Galliano, el punk y los sinuosos caminos del mal

Por Recaredo Veredas.

I

Los años determinarán, con su habitual despotismo, si la borrachera que causó la ascensión de John Galliano al estrellato global resultó o no rentable para el homenajeado. De momento el saldo parece negativo pero los supervivientes suelen poseer capacidad para utilizar, a la manera de los mejores karatecas, los golpes adversos de la fortuna. Pero me estoy adelantando. Vayamos a los hechos:

El creador inglés John Galliano, diseñador jefe de Christian Dior y de la marca que lleva su nombre, fue grabado expresando su admiración, a grito pelado, por Adolf Hitler y su matanza sistemática de ciudadanos de raza judía. Dicha grabación, y su pertinacia en el antisemitismo, han merecido su inmediata expulsión de Chez Dior. Cuando pronunció tales exabruptos el Sr. Galliano estaba muy ebrio.

La expulsión de John Galliano ha provocado el interés del mundo literario hispano. Durante las últimas semanas algunos de los mejores columnistas de los periódicos de referencia han expresado, mediante distintas calidades y registros, su solidaridad con el diseñador. Utilizan los siguientes argumentos:

1.- La mezcla de  tecnología y el puritanismo ha provocado que una simple boutade de borracho se convierta en un escándalo planetario.

2.- Los vivas a Hitler son deleznables pero también lo es que no se pueda bromear sobre las consecuencias del régimen político que gobernó los destinos de Alemania desde 1933 hasta 1945.

Por supuesto, no sea que alguien dude de su virilidad, todos manifiestan que Galliano les parece un fantoche y reivindican su total desconocimiento del mundo de la moda y de su periferia.

II

El manifiesto desconocimiento que, sobre la categoría profesional del Sr. Galliano, muestran los aludidos columnistas (con las excepciones de Cárdenas y Oloixarac )  imposibilita un juicio adecuado sobre los hechos. El Sr. Galliano no era un simple borracho al que unos malvados intolerantes arruinaron la vida. Tampoco una momia cincuentona, empeñada en exhibir su extravagancia por las recoletas calles del Marais. Era, y a buen seguro volverá a ser en breve, un alto directivo que ha pisado cientos de mandíbulas para ascender a su dorado pedestal*.

El Sr. Galliano posee, por lo tanto, una combinación de talento creativo y dotes empresariales muy poco frecuente. Lo dicho no pretende alabarle. Simplemente resitúa su posición dentro de la jungla: no es un borracho desbordado por la cercanía de la decrepitud física, por la pérdida de un amante o por el consumo compulsivo de alcohol. Es un halcón que, como tal, vive rodeado de alimañas que codician su puesto. La trama que ha rodeado a su cese posee un carácter laboral y es tan legítima o ilegítima, tan moral o inmoral como cientos de decisiones que se toman cada día en consejos de administración de todo el mundo. El Sr. Galliano parece haber jugado fuerte a lo largo de su exitosa vida profesional. Resulta lógico, dentro de la lógica perturbada del sistema que a todos nos acoge, que, con cincuenta años cumplidos, lobos más jóvenes, desbordantes de ambición, decidan cortarle el cuello.

III

Durante sus años jóvenes John Galliano respiraba punk cada mañana. Londres ardía, como predicaba Joe Strummer, y jóvenes vestidos con harapos llamaban al apocalipsis entre gritos. Muchos, como Siouxie o Sid Vicious, portaban esvásticas. No reivindicaban con ello al régimen nazi sino la simple y elemental destrucción por la destrucción. El grito que nuestro protagonista lanza en París no nace en las cloacas hitlerianas, sino en la llamada a la desolación de sus ancestros británicos. Pero no solo Bowie y los punks han tonteado con el nazismo. El coqueteo es una práctica muy habitual en nuestros desesperanzados días, y lo practican tanto por las masas como por las élites intelectuales. Por ejemplo, contabilizar el número de novelas protagonizadas por Hitler y sus secuaces o el número de ensayos o pseudoensayos que analizan las causas del nazismo y sus vinculaciones con los Templarios  es más difícil que censar a toda la población china. El mal absoluto que supone A.H. hipnotiza a cualquier lector más o menos agobiado por su vida. Su nihilismo radical ofrece una salida contundente a cualquier problema, sea la hipoteca o la hiperactividad de un adolescente malcriado. Como antes he indicado, el nazismo es también frecuentado por la élite intelectual de todo el mundo. Aporta una patina de glamour y atrevimiento muy apreciada.

IV

El nazismo del Siglo XXI no reside en anacrónicas vivas a Hitler. La reivindicación implacable e inapelable de los derechos del más fuerte adopta itinerarios más sofisticados. Un ejemplo claro son estas palabras de Lady Gaga, una de las ideólogas de nuestros tiempos: Algunas mujeres eligen perseguir a los hombres y otras eligen perseguir sus sueños. Si no sabes qué camino tomar, recuerda que tu carrera nunca te despertará de la cama para decirte que ya no te quiere.

El éxito es el único objetivo posible en la sociedad postmoderna. El éxito salvaje, sin paliativos ni descanso. Una búsqueda infinita que solo termina cuando, como le ocurrió a Galliano, tu sucesor te decapita.

*Christian Dior facturó en 2010 más de veinte mil millones de euros. Es la marca que definió la elegancia de la postguerra, una multinacional diversificada en cosmética, perfumería y todo tipo de accesorios, cuya D aserifada extiende sus tentáculos por los centros urbanos más adinerados de nuestro planeta.

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