“Notas sobre Oriente”, Arthur Schopenhauer

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Alianza Editorial publica Notas sobre Oriente, libro de muy reciente edición (2011, 224 pp., 8,50 €) en el que no sólo se presentan traducciones que ya podíamos localizar en otros refritos de aforismos de Schopenhauer, sino que -para nuestra sorpresa- esta nueva obra recoge fragmentos hasta ahora inéditos, que resultarán muy interesantes para los lectores que no puedan acercarse a la obra del filósofo en su idioma original. El volumen está acompañado de una jugosa digresión de Giovanni Gurisatti (encargado de la propia edición que nos presenta Alianza), que lleva por título “Schopenhauer y la India”: allí daréis con un estudio de unas cuarenta páginas donde se pone de manifiesto la enigmática relación del filósofo con la cultura oriental, a la que estuvo definitivamente unido desde su primer contacto con ella.

En definitiva, una buena oportunidad para esclarecer la conexión personal y filosófica que Schopenhauer estableció entre él, Buda y Oriente, desentrañando las razones por las que el pensador alemán mantenía la superioridad de la cultura oriental sobre la occidental. La obra está acompañada de un aparato de citas muy útil que permite dar fácilmente con las citas traducidas en el original alemán; también alberga un índice de las obras que Schopenhauer contenía sobre Hinduismo en su biblioteca particular.

Os dejamos una pequeña muestra para que comencéis a disfrutarlo en Culturamas:

«Si, mediante la conversión de la voluntad, de la palenginesia, se anula el egoísmo, cesa entonces la ansiosa participación en la propia persona y, con ello, el referir todo conocimiento a un punto arbitrario; se suprime, por tanto, el círculo con su centro: es decir, el yo cesa de existir y sólo permanece el mundo objetivo; continuamos aún percibiendo las cosas y sus relaciones entre sí, pero cesamos de referirlas todas a nosotros; el conocimiento no posee un centro, no hay ya ahí ningún egoísmo ni eo ipso ni tampoco ningún yo: solamente aparece de vez en cuando una pálida sombra del mismo en tanto que el cuerpo continúa persistiendo en el tiempo. Así pues, mediante la anulación del agoísmo no sólo cesamos de aferrarnos a la vida y de vigilarla de forma ansiosa, no, cesamos propiamente de existir: nos desprendemos del fardo de la existencia o, lo que es lo mismo, del yo; el conocimiento permanece todavía ahí, pero sin centro, sin forma circular; esto es, el mundo exterior está ahí, pero sin un yo».

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