Nietzsche y la utopía del superhombre

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Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

No hay conversación que sea inocente. Pero algunas son más significativas que otras, ya que en ellas el futuro se anuncia. Pero lo mejor de todo, lo mágico, es que sus interlocutores nunca lo sabrán. Lo que se dijo llegará y lo más posible es que ni lo recuerden. Aquí va un ejemplo que se recoge en la obra que hoy reseñamos:

-Si yo tuviera poder, sentiría en mí la fuerza necesaria para cambiar todos los Estados de Europa; pero sólo tengo tres mil marcos de pensión, […] y un editor perezoso; si tengo suerte, un día me puedo morir de hambre. Preferiría suicidarme antes que pedir dinero. Hágame un pronóstico honrado de cómo, a su juicio, voy a terminar.

-Si usted sigue así, terminará loco –aseguró Lanzky.

-Si yo me volviera loco, me adelantaría al destino y me mataría.

Lanzky, ese alumno efímero, acertó en su predicción. Por su parte, Nietzsche, no pudo adelantarse a su destino. Pero, ¿cómo un amante de la tragedia griega pudo llegar pensar que era posible tal cosa? El destino nos arrasa aunque lo veamos venir. Esta es la mayor enseñanza que nos regalaron los griegos. Pero no empecemos por el final. Antes de que llegara la locura hubo un Nietzsche lúcido, terriblemente lúcido, que es el que más nos debería de interesar. Porque sería demasiado fácil despachar el pensamiento nietzscheano diciendo que es la obra de un demente. Pero no sólo sería fácil sino que también sería falso y, esto es lo peor, perverso. ¿Cuántos autores se han agarrado a este clavo ardiendo? Demasiados, especialmente intelectuales cristianos, y lo peor, es que con ellos se ha cumplido aquella maldición que dice que una mentira repetida se convierte en una verdad. Afortunadamente, aparecen obras como esta biografía para romper el embrujo y devolver a Nietzsche su justo lugar. Una biografía que destaca por los conocimientos de su autor y por el método de trabajo que en ella se manifiesta: seguir el rastro de la vida de Nietzsche a través de sus obras y, aquí está la clave, de su correspondencia. Una correspondencia que guarda en sí la capacidad de revelar quién era Nietzsche y qué es lo que buscaba. Pero además de los conocimientos filosóficos que el autor demuestra, y del atino con la manera de hacer esta biografía, destacamos lo bien que escribe y, aquí es donde se juega todo, lo bien que narra. Y es que una biografía no es un conglomerado de información ordenada gracias a una lista interminable de fechas, no, debe ser una historia bien contada, es decir, hecha para ser leída y, sobre todo, disfrutada al tener el privilegio de revivir lo que un día ya se vivió. Por ello, se debe conservar la combinación de intensidades que en toda vida se pone en juego, y eso, es tan complejo de recrear como necesario, y, sin duda, Manuel Penella lo consigue con éxito. Pero los aciertos no terminan aquí, ya que Penella se atreve a abordar el pensamiento de Nietzsche sin eludir ningún tema, por muy comprometido que éste sea, y además, lo hace con una sinceridad que invita a opinar y a participar. No nos da conclusiones, nos ofrece el camino que lleva a ellas y deja la meta libre para que cada cual la rellene con lo que crea más ajustado. Y esto, por lo menos a mí me lo parece, es un gesto de honestidad intelectual poco frecuente y un elemento necesario para que el contenido no se dé cerrado, sino que queda abierto instando al lector a complementarlo según su criterio. La información se le ha dado y él debe “cocinarla”. Y es que no asistimos a una clase magistral sino a una conversación sobre Nietzsche. Pero, ¿cuál es ese tema “comprometido” con el que Penella se atreve? la cuestión del superhombre. Sin acusar ni justificar al padre de Así habló Zaratustra, se expone la propuesta bien iluminada y sin maquillaje. Sí, Nietzsche habla del superhombre como un individuo capaz de lo más brillante y de los más oscuro, y para que nadie se lleve a equívocos, pone dos ejemplos históricos bien claros: Napoleón y César Borgia. Dos personajes que, a su parecer, han dado la lección más sublime de lo que el hombre puede llegar a hacer cuando escucha y alimenta a esa fuerza que lo recorre: la voluntad de poder. Basta de endulzar esta propuesta. De discursos light. Nietzsche dice lo que dice y por eso mismo es él y no otro pensador. Pero mejor que echemos el freno para no destripar una de las partes mejores de la biografía que tenemos entre manos. Una obra que es más que recomendable, ya que a mi parecer es imprescindible para cualquiera que desee ocuparse del pensamiento de Nietzsche y entender su raíz, esto es, su vida.


Datos de la obra:

Nietzche y la utopía del superhombre.

Manuel Penella.

Editorial Península (2011)

462pgs. 26.92 euros.

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3 respuestas a Nietzsche y la utopía del superhombre

  1. Un empujón motivador en forma de reseña.

    almorro
    6 abril 2011 at 14:23 pm

  2. Eso sí, Nietzsche hubiese estrangulado verbalmente a aquel que calificase al superhombre de “utopía”…

    Óscar S.
    6 abril 2011 at 18:48 pm

  3. Nietzsche no se volvió loco, Nietzsche sufría de sifilis, una enfermedad que una prostituta le contagió cuando solo tenía 21 años…. eso fue lo que finalmente provocó un tumor en su cerebro

    Ana Ruiz
    13 mayo 2017 at 11:22 am

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