Simbiosis entre el lector y el escritor

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Por Juan Carlos Aguirre.

La literatura es un medio de expresión por el cual sentimiento y raciocinio, como parte de la realidad humana, se hacen visibles al LECTOR, de manera vivencial. En este sentido, debemos cultivarla para dejar testimonios tanto personales como globales acerca del individuo social, su desenvolvimiento y reflexión acerca del mundo. Estos testimonios perdurarán para que, en un determinado presente, las próximas generaciones puedan conocerlos de manera artística. Así, no sólo se tendrá en cuenta el tiempo y el espacio de una época, sino, también, las diversas tendencias literarias, costumbres y puntos de vista de cada ESCRITOR respecto a su entorno y pensamiento.

Utilizaremos la palabra Simbiosis, en este caso, para referirnos al círculo constructivo que se genera entre lector y escritor.

Decimos círculo, porque tanto lector como escritor se nutren a sí mismos para dar vida a la literatura. Orbitan entre sí. No se puede prescindir del uno ni del otro. Y, como la literatura es un arte que enriquece el espíritu; entonces, ésta se convierte en constructiva porque beneficia a ambos.

El creador es el escritor y quien interpreta tal creación es el lector. Creación e interpretación son imprescindibles para la existencia de la literatura. Al interpretar o leer una obra lo escrito se vuelve fértil y desencadena una serie de reacciones internas en el lector. De la calidad y trascendencia de lo escrito depende el veredicto final de la lectura. He ahí el origen de deleitarse o no con un libro.

El lector descifra y sintetiza, mientras lee, las emociones y razonamientos del escritor. En consecuencia, se concibe un ejercicio analítico que puede producir atracción o repulsión respecto a lo que se está leyendo. El encuentro fortuito entre lector y escritor se hace evidente y palpable en estas circunstancias.

La diversa gama de personalidades que caracterizan al género humano hacen posible que se satisfagan las exigencias y necesidades literarias de cada lector. Pues, siempre hay un libro que va acorde con nuestros gustos o preferencias. Del mismo modo, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que siempre hay un lector para cada escritor, así como también, siempre hay un escritor para cada lector.

Pero, para que la literatura se mantenga vigente, es necesario su renovación constante mediante la aparición de nuevas y diversas obras. Sólo así los lectores podrán contextualizarse con el arte escrito de nuestros tiempos actuales.

El escritor aporta la mitad orgánica del proceso literario. La otra mitad está en manos del lector.

Escribir significa mostrar las dos caras de la realidad. Por un lado, están los hechos sensoriales y fácticos que ocurren en lo cotidiano y quedan grabados en la historia y la memoria.  Por otro, tenemos el bagaje personal que cada uno posee y lo expone con sensibilidad en la escritura. Compete al escritor definir si ambos aspectos pueden ser presentados independientemente en una obra o como un todo.

La estructura de un libro tiene un principio, una conformación y una culminación.

En el principio, las ideas están dispersas y, como tal, no tienen forma. Sólo el fondo de está aparece omnipresente con el leitmotiv, y muestra atisbos de la futura obra. En la conformación, el ejercicio literario se hace patente al ser impulsado por la progresiva ordenación de los caracteres lingüísticos y gramaticales que surgieron simultáneamente con el leitmotiv. Los avances comienzan a articularse creando la estructura. Por último, en la culminación, la totalidad de lo hecho pasa por una revisión de fondo, forma y estilo. Las correcciones se ponen de manifiesto con el propósito de dar coherencia y fluidez a lo escrito.

La única forma de hacer evolucionar nuestra literatura es escribiendo tomando en cuenta los aspectos estructurales que irán suministrando consistencia y veracidad al libro. Es decir, visualizando la anatomía completa de nuestra propia creación. De este modo, focalizaremos la temática subjetiva y objetiva que queremos exponer, para luego unirlas dándole sentido a la obra.

Quien por primera vez escribe o se está iniciando en la literatura se le recomienda perseverancia y autoanálisis. Primero, para no decaer anímicamente como individuo pensante y poseedor de esa facultad comunicativa mediante la escritura. Y, segundo, para conocer las herramientas intelectuales y pragmáticas que le permitirán usarlas a su favor al momento de escribir, como la observación aguda, el discernimiento, la inducción, deducción, etc.

La simbiosis entre lector y escritor es parte de la naturaleza artística. No se puede escribir sin leer. Un lector es un escritor en potencia.

Vivir, experimentar emociones, llegar a la conclusión de un asunto por medio del raciocinio y pasar por diversas circunstancias, poniendo a prueba nuestra integridad como seres humanos, es algo que enriquecerá nuestra escritura. No hay mejor inspiración para la literatura que la vida misma. Es por eso que me despido de vosotros diciéndoles que LA MEJOR FORMA DE ESCRIBIR ES VIVIENDO.

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