Menchu Gutiérrez: “Caminar tranquilo por las páginas de un libro sin sobresaltos no suele encerrar experiencias profundas”

Categoría: Entrevistas a autores,Novela | y tagged con | | |

 
Por Robert Sendra.

 

La novelista y poeta madrileña Menchu Gutiérrez ha recuperado para la editorial Siruela su primera novela, Basenji (1994), y la ha rescatado con un relato más reciente que narra las sensaciones de una persona antes de abandonar un lugar tan mágico como el faro en el que ha vivido muchos años. La propia escritora pasó 20 años en uno de estos edificios legendarios que recorren la costa. El resultado de todo ello es El faro por dentro (Siruela), que ilumina con ráfagas de luz la vida y la muerte, el sueño y la realidad, la fantasía y la ciencia.

 

 

P: Los dos relatos que componen el volumen están íntimamente relacionados y, sin embargo, escribió El faro por dentro muchos años más tarde que Basenji. ¿Qué había pasado entre una historia y la otra?

R: Basenji es una novela que tiene al faro por escenario. La escribí pocos años después de que yo misma llegara a un faro para vivir. El faro produce hechizos muy poderosos y creo que el libro obedecía a la necesidad de conjurar el más difícil de todos, en el que el espacio toma posesión de ti. Muchos años más tarde, a punto de abandonarlo, surge la idea de escribir El faro por dentro. Igual que dicen que el que va a morir ve su vida pasar ante sí, condensada, en una suerte de barrido esencial; los veinte años de vida en el faro iluminan su interior, vuelven las voces, nuevas y antiguas, vienen incluso voces del futuro. Lo más importante para mí, desde el punto de vista creativo, es que con las voces, vuelve Basenji, y El faro por dentro inicia un diálogo con el primer libro, convirtiéndose simultáneamente en prólogo y epílogo de éste.

 

P: ¿ Considera ‘El faro por dentro’, en el que relata el último día viviendo en un faro, una historia autobiográfica?

R: En el libro no se cuentan hechos de mi vida, no hay datos autobiográficos, es una fantasía; sin embargo, he utilizado mi propia emoción para escribir. El libro tiene algo de homenaje a todos los faros, a una luz única que los representa a todos; y tiene también algo de canto elegíaco, en el cual necesariamente está mi propia voz.

 

P: El faro aparece dibujado a la vez como un nido de seguridad, como un organismo vivo que funciona solo y como un lugar inhabitable, opresor y agobiante. ¿Qué representa para usted este edifico?

R: El faro es ambas cosas; el diálogo de las luces y las sombras que proyecta hacia el exterior, se produce también en el interior de la casa. El faro es un espacio fundamentalmente arquetípico, y lo es por concentrar un gran caudal de fuerza magnética. Esa doble vida del faro, la diurna y la nocturna, invierte sus polos en la del farero, que duerme cuando el faro está despierto, y que durante la vigilia habita el interior de un edificio que duerme. Todas las miradas se dirigen también hacia una torre que en la noche se transforma en el campanario de una iglesia y parece la luz de un sagrario, una oración que marca límites a la oscuridad.

 

P: También describe algunas de las tareas que conlleva vivir en un faro, como controlar el agua de las baterías o el nivel de visibilidad exterior, actividades que quizás vivió en primera persona. ¿Marca mucho vivir en un faro?

R: Yo he vivido en un faro pero no he desempeñado las tareas propias de un farero, excepto muy ocasionalmente, en forma de colaboración. Aún así, como he dicho, el faro concentra un gran magnetismo y marca profundamente: no es fácil vivir en el interior de un templo. Por otro lado, abandonarlo supuso un reajuste absoluto con el espacio. Antes tenía todo el horizonte delante de mí; ahora, igual que otros tienen rascacielos, delante de mi casa se levanta una montaña. El faro, que tiene algo de atalaya, es un mirador privilegiado, la escala real de la naturaleza resulta más accesible, y aunque siempre haya una escala que supere a la que puedes abrazar con la vista, te ayuda a intuirla, a entender y aceptar tu condición de huésped.

 

P: ¿Considera que Basenji es una novela inquietante?

R: Supongo que sí lo es. Todo libro que se mueve en una frontera entre la vigilia y el sueño, entre la vida y la muerte; las páginas en las que se camina sobre agua o suelo poco firme generan inquietud inevitablemente. Para mí, en cualquier caso, es una condición necesaria para que un libro despierte algo nuevo, y es casi sinónimo de lectura. Sospecho que el caminar tranquilo por las páginas de un libro en el que no hay sobresaltos no suele encerrar experiencias profundas. Para encontrar es necesario perderse antes.

 

P: ¿Qué simbolizan los dos extraños personajes principales de la novela, el torturado protagonista y el impasible perro Basenji?

R: Nunca me ha gustado desvelar el significado de los símbolos. Prefiero que sigan resonando con sus múltiples facetas. Siempre que explicas, acotas y dejas fuera otros muchos significados que también están vivos de forma latente. Sólo puedo comentar que el protagonista realiza un viaje iniciático sin moverse del faro, y que Basenji es un testigo mudo, capaz de existir en dos mundos a la vez: el de los vivos y el de los muertos.

 

P: En Basenji cobra importancia uno de los temas recurrentes en su obra, como es la muerte. ¿Qué le atrae de ella?

R: Creo que si la muerte no estuviera ahí, no se escribiría nada; ni siquiera los cuentos de hadas se entienden sin la muerte. No la conocemos, no podemos explicarla y nos revelamos contra esa imposibilidad. Por eso volvemos una y otra vez sobre ella, multiplicamos las metáforas, nos sentimos imantados hacia el negro, hacia la luz que extrañamente parece encerrada en su interior.

 

P: Además, los relatos mezclan la realidad y el sueño; la ciencia y la mitología más fantástica. ¿Qué simboliza este binomio?

R: El sueño forma parte de la realidad, deja un poso en la vigilia y, aunque quizá no resulte tan evidente, también modela nuestra percepción del mundo. Creo que en la literatura ese rastro resulta muy claro y que muchos libros fantásticos no se hubieran podido escribir sin el alimento del sueño. No es preciso utilizar el mismo material del sueño, lo importante es que el sueño te lleva a otra dimensión que también es posible transitar con las palabras. Igual que la poesía, la ciencia no deja de ser otra forma de explorar el mundo; siempre me ha interesado muchísimo y he entendido que son lenguajes complementarios.

 

P: Pese al formato de novela, ¿qué importancia cree que tiene la lírica en los dos relatos?

R: En ambos libros, la estructura es poética. Quiero decir que no están concebidos según reglas de lógica narrativa, y que sus coordenadas son fundamentalmente poéticas. La poesía es como la sonda que lanzamos al fondo del mar, y esa sonda no es propiedad exclusiva del poema.

 

P: Se detecta en su obra un gran esfuerzo por encontrar palabras exactas y metáforas muy visuales para describir el entorno de un forma condensada. ¿Cree que siempre quedan palabras para lograr nuevas imágenes literarias?

R: Yo elegí primero la pintura y acudí a las palabras para llegar donde no podía hacerlo con ese lenguaje. Las imágenes no se detienen, las metáforas tampoco. Cuando todo parece dicho sobre la luz, la sinestesia produce una nueva combinación que hace de la percepción de la luz una experiencia renovada, única.

 

Related Posts with Thumbnails

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.