Gafas, Rayos X, Beethoven y algún que otro amor

Por Jesús Labandeira.

Foto: James Ellroy.

James Ellroy, autor de La Dalia Negra o L.A. Confidencial reaparece para confesarse en A la caza de la mujer

Escribo historias para consolarla a Ella como fantasma

James Ellroy.

A los 9 años su madre le regala un traje nuevo para ir a la iglesia.

A los 9 años le pide a su padre que le regale unas gafas de Rayos X para aliviar sus deseos de voyeaur.

A los 9 años su niñera le chupa la polla.

A esa edad se cuela en el armario de su madre para oler su ropa interior, sus uniformes de enfermera.

Le birla a su padre los prismáticos para espiar a la vecina.

Su madre le arropa.

Su madre le regala libros: la Biblia.

Su padre le regala las gafas Rayos X pero las destroza. No le sirven para ver a las chicas desnudas.

También lee, cavila, mira, acecha, merodea y fantasea…

A finales de los 50, las noticias de la TV le asustan. Un día cualquiera su padre le lleva a ver Plunder Road. Pasea por Holliwood Road. La película le parece un espanto.

Su madre también le lleva al cine, en su caso, a ver un melodrama. Fuego escondido.

Sus padres se separan y no precisamente por sus gustos cinematográficos.

Su madre le pregunta:

–         ¿Prefieres vivir conmigo o con tu padre?

–         Con papá.

Ella le da un bofetón, él la llama borracha y puta y desea verla muerta. Tres meses después es asesinada. La culpa, la obsesión, los fantasmas azotan la mente de James Ellroy (1948- ¿) y da comienzo la búsqueda de Ella, de Ellas, de su Diosa.

Cumple años.

Alos 14 regala flores a las mujeres. A cambio, recibe notas que dicen: que te jodan, gracias

Roba revistas Playboy y libros eróticos y fotos de una colonia nudista.

Le excluyen del servicio militar por motivos psicológicos.

Beethoven se coloca e n la cabecera de su cama.

Alivia su dolor con la escritura.

Y más…mucho más. Las confesiones de James Ellroy en A la caza de la mujer (Mondadori) transcurren desde su infancia hasta su última novela, y son aniquiladoras, cada palabra que utiliza parece quemarle, cada recuerdo que nos regala es revelador.

Imaginé que preparaba un brebaje para borrar la memoria.

James Ellroy, a los 9 años.

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