En defensa de la reina. Deep Cuts 1973-1976

Por Miguel Andúgar. @Mandugar

Con Queen caben todos los tópicos: es un grupo profundamente amado y odiado, para algunos es gusto de freaks y para otros uno de los más importantes hitos en la historia del pop del siglo XX. La más querida excusa gafapasta para no disfrutar de su música es su encaje perfecto con la maquinaria del show business de los 80 sin coartada artie o intelectual. Queen se convirtió en una máquina de hacer mucho dinero, cosa que, para algunos, les apartaba de una visión poderosa e innovadora del pop-rock. Pero claro, eso será porque no han oído Flash, banda sonora de la película homónima y un terrible dolor de cabeza para algún ejecutivo de discográfica, publicado precisamente en el momento de su éxito masivo.

 

Especialmente tras la trágica muerte de Freddie Mercury, la carrera del grupo se centró en publicar recopilatorio tras recopilatorio, además de un fallido nuevo disco,  The Cosmos Rocks, que daba alas a los más críticos con el grupo. Sin embargo, y acompañando a las reediciones remasterizadas de todos sus discos, ha aparecido una forma de darle una vuelta a la tortilla y seguir explotando la gallina de los huevos de oro, esta vez de una forma muy diferente. De nuevo un recopilatorio, pero esta vez olvidando sus grandes éxitos, y centrándose en un puñado de canciones excelentes, disfrutadas por los fans durante décadas e ignoradas por el público masivo, sólo interesado en bandas sonoras para copas de Europa. Cada uno de los tres que se publicarán está elegido por Brian May y Roger Taylor acompañado de una figura del pop o el rock de nuestros días. En la selección del primer volumen, Deep Cuts 1973-1976, ha colaborado Tylor Hawkins de los Foo Fighters, y la cosa ha salido bien.

 

En la compilación quedan bien reflejados los tres primeros años de las andanzas del grupo: su barroquismo apocalíptico, su imaginería hortera de mundos fantasiosos al estilo Señor de los Anillos, y una energía pocas veces superada. Se pasan en todo: en las letras, en las guitarras, en el virtuosismo técnico y vocal… Quien piense que el grupo miraba al negocio y solo al negocio es que no conoce este puñado de canciones. Desde la poderosa y apocalíptica “Ogre Battle” hasta la preciosa “In the lap of the gods… revisited”, que pertenece a su mejor disco, Sheer Heart Attack, nos encontramos con maravillas, destacando especialmente dos canciones cantadas por el “tapado” del grupo, Roger Taylor, cuya voz de carácter más rockero se atreve con una canción de amor al motor y la grasa “I’m in love with my car” y con un topicazo sobre la escuela de la calle, por otra parte muy bien construída: “Tenement Funster”. También en el camino tenemos los primeros intentos arqueológicos en clave de humor (“Good Company”) o las baladas potencialmente cursis marca de la casa (“Lilly of the valley”).

 

Todo esto envuelto en un inteligente diseño al estilo de los bootlegs de la época que choca con los preciosistas diseños habituales en el grupo. Puede que May y Taylor perdiesen el rumbo hace ya muchos años, pero sus radiofórmulas de los últimos años pueden ser perdonadas disfrutando de estos excesos que se instituyen en referencia inconfesable de unos cuantos grupos que solo nombran a los Beach Boys o a los Beatles cuando se les pregunta por sus raíces musicales.

 

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