Matías Candeira

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Por Trifón Abad

Para el que no le conozca literariamente, adelantaré que Matías Candeira es una de las voces más jóvenes y también más personales del cuento actual. Su narrativa es inteligente y amena, de digestión lenta, de esas que dejan un regusto agradable. Antes de las jirafas’ (Páginas de Espuma, 2011) es su último libro. “Te hacía mayor”, comenta al verme. Este tío me va a caer bien, me digo. Se confiesa agotado de tanta entrevista, y de escucharse repitiendo lo mismo. Ambos tenemos la comida todavía camino del estómago, tomamos un café para digerirla y nos encontramos en el salón de la editorial Páginas de Espuma. Esto nos hace estar en igualdad exacta de condiciones. Si no, que baje Otto Octavius y lo vea. Le apuesto a que nuestra conversación va a ser algo diferente. Acepta divertido.

 

Trifón Abad: Para empezar te voy a poner en un apuro: el de comparar tu anterior libro, La soledad de los ventrílocuos con este Antes de las jirafas.

Matías Candeira: La soledad de los ventrílocuos me costó mucho trabajo y estoy satisfecho con como quedó el resultado. Creo que se defiende sólo. Los temas que trataba, como son el desarraigo, la soledad o el hueco que uno busca artística y socialmente, representan una época concreta de mi vida. Creo que es un buen libro, con varios cuentos potentes. En cuanto a Antes de las jirafas, también se defiende por sí mismo, y tiene una conexión con partes mucho más íntimas de mi realidad. Aunque toca la ciencia ficción, el terror y otros códigos muy codificados, el libro toma distancia irónica, para añadir algo nuevo. Evito ser un copista y pretendo seguir la línea de los narradores que se descojonan de los asesinos en serie, por ponerte un ejemplo.

TA.: Esos códigos que mencionas son evidentes: la serie B, el cómic o el pulp. Aunque tiene algunos rasgos muy marcados, no es estrictamente género…

MC.: No, no lo es, y no quiero dar esa idea. Creo que el género es maravilloso, pero este libro va por otro lado. Es cierto que tiene un pie en la serie B, el terror, el humor negro y que hay chistes sobre la muerte, pero es evidente que hay un trabajo literario muy fuerte detrás y que la retórica cobra mucha importancia. Es un libro que, aunque hablo de historias muy tristes, no deja de ser divertido, que propone: “en vez de tomarnos en serio a todos estos parias desamparados, vamos a mezclar la voz que habla desde el dolor con otras cosas más llevaderas”.

 

TA.: Encontramos en casi todos los cuentos personajes desubicados, que no parecen encontrar su lugar en el mundo, que están desposeídos. Son el blanco perfecto para el tipo de literatura que presentas, ¿así ves tú a los auténticos monstruos?

MC.: Los monstruos son personas, gente que no encuentra su sitio. El libro no apuesta por un modelo común para el ser humano, pretendo todo lo contrario. Quede claro que no defiende que todos tenemos que estar en el centro, todo lo contrario, sugiere es bueno estar al margen aunque duela. Es bueno sentir un poco de desarraigo, es bueno estar desencajado, es bueno no saber lo que uno quiere. Para eso escribimos libros o hacemos películas. Para eso vivimos.

 

TA.: Algunos textos se apoyan en un humor y una ironía ácidos que recrudecen aún más lo terrible. Otros son estrictamente fantásticos, como el estupendo La estirpe amarilla. Pero detrás de todos los cuentos hay algo oscuro y estremecedor…

MC.: Claro, el libro no es sólo de humor. En él hay cuentos que representan un tributo al sentido de la maravilla. Me gustaría que el libro se viera como esa típica revista pulp de los años 50, que alguien se las encontró cuando no se estaba tan mediatizado y lo consideró un descubrimiento. Respecto a La estirpe amarilla, tiene ese toque de los ‘cuentos asombrosos’,  va simplemente de unas personas que le cuentan un secreto a su hijo, pero intenta abordar esa fascinación infantil, de búsqueda historia extraordinaria. Hay un momento del relato en el que puede suceder cualquier cosa, y si he conseguido alcanzar ese momento, me parece realmente un cuento valioso. La idea es no esforzarse tanto en la sorpresa final con truco, sino más bien en una sorpresa dentro del sentido de la maravilla.

 

TA.. Es el cuento que más me ha gustado, y esa frase que contiene “(..) las voces son trozos de algo (…)” me parece que podría resumir el libro.

MC.: Pues sí, decir “trozos de una criatura viva” quizá quedaría demasiado pulp. Yo diría que es como un magma, no cada cuento, sino el conjunto. De hecho es un libro en el que no tengo preferencias claras por un relato u otro, ha sido concebido como un conjunto y me interesan las resonancias que pueda lograr como tal.

 

TA.: Hay un halo audiovisual en algunos cuentos del libro, imagino que es legado de tu formación…

MC.: Estoy de acuerdo. Pero aunque este libro tenga un pie en referentes que tienen que ver con el cine, es más literario, yo creo que el cine y la literatura son dos cosas muy diferentes. Tuve un maestro que me decía que era poco preciso a la hora de describir, y he trabajado para corregir el vicio de una prosa que se vuelva evocadora en lugar de hacerse visual. A mí cada vez me gusta más la literatura exacta, y hay que buscar un equilibrio entre lo evocador y lo exacto para lograr esa visibilidad. Es algo que se logra en el cine.

 

TA.: El conglomerado léxico aporta una unidad densa y muy lograda al conjunto. Trabajas mucho el ambiente poético y la adjetivación de los textos, y encontramos abundantes metáforas inteligentes –Matías me interrumpe–…

MC.: Antes era excesivo con las metáforas e imágenes. De hecho en el primer libro se nota, y me gusta el efecto que logra, pero este era otra cosa y requería otra escritura. He buscado una literatura muy exacta, y también festiva, porque tiene juegos metatextuales, narradores que disfrutan contando las historias sin tomárselas con demasiada solemnidad… Hay un descreimiento que me parece sano, y he creído que riéndose de lo solemne de la literatura canónica se puede hacer un libro divertido y serio a la vez, sin aceptar que todos tenemos que ser normales, sanos, curiosos y buenas personas.

 

TA.: …–y sigo–, ¿esta labor léxica te sale sobre la marcha o las correcciones te sirven para esculpir más el resultado?

MC.: En las correcciones he armado bastante, no sólo en el plano léxico sino incluso el orden de algunos cuentos después de escritos. También me sirven para conectar con hilos internos las historias. Sé que son difíciles de hallar. Por ejemplo en el final de un cuento hay un barco que se hunde ante los ojos del personaje, y en otra historia se dice en un momento dado que “la gente está muy asustada porque hay un petrolero hundiéndose y los marineros que hay dentro están jugando al póquer y han ordenado que se les deje en paz y no se les rescate”. Este tipo de conexiones las ha trabajado mucho durante el proceso de corrección.

 

TA.: ¿Y sobre la localización? Esa insistencia en Baltimore, por ejemplo.

MC.: Baltimore me hace gracia porque suena muy rimbombante –­pronuncia Baltimore con un acento americanizado–.

 

TA.: La serie The wire transcurre en Baltimore y Jimmy –título de uno de los cuentos de Antes de las jirafas–, es el nombre del protagonista –no puede aguantarse la risa–.

MC.: Sí, ambas referencias son un guiño a The wire. Es que me hacen mucha gracia. Baltimore me sirve como un gag recurrente en el libro. En A sangre fría, que me parece fabuloso, hay un montón de nombres de ciudades y costumbres norteamericanas que vistas desde aquí quedan lejanísimas, y como no soy norteamericano, escribir un libro como si lo fuera sería algo muy falso. Aprovechando el tono humorístico del libro, la repetición de Baltimore encajaba bien. Es evidente que es un libro muy anglófilo, los referentes son propios de esa cultura. Como he dicho antes quiere homenajear a las revistas pulp y como en España no me consta que las haya…

 

TA.: En algunos cuentos como ¿Qué tal cariño? o Noche de bodas aparecen hombres abandonados, quizá es una de las situaciones de mayor desesperación ante las que se puede encontrar un ser humano, caldo de cultivo ideal para temas oscuros e irracionales…

MC.: Sí, a mí me sienta muy mal cuando me dejan. Es una putada pero se aprende un montón de esos momentos de uno mismo, tanto cosas buenas como malas. ¿Qué tal cariño? me gusta especialmente porque nace de un sueño, me levanté y lo escribí. Y Noche de bodas es un guiño a la literatura negra de detectives, de maridos engañados, amantes, carreteras interminables y maleteros.

TA.: Son la mayoría cuentos de personaje, y no tanto de trama, ¿te interesa más esa perspectiva?

MC.: Hombre, sería incierto decir que no me interesa la trama. Me interesa hasta cierto punto. Pero cada vez me gusta más el cuento como artefacto, no como respuesta a unos conocimientos sobre narratología. Soy de los que creen que si un texto funciona, funciona tenga dos puntos de giro, uno o ninguno. Y si no tiene ninguno y funciona, pues mejor.

 

TA.: Actualmente trabajas en un libro de tendencia más realista. Sorprende que cambies con el estupendo trabajo que haces en este registro. ¿Lo haces por necesidad?

MC.: Pues creo que es por necesidad, porque al haber estado tanto tiempo en esta línea quieres probar otras cosas. El realismo que escribo tiene grietas internas, es decir, el ambiente es realista pero con fogonazos y escenas dentro de lo irracional que trastocan ese enfoque inicial de normalidad. El punto de extrañeza me parece fundamental para enrarecer la realidad, y que la literatura deje brotar la diferencia por esas grietas.

 

TA.: Disfrutas de una formación literaria específica, primero a través de talleres literarios y ahora en una beca de la Fundación Antonio Gala, ¿cómo te está influyendo esta experiencia?

MC.: La beca es estupenda porque te da lo más importante: tiempo. Pero a la vez te da también un problema: cómo gestionar ese tiempo. Si cada día puedes dedicar las horas que te apetezca a escribir y a leer, puedes caer en dejarlo. En la fundación comparto espacio con pintores, escultores y escritores, y permite una interacción entre artistas. Hay un rollo fantástico. El proyecto que presenté es un libro de relatos, pero al final aprovecharé el tiempo para acabar una novela corta en la que estoy trabajando.

 

TA.: Háblame un poco de esa novela…

MC.: En principio va a ser un texto de unas cien páginas. Me encanta esa medida de novela corta, como lo que hace Mario Bellatin o César Aira. Quizá es un formato poco comercial, porque no llega a las ciento cincuenta páginas de la novela estándar, pero no me gusta hinchar mucho la historia. Me gustan los caprichos, y este proyecto lo es. Espero que salga una cosa muy “pintona”, que digo yo. Es una novela fantástica con toques de humor, que como Antes de las jirafas se sirve de de otros códigos para enlazar una trama, no muy extensa, pero que me parece interesante.

 

TA.: Imagina que en el metro un personaje tuyo echa un vistazo al e-book que lleva la hermosa chica de al lado y descubre que está leyendo Antes de las jirafas sin que haya salido al mercado en ese formato. Casualmente lleva un juego de cuchillos en la mochila porque va a llevarlos a casa de la chica que acaba de dejarle… ¿Cómo actuaría?

–Matías se ríe un rato, y sé que a la vez está pensando una buena respuesta–

MC.: Pues primero se la ligaría y después la ataría. Le haría una serie de preguntas, si se ha leído el libro bien la dejaría con vida, pero si se lo ha leído mal… trincharía el pavo.

 

TA.: Por último, voy a aprovechar la generosidad que ofrece hacer la entrevista en persona. Dime qué te sugieren estos términos, sin persarlo demasiado.


* Verosimilitud:
rotura

* De Lorean: amor

* Cormoranes: isla misteriosa

* The wire: Baltimore

* Palahniuk: humor negro

* Normas: fuera

* Primera frase: hola, soy un monstruo, ¿puedo pasar?

* Peter Parker: muerte

* Punto final: principio

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Una respuesta a Matías Candeira

  1. Da gusto encontrarse con entrevistas así, con preguntas y respuestas cuidadas y bien pensadas. Con solo leerla me han dado ganas de tener el libro en mis manos. Enhorabuena, sí señor

    Yolanda
    13 febrero 2011 at 20:46 pm

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