Dos miradas sobre ‘127 horas’ (II): El hombre y la roca

Por Víctor E. Blanco.

 

James Franco interpreta en 127 hours a Aron Ralston, un intrépido montañero norteamericano que en el año 2003, durante una escalada, en Utah, sufrió una caída y una roca le dejó 127 horas inmovilizado. Una película dirigida por Danny Boyle, basada en hechos reales, en la que Franco está terrible en la piel de Aron Ralston, en una interpretación que relanzará su carrera.

 

Dos años atrás, en el 2008, Danny Boyle le birló injustamente a David Fincher (The curious case of Benjamin Button) el Oscar a la mejor dirección por Slumdog Millionaire, una película correcta y curiosa, pero victimista y rutinaria, que Boyle filmó sin apenas arriesgar el cuello.

 

Muchos éramos los que pensábamos que este premio no haría más que acomodar a Danny Boyle en su afán por seguir trabajando con un material previsible y simple. Sin embargo, el estreno de 127 hours revela un peldaño superior de realización en la carrera del director de Trainspotting. ¿Cómo se puede llenar de adrenalina una película cuyo protagonista queda inmovilizado en el primer cuarto de hora del film?

 

La respuesta no es ni mucho menos sencilla, pero sorprendentemente Boyle asume el mayor reto cinematográfico de su carrera con una dirección imaginativa, estimulante, ágil y con nervio, bien influenciada por grandes cineastas del siglo XXI, desde David Fincher a Michel Gondry. Con cinco minutos finales liberadores, en un crescendo musical por cortesía de la banda islandesa Sigur Rós. Y así firma su película más arriesgada e impactante.

 

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