Las artes de lo imposible, de Jorge Riechmann

Las artes de lo imposible. Las ruinas vivas
Jorge Riechmann

Por Alberto García-Teresa

Esta exquisita obra de arte bibliográfica, que nos llega gracias a la valentía de la editorial Azotes Caligráficos, nos presenta un nuevo y sugerente conjunto de poemas de Jorge Riechmann en un formato muy singular, que refuerzan la connotación de los versos.

Consiste en un cuidado estuche, numerado y firmado, que contiene el volumen Las ruinas vivas (compuesto de una serie de fotografías editadas en papel de gran calidad) y el poemario Las artes de lo imposible, junto a un CD con la voz del poeta recitando estos textos.

El libro con los poemas está fabricado con papel artesanal, y reproduce el manuscrito del poeta, en tinta encarnada. Verdaderamente, los textos cobran una dimensión nueva en la letra del autor; adquieren una calidez y una cercanía que potencian en gran medida su atmósfera y el contacto (humano, animal y vegetal) que sus palabras proclaman.

El poemario propiamente dicho está compuesto de una serie de 17 poemas, algunos formados por varias partes, todos de diversa extensión (generalmente breves), con versos libres normalmente también breves, que desarrollan las líneas poéticas habituales de Riechmann, aunque ahondan en un trabajo de mayor concisión léxica.

Las piezas exhortan a la búsqueda de la utopía como impulso vital («peinar lo posible / con los dedos de lo imposible»), la práctica de «las artes de lo imposible» a las que alude el título del volumen.

Riechmann apuesta por la mirada detenida y desveladora, ligada al impulso poético, como conocimiento; por encima de lo superficial (se pide una relectura de la realidad): «tratar de ver / lo que hemos visto / y que se nos pierde / entre el humo de los días»; «testigo de lo que ocurre / y sobre todo / de lo que no ocurre».

El sosiego, la atención, el silencio, son características positivas para el poeta, porque dan pie a la reflexión y hacen posible esa indagación.

Además, el primer poema presenta tres núcleos simbólicos que agrupan las líneas ideológicas y poéticas del autor: el sendero, el bosque el tesoro. Expresa así la vía como representación del conocimiento, el tesoro como meta filosófica, el bosque como colectividad, con el aliciente del componente natural que lo compone.

Huye de maniqueísmos y de las siniestras opciones extremas que sólo ofrece el sistema («sólo puedes ser víctima / o verdugo»), así como del dogmatismo («no hay maestros incuestionables // si son maestros / son cuestionables»), y recupera también su idea de que todos somos personas con discapacidad.

Con todo, se presenta la huida como acto imprescindible para la vida (que no el desentendimiento), y se plasman algunos símbolos de esta sociedad homicida, como la autopista. Riechmann anima a la deserción, y expresa que esta resulta más sencilla de lo que nos quieren hacer ver: «salir de la autopista / hoy parece imposible // y sin embargo / basta un leve desplazamiento lateral // sólo unos metros más allá / comienza el mundo». Además, vuelve a aparecer ese anhelo de lo inesperado, de lo imprevisto, que descoloca el mundo mecanizado y que sitúa al individuo en el proceso de la revitalización y la sabiduría: «viajar preparado / calzado con botas de marcha // porque tú / no siempre / pero el camino / siempre está ahí», (apréciese de nuevo la presencia del deíctico clave de su filosofía, el «ahí»).

Como en buena parte de la obra de Riechmann, se aprecia la influencia del taoísmo («encontrar el sendero / donde no hay sendero», o en la aseveración de que cada sentimiento, acontecimiento y hecho existe porque existe su negación o su contrario). Estos textos, además, reiteran el uso de paradojas y preguntas retóricas, como forma de cuestionamiento de lo evidente, en pos de una indagación filosófica, así como los juegos de palabras con los sentidos y sus contrarios. También abundan las estructuras paralelísticas y, más concretamente, las anáforas. Todo esto apunta a un sólido tono meditativo construido con un léxico sencillo.

Del mismo modo, la mayoría de los poemas utilizan los infinitivos como formas verbales, porque Jorge Riechmann propone un modo de vivir y pensar; modula una actitud ética que se ofrece al lector plagada de dudas y tentativas.

Por su parte, las 18 fotografías, realizadas por el autor, continúan su poética y muestran la persistencia de la vida entre la desolación, manifiestan esa proclamación de la esperanza como resistencia tan propia de Riechmann y atacan el concepto posmoderno de la renuncia a la herencia, de la disolución del pasado, al constatar que «sólo se construye a partir de ruinas», como aclara el escritor. Quizá, la más significativa sea aquella en la cual una cigüeña construye su nido sobre los restos de un autómovil suspendido en un fábrica abandonada.

De esta manera, este delicioso estuche ofrece una proyección casi total (literaria, visual, auditiva) de la filosofía y poética de Jorge Riechmann, uno de nuestros más sólidos, coherentes e inconformistas escritores, que continúa arrojando luz sobre nuestro presente y nuestra forma de otear la realidad.

Las artes de lo imposible. Las ruinas vivas
Jorge Riechmann
2 vol.
48 + 28 páginas
Valencia, 2010
Azotes Caligráficos
ISBN: 978-84-936500-5-6

http://azotescaligraficos.blogspot.com/
http://www.azotescaligraficos.es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Riechmann
www.albertogarciateresa.com

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