Experimento Azul Fase 4… Vanessa Montfort

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Azul Oscuro casi Negro

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Por Laura Muñoz.

Me planto mis alas negras. On en GPS. Ninguna dirección disponible, así que supuse que Vanessa habría interceptado la señal. No importa. Me guío por el azul hace tiempo…

Busco en el navegador los puntos teñidos.

Asturias.

Alzo el vuelo y sigo la ruta celeste de la mini pantalla. Aterrizo.

Vanessa en plena promo de Mitología de Nueva York. La imito y me hago la escurridiza.

La sigo hasta la Librería Cervantes donde ha decidido esconderse de mí, de Anika. Intenta disimular presentando su novela y me hace un favor. Presencio la charla que tiene con Bego Vigil, Ignacio del Valle y María Zaragoza. Tras la puesta en escena, María y Vanessa se calzan sendas boinas y suben a un tren.

Allá que voy.

Hablan de Ghost Trick pero lo hacen tan bajo que no consigo entender su conversación.

María pone cara de querer saber más pero Vanessa se muestra celosa ante su petición.

¡María quiere jugar! No me extraña nada, a estas alturas de la película, queremos jugar todos.

Creo que tendré que tirar de uno de mis truquitos para hablar con Vanessa. María, sin querer, me ha abierto la puerta de acceso directo, y pienso aprovecharla.

Llegan al hotel. Suben en ascensor y veo cómo Vanessa mira el botón celeste con cierta añoranza: echa de menos la Nintendo…

María baja del ascensor y Vanessa continúa un piso más. Veo que se agacha antes de entrar en su habitación y coge algo del suelo. Una nota. Una escrita a letra pequeña. No consigo ver nada, pero intuyo que es otro de sus colaboradores ofreciendo ayuda-y muy seguramente a cambio de una partida-.

No aguanto más.

Empieza el juego y, si tengo que ser sincera, tengo algo de miedo: Vanessa ha desarrollado una complicada partida en su última novela y no creo que me lo ponga fácil. Aún así, creo en la confianza que tiene con María y apuesto por mi plan.

En las escaleras de emergencia dejo mis alas y abro la bolsa que he llevado conmigo. Me visto con los pantalones negros, el chaleco, me pongo la peluca negra y pinto mis labios de rojo intenso. Abro mi DS (sí, he conseguido una y también sí a “¿te has enganchado tú también?) y miro mi reflejo en la pantalla superior.

¿A quién quieres engañar?- sale de mi boca.

No me parezco en nada a María… Los nervios se apoderan de mí al tiempo que empiezo a crear opciones -inverosímiles la mayoría- para salir de ésta.

Llamo a uno de mis contactos más oscuros: el Doctor Ruiz. Este pseudo-psiquiatra/psicólogo hace de todo y, si no puede ayudarme a cambiar de aspecto-y rápido- dejaré de idolatrarlo. Tras la conversación con Ruiz, tengo otro número al que llamar, una tal Nobile que ha formado parte de una guerrilla en su juventud. Una que cambió de aspecto decenas de veces escapando a menudo de la resistencia y en ocasiones de sí misma. Cuelgo con otra esperanza…Nobile ha decidido ayudarme.

Siempre me gustaron los juegos- me dice con cierto tono lascivo.

Me viene bien, muy bien.

Quedamos en vernos al día siguiente así que tendré que postponer mi ataque a Vanessa, que como había imaginado, quiere jugar al escondite conmigo y sale rumbo a Barcelona. Anuncia en su blog que al encuentro literario “BCN Negra”.

¡Venga ya!

La sigo.

Entrevista, presentación, Paco Camarasa de cómplice. Vanessa sabe rodearse y, como ya sabía, se le da bien eso del escapismo.

Entre presentaciones y mientras Barcelona se va tornando azul, tiene lugar mi encuentro con la ilustre señora Nobile (No sé cuánta batería disponible tengo. Me la juego). Nos vemos en un solar abandonado. Me conduce a una nave donde parece que ha ocurrido algo feo no hace mucho tiempo. Un cubo de plástico azul (¡AZUL!) con los bordes teñidos de morado…azul y sangre. Un escalofrío recorre mi espina dorsal para dar paso a unos cuantos más: Nobile tiene en la mano un jeringa de un tamaño que se me antoja exagerado. Me inyecta algo a la vez que escucho cómo sus palabras pierden volumen.

Abro los ojos. Creo que he perdido el conocimiento. Sí, he estado inconsciente. Abro mi bolso y saco la Nintendo con intención de ver la hora en la que vivo.

¡Dios!

Me devuelve una imagen perfecta del rostro de María.

Aún llevo las alas puestas así que “ON” y salgo volando-literal-de la nave. Retorno a la Ciudad Condal.

De una de las alcantarillas catalanas sale un fulgor azul que llama mi atención. Un destello pelirrojo entra en él. ¡Es Vanessa!

Corro tras ella en el mejor de los escenarios: Barcelona por dentro, oscura y silenciosa. Cuando cuente que he estado persiguiendo a una pelirroja a través de las alcantarillas, nadie me va a creer y, lo peor, pensarán que mi investigación me ha tragado y estoy obsesionada con Ghost Trick. Pero… ¿qué culpa tengo yo que mi tercera y última interrogada sea pelirroja?

Ya tengo el aspecto de María Zaragoza -aunque sin su premio Ateneo Joven 2010 bajo el brazo por Dicen que estás muerta-, he seguido a Vanessa hasta su hotel y mi mano comienza en tres, dos…

-María, querida, no te esperaba-dice una Vanessa desconfiada mientras abre la puerta.

-Hey, Van. Estaba aburrida en mi habitación. Cuéntame cómo han ido las presentaciones, tu entrevista…- ¡esta Nobile hasta ha transformado mi voz!- Deja la consola y hablemos.

Hora y media después, comienzo a hacer las preguntas que me interesan. He conseguido hacerle creer que charla con su amiga y compañera de “gira atenea”.

P.: Van… ¿en serio estás tan enganchada al rollo ése de la consola?

R.: Parece mentira que me preguntes eso, María. Lo has visto con tus propios ojos, a ti no puedo negártelo. Pero nadie más debe saberlo. Tengo una imagen que mantener. Sobre todo nadie debe conocer episodios como el de aquel embarazoso altercado en nuestro último viaje a Barcelona, cuando insulté al revisor de preferente del Ave porque me pidió que bajara el volumen del “aparatito” —eso dijo, “aparatito” y ya conoces mi animadversión a los diminutivos, esas palabritas tan largas como innecesarias—.  Según  él, los pasajeros estaban hasta las narices de tanto “pitidito”. Cómo es la gente. Qué talibana. ¿Por qué nos cuesta tanto ver que otro se divierte? Inhibidores de felicidad, reprimidos…

P.: Estoy convencida que has tirado de “trucos” que ya antes usaste en tu Mitología de Nueva York para avanzar en GT, ¿te han ayudado?

R.: Hombre, la verdad es que sí. Acuérdate de la hija de María Arias en Santiago que aseguraba que Mitología de Nueva York debería ser un videojuego. En realidad, Mitología es un libro-juego. No te voy a negar que me ayudó. Al fin y al cabo Ghost Trick coincide con mi novela en que es un thriller, donde la realidad y la ficción están mezcladas en una coctelera de juegos, asesinatos y personajes que homenajean al cómic. En el fondo, también Sissel de Ghost Trick es un antihéroe como mi Daniel Rogers. Tiene mucho que ver con aquella estupenda definición que tú misma hiciste: “Mitología de Nueva York es una novela negra en el mismo sentido que El Quijote es un libro de caballerías”.  Pero… ¿por qué me haces ahora estas preguntas, María, si después de tanta gira te sabes ya mis respuestas de memoria?

Vanessa mira de medio lado la consola que sigue sujetando entre sus manos, como si fuera a romperse si la suelta. Por si aún desconfía, hago de María un rato:

P.: Y, después de Asturias y Barcelona, ¿qué otros puntos de España recorreremos para promocionar nuestras novelas? Sabes lo despistada que soy con esto…

R.: Ay, qué cabecita… Tenemos que ir aún a Valladolid y luego empezarán las ferias del libro. (Suspira) Sí, las ferias, qué recuerdos tan idílicos: los autores congestionados bajo una nevada de polen, los 40 grados a la sombra del plástico de las casetas sorbiendo compulsivamente granizados de limón, las señoras que, hartas de hacer cola y al borde de la lipotimia, te piden que les firmes un libro de Antonio Gala… Si no fuera por las charlas con los lectores, que se lo merecen todo…

P.: Y supongo que piensas llevar contigo esa maquinita que te tiene atrapada, ¿no?

R.: ¿Te molesta? Porque si te molesta no tienes más que decirlo. Mira que hasta ahora nos llevábamos bien. Porque había sinceridad entre nosotras. Nosotras, María,recuerda que tenemos una responsabilidad. Somos un ejemplar único de premiadas que se llevan bien. De hecho, me ha llegado que el grupo Anaya quiere hacernos firmar un contrato para ser disecadas y embalsamas junto a nuestros trofeos cuando… en fin, no quiero ser desagradable. Incluso hay una puja entre el Instituto Cervantes que quiere exponernos junto a los testamentos literarios y el Museo Antropológico (no especificaron la sala). Aunque hay una cláusula que me tiene mosqueada… no deja clara la fecha en que pasaremos al taxidermista…

En fin, lo dicho, yo dejo la maquinita en casa si tú dejas el tabaco. Lo sé, ha sido un golpe bajo.

P.: Deberías dejármela un día -intento que me la entregue y borrar todos sus avances, Salem me ha hecho una muy buena oferta si le entrego la DS de Vanessa como rehén-.

R.: ¡¡¡Pero qué haces!!!! Ya te dije que ya es bastante que yo estuviera expuesta a su poder adictivo. Además… te veo rara. Tienes los ojos más claros de lo habitual. ¿Llevas lentillas? No me obligues a recordarte lo peligrosa que es mi misión. Te agradezco que me ayudaras a huir, pero no puedo ponerte en peligro. Además, he de huir por mar. Es la única forma. Ya no hay vuelta atrás. ¿Pero en qué momento se nos ha ido esto de las manos? Ya nada será igual, María. No sé quien dijo aquello de ” es más divertido que El Fugitivo huyendo con tacones de aguja” pero a mí el chiste no me hace maldita la gracia.

No va a ser tan fácil que me la entregue pero, al menos, tengo que intentar sacarle la información que necesito.

P.: Ya que no te veo con ganas, al menos dime: ¿En serio has encontrado similitudes entre el juego y una novela negra?

R.: Claro. De hecho, para el jugador es una aventura apasionante, porque Sissel es un personaje de novela negra a medio hacer. En el fondo te lo dejan en las manos con sólo una expectativa de lo que llegará a ser su investigación y su historia, y tú completarás el resto. Así que, de alguna forma es un extraño género de novela de intriga donde el lector es un lector-escritor. Un meta-thriller. También te genera la misma adicción que una buena trama de intriga porque hay una columna vertebral, y una serie de subtramas que nacen y mueren con el capítulo y cuyas resoluciones van creándote una concatenación de pequeñas e inmediatas satisfacciones. Es una forma de llevar a una estructura de novela-juego lo que hoy en día se cree que es el mismo metabolismo de la felicidad. Que durante esa larga persecución del sueño de tu vida, consigas pequeñas explosiones de felicidad en retos cotidianos y diarios. Es muy gratificante…

P.: De cualquier manera, he oído que el Experimento Azul tiene los días contados, debéis dejar el juego esta misma semana. Yo, Van, me alegro por eso (su faz ha cambiado de cómplice a molesta, quizás pensando que le estoy echando en cara que lleva tiempo metida en el halo azul y ha dejado de lado el resto de cosas), así tendrás tiempo de escribir, eh? Anda, cuéntale a tu amiga qué viene ahora, en qué estás trabajando.

R.: ¿Por qué me recuerdas que tengo que dejarlo? ¿No creerás que no puedo hacerlo? ¿Lo crees? Porque podría dejarlo ahora mismo… Lo cierto es que durante este mes de experimento me he descentrado de otras cosas… Cada vez que me sentaba a escribir, una marea azul invadía la pantalla de mi ordenador y me nublaba la vista. Aunque para mi próximo libro no me ha venido mal del todo. Mi próxima novela es ya una aventura por mar, protagonizado por una heroína mujer. Siete días de travesía hasta llegar a África a bordo de un velero que tendrá que aprender a navegar y sólo acompañada por sus recuerdos. Una aventura por mar, la lucha de la mujer contra una naturaleza que ha decidido revelarse. En el fondo algo totalmente distinto de lo que he escrito hasta ahora: una historia luminosa de superación, amor y esperanza. Estoy disfrutando mucho con ella… 

Y en teatro, estoy escribiendo una obra basada en una historia real. La familia Rosé. Una familia de violinistas judíos que formaron un importante cuarteto en Viena emparentados con Gustav Mahler. La obra se da en 1933, cuando Alemania aún piensa que va a ser gobernada por un demócrata, durante una conversación para escoger el repertorio musical que tocará el cuarteto en el  cumpleaños de Goebbels. A través de esta conversación tan inocua intentaremos fotografiar el primer momento en el que esta tragedia histórica fue por primera vez visible. No me interesa el holocausto, sino qué sucedió antes. Es un teatro de la amenaza en el sentido más pinteriano del término. La dirigirá Marina Bollaín y la música original es de Luis Antonio Muñoz.

María… ¿puedo hacerte ahora una pregunta a ti que quizás te suene un poco extraña? Si me respondes sinceramente, no tienes nada que temer…

¡Madre mía, esta chica qué toma!

He notado cómo sus palabras perdían intensidad y cómo su mirada recorría mi cara y, a veces, observaba mi pelo. Trato de recuperar la tranquilidad que hemos tenido hasta ahora pero no le veo futuro. Tengo que huir.

-Voy al baño un segundo, Van- le digo y escucho mi propia voz, la mía y no la de María.

Entro al aseo, me miro al espejo y decido que, con alas o sin ellas, tengo que salir de allí. Mi pelo ya no es negro, el pintalabios rojo ha desaparecido y mis facciones están volviendo a su lugar original. María se está yendo…

Oigo cómo Vanessa me dice algo al otro lado de la puerta, pero tengo que huir. Lo hago por la ventana y, menos mal que soy pequeña… esta ventana parece hecha contra suicidios.

Concluida Fase 4 del EA

Me merezco un descanso.

Tengo que recargar las alas y debería descansar.

Siento miedo al pensar que Ghost Trick pueda raptar a alguno de los “angelitos”-al final, hasta les tengo cariño…- y la misión siga dentro de la pantalla de la consola Nintendo.

Cruzo los dedos y que sea lo que tenga que ser.

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