiquiátrico.
  • Suicidio con barbitúricos.

Pues bien, sólo hay que adentrarse unas páginas en el magnífico libro que acaba de publicar Seix Barral (Marilyn Monroe, Fragmentos) para que todos estos datos y anécdotas cobren un nuevo sentido y descubramos a la verdadera Marilyn que ya describió en parte Truman Capote en el relato Una adorable criatura. Se trata de una recopilación de cartas personales, notas, listas y poemas que vienen acompañados por unas estupendas fotografías en las que encontramos un inconveniente: continuamente te recuerdan a la Marilyn Monroe que creías conocer y que no se parece casi nada a la persona que firma a veces unos poemas memorables, que analiza todo con un capacidad de observación digna del mejor novelista, que piensa muchísimo cuanto dice y que se muestra sensible e insegura como sólo puede serlo cualquier persona inteligente.

En estos fragmentos hay faltas de ortografía y sobre todo mucho desorden, pero más que aludir a una falta de cultura por parte de Marilyn habría que pensar en la posible dislexia que ya han señalado muchos biógrafos y que, posiblemente, era lo que le obligaba a repetir las escenas una y otra vez. En cualquier caso, Marilyn (lectora empedernida, por cierto) siempre intentaba mejorar, ser mejor actriz y persona y, de hecho, encontramos en el libro un listado que dice así:

  • “No perderme ni una sola de mis sesiones del Actors Studio”
  • “Seguir mirando a mi alrededor (más aún que de costumbre), observando, aceptar las cosas por lo que valen
  • “Si es posible asistir por lo menos a una clase de la universidad (literatura)”
  • “Tratar de encontrar a alguien que me enseñe a bailar (trabajo corporal, creativo)
  • Tratar de pasarlo bien cuando pueda

¿Les recuerda a algo este listado? Echen un ojo a este otro:

  • “Leer cada semana un libro o una revista cultos”
  • “Practicar locución, pose y cómo lograrla
  • “Estudiar inventos necesarios
  • “Ser mejor con los padres”

Sí, se trata ni más ni menos que de un extracto de El Gran Gatsby, en concreto del diario de Jay Gatsby que nuestro querido narrador, Nick Carraway, nos enseña en las últimas páginas. ¿Qué encierran estos listados? Ganas de mejorar, capacidad de introspección, sensibilidad y, entre otras muchas cosas, necesidad de cambiar la imagen que el mundo pudiera tener de ellos. En esta ocasión, quizá se haga justicia.

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