Ya no te necesito, de Arthur Miller

Por Robert Sendra

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Ya no te necesito. Arthur Miller. Tusquets editores. 293pp. 16 euros

El archiconocido dramaturgo estadounidense Arthur Miller (1915-2005) escribía en 1966, en el prólogo del volumen Ya no te necesito, las diferencias que encontraba entre dos formas de contar historias tan distintas como el teatro y el relato corto. El autor de obras ideadas para los escenarios como La muerte de un viajante (1949) o Las Brujas de Salem (1953) aseguraba amar el teatro, a los directores y a los actores, pero aclaraba de inmediato que era el cuento el formato que lo acercaba más al público al poder robar a cada lector desprevenido unos minutos en cualquier instante de su vida cotidiana. “Uno puede atrapar con mayor rapidez lo maravilloso por sorpresa”, afirmaba. Además, Miller se mostraba admirado del poder que le daba la narrativa corta para detener el tiempo y poder así diseccionar los pensamientos de sus personajes, al contrario que en el teatro, que le exigía condensar los acontecimientos. Acercarse al público, estar atento a sus reacciones, jugar con ellas y observar desde todos los ángulos posibles a sus personajes es lo que logró hacer Arthur Miller en los nueve cuentos que componen Ya no te necesito, una colección inédita en España.

Escritas entre 1951 y 1966, las historias de Ya no te necesito se distancian de la crítica social tan característica de Miller y optan por una inmersión psicológica. Los cuentos presentan un buen arsenal de personajes bien construidos y muy complejos, como si se hubieran extraviado de una novela de muchas más páginas. Como buen dramaturgo, Arthur Miller construye en cada cuento una buena trama y un escenario sugerente que tan pronto se llena de polvo en un western como se enfila a lo alto de un pueblo italiano o en un astillero de Nueva York en plena Segunda Guerra Mundial. La escenografía gigantesca y seductora, sin embargo, no le roba ni un pizca de relevancia a los personajes, sino que les abre el espacio para que puedan volar. Miller los presenta como introduciría a unos conocidos suyos, empezando por la superficie. Así, el lector tiene la sensación de ir deshojando las capas de una cebolla hasta llegar a esa pequeña pieza que no encaja en la vida de sus nuevos conocidos. Y es entonces cuando empieza a descubrir que los personajes del elenco de Miller tienen algo muy difuso en común: carencias vitales, una especie de tristeza o de tensión latente que se van revelando palabra tras palabra.

A lo largo de casi 200 páginas, pues, Miller invita a conocer a un niño que tiene prisa por crecer y a la vez siente un miedo terrible a quedarse solo; un actor que, después de toda una vida sobre el escenario y de comprobar la omnipresencia de la interpretación, valora la sinceridad de su viejo padre; una mujer convencional y encorsetada que se encuentra de frente con su infelicidad en una cena casual, etc. Otro de los alicientes de la recopilación es el cuento original de Los inadaptados, que más tarde se convertiría en la película Vidas Rebeldes, la última producción que protagonizarían Marilyn Monroe y Clark Gable antes de su muerte.

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