Fleet Foxes – Helplessness Blues

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Por Javier Franco.

Pocos grupos han provocado tantas alabanzas por parte de la crítica musical en los últimos años. Considerado por muchos como el sonido de nuestro tiempo, Fleet Foxes ha conseguido recoger lo mejor del pasado y traérnoslo en una propuesta fresca, que avanza con cada escucha. Deudores del folk de los sesenta, los de Seattle mezclan referentes tan aparentemente dispares como Fairport Convention, los Beach Boys, Crosby, Stills, Nash & Young, Cat Stevens y hasta los Yes más acústicos. Canciones respetuosas con la tradición folk, en las que las armonías vocales y los instrumentos de cuerda se acoplan en un río de sensaciones del que es imposible escapar.

Ya dieron en el clavo con su anterior trabajo, un debut de nombre homónimo en el que los arreglos pastorales y pop convertían una propuesta aparentemente revivalista en un disco exquisito, preparado para los que aprecian el folk de altos vuelos. Ahora repiten con Helplessness Blues, una reválida en la que Fleet Foxes continúan con su fórmula vibrante, elaborada, precisa.

Lo cierto es que el listón estaba lo suficientemente alto como para que la sombra del hype (a saber, el efecto de los propios medios de comunicación a la hora de inflar el valor de una novedad) amenazara a los norteamericanos. Sin embargo, pasado el examen, no queda más que felicitar a la banda por una segunda entrega, que parece colmar las expectativas creadas. Ciertamente el efecto sorpresa se ha disipado, pero nadie podrá decir que Helplessness Blues no sea un disco redondo, perfectamente construido sobre las mismas coordenadas que guiaban a Fleet Foxes. Empezando por la voz de Robin Pecknold, que en esta ocasión toma el protagonismo, aunque sin tapar por ello las armonías vocales a lo Beach Boys ‘marca de la casa’.

Y aunque alguno pueda ver una perdida de frescura en este segundo trabajo, escuchando temas como el que da nombre al álbum o “Lorelai”, resulta imposible no reconocer esa sensibilidad pop que ya explotaron en “White Winter Hymnal” o “Mikonos”, por poner un par de ejemplos. Sin embargo, es cierto que los de Seattle han decidido escorar su propuesta hacia terrenos más oscuros y progresivos, dejando a un lado su versión más directa y cercana. Los seis minutos de “The Plains/Bitter Dancer” o los ocho de “The Shrine/An Argument” dan buena de ello. Incluso la escapada instrumental de “The Cascades” muestran esa manera barroca, conscientemente elaborada, de hacer las cosas que tienen los chicos de Fleet Foxes.

No es que este nuevo disco varíe el folk colorista de los norteamericanos, pero si que lo coloca ante una situación de no retorno. Alzados como la enésima promesa del indie-folk, tienen los de Seattle la difícil papeleta de demostrar que son capaces de ser algo más que unos fieles destiladores de la tradición folk. Quizás este Helplessness Blues abone el terreno para futuras entregas, aunque no deja de ser deudor de su álbum debut y del EP que lo antecedió, Sun Giant. Cierto es que la delicadeza y belleza de estos dos bien merecían su continuación (si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?), sin embargo, en una escena musical en la que las novedades se suceden a cada instante, Fleet Foxes corren el riesgo de convertirse en un artefacto de coleccionista, en una de esas vasijas viejas que uno expone en su salón pero que rara vez uno se fija en ellas.

Aunque pensándolo mejor. Quizás en ello radique la belleza del sonido de la banda de Seattle, empeñada en seguir demostrando que todavía es posible hacer una música elaborada, exquisita, hecha con las manos y la voz, sin perder por ello el espíritu de una buena canción pop. Música para perdurar en los oídos.

Escucha Helplessness Blues en Spotify

 

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