La bibicleta estática, de Sergi Pàmies

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Por Robert Sendra

 

La bicicleta estática. Sergi Pàmies. Anagrama. 128 pp. 12€

La sensación agridulce de pedalear en una bicicleta estática y de sentir a la vez el pequeño triunfo del sudor y la derrota de no ir a ninguna parte y estar enclavado siempre en el mismo sitio es el poso que dejan los 19 cuentos cortos, a veces meros destellos llenos de fuerza literaria, que componen La bicicleta estática (Anagrama), de Sergi Pàmies, escritor, periodista y traductor catalán nacido en París en 1960. La traducción al castellano de esta obra que ya empezó a llamar la atención el año pasado en catalán es como una caja de bombones tan pequeños como intensos, inesperados y diferentes los unos de los otros. Los relatos diseccionan con un bisturí de ironía y creatividad momentos, sentimientos y procesos vitales de categoría universal en solo unas líneas, y demuestran la enorme capacidad del autor para desmenuzar la vida, con sus alegrías y sus desengaños, sirviéndose de recortes autobiográficos y de mucha imaginación.

Una de las reminiscencias autobiográficas más explícitas es la del cuento ‘Cuatro noches’, en el que el protagonista cuenta como sus padres, exiliados políticos, lo engendraron una noche de primavera en el París de 1959 después de ver la película Le notti di Cabiria, de Federico Felini. El nacimiento, la infancia, la relación con los hijos y con la pareja o las exparejas, las lecturas, la muerte de los padres… La bicicleta estática merodea con una linterna de nostalgia alrededor de todos aquellos aspectos de la vida que cualquiera podría escribir en su diario personal, y para ello se vale de un buen arsenal de herramientas creativas, precisas y estimulantes. Entrar en un cuerpo humano, por ejemplo, o convertir al lector en un personaje más que es invitado a pasearse entre el resto de personajes y a fijarse en todo aquello que un escritor plasmaría en un hoja de papel; extirparse en una operación médica los sentimientos negativos, o contar una relación a través de una corbata o del cordón de los zapatos, son solo algunos de los ejemplos de experimentación narrativa con los que Pàmies se atreve para contar exactamente lo que quería. Es precisamente a través del surrealismo de las metáforas que logra llegar a la esencia de las cosas.

La habilidad del narrador recuerda a la magia del soplador de vidrios o a la facilidad con la que un payaso convierte un globo en una figura que se eleva hacia las nubes. Buena muestra de este ingenio es la primera frase del primer cuento del libro (“he quedado conmigo mismo dentro de dos horas”) que empuja nada más empezar a dos horas de lectura.

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