World Press Photo ’11 en Madrid

Por Julie Delabarre

 

 

 

La exposición de los premiados de la edición 2011 del World Press Photo, muestra itinerante que circula entre más de 45 países  ya ha llegado a Madrid, en el Centro Cultural Moncloa, hasta el 26 de junio.

 

Las 150 fotografías de 53 fotógrafos de varios países que componen la muestra de uno de los premios de fotoperiodismo más famosos y prestigiosos del mundo retratan los acontecimientos destacados del año 2010. Una selección ecléctica dividida en nueve categorías con el propósito de presentar al público el fotoperiodismo en toda su variedad y en todo su abanico de funciones.

 

Este año sin embargo, al conocer la esperada selección, se desencadenó una considerable polémica respecto a la línea fotográfica del certamen: demasiada violenta, desagradable, casi repetitiva. Verla en Madrid nos permite considerar de nuestros propios ojos estas elecciones y ver si realmente, para ciertos trabajos, una fotografía vale más que mil palabras.

 

 

Andrew McConnell ©

 

 

 

Riesgo.

En las categorías principales, no podían faltar el retrato hecho por Sean Murphy del fundador de Wikileaks, Julian Assange, cuya cara está tapada por el visor de una cámara, y que simboliza a la perfección la caza de brujas a la que está sometido. Él de Kim Jong-il  y de su hijo, pillados por Vincent Yu en uno de estos escasos momentos en los que olvida la rígida postura oficial. El ángulo de la fotografía, donde sólo aparecen las dos cabezas, devuelve la humanidad a un ser que se cree un Dios, ridiculizando en una sola fotografía el mito que se ha construido.

 

Las segundas categorías “historias” de las secciones principales albergan temas cotidianos, sin llegar a ser nunca superficiales o anecdóticos, como las impresionantes fotografías de mujeres practicando la lucha libre en Bolivia de Daniele Tamagni, las ferias rurales irlandesas y su importancia social retratadas por Kenneth O’ Halloran o el curioso cotidiano de un equipo de ciclistas durante el tour de Eritrea (noreste de África) por Chris Keulen. Las innovaciones fotográficas y la tecnología también están representadas, con “a series of unfortunates events” (una serie de eventos desafortunados) de Michael Wolf y sus imágenes sacadas del Google Street View.

 

Jodi Bieber consiguió el primer premio, con el retrato de la afgana Bibi Aisha desfigurada con ácido. Una fotografía que ha dado la vuelta al mundo por ser la polémica portada del TIME en julio de 2010. Pese a que numerosos otros fotógrafos hayan retratado de manera tan magistral la trágica situación de las mujeres afganas (pensamos, entre otros, a Emilio Morenatti), el World Press Photo apostó por la fotografía del año y toda la polémica que la acompaña. Pero al final, no será el impactante retrato de Bieber que me hace dudar de ciertas elecciones del certamen y de sus finalidades.

 

 

 

Una carrera al sensacionalismo.

Nadie negara la necesidad de “choques” útiles de realidad, de una visión obligatoriamente fuerte y violenta, tal como es el mundo y el respeto que nos inspiran los periodistas y fotógrafos en zonas de alto riesgo y/o de conflictos. Pero, ¿hasta qué punto realmente podemos considerar que tantas fotografías que casi nos obligan a desviar la mirada cumplen con su función informativa?

 

Obviamente, no se podía hacer un repaso de la actualidad del año 2010 sin omitir el devastador terremoto de Haití, sin duda uno de los desastres más fotografiados de la historia.  De una parte, la serie del haitiano Daniel Morel enfoca más sobre el rescate de las victimas y las reacciones inmediatas, como el magnifico retrato realizado por Riccardo Venturi. Dos trabajos donde predomina la incertidumbre del futuro, la destrucción  y una gran sensación de angustia. Una dosis de realidad cruda que multiplica el efecto deseado, a la imagen de las fotografías de la americana Sarah Elliott: un reportaje construido de manera brillante sobre el aborto clandestino en Kenya, entre detalles de la precariedad de las infraestructuras, del día a día y las imágenes fuertes de las pacientes. Reportajes que nos dejan con una sensación de desconcierto, pero no nos obligan a mirar para el otro lado. Todo lo contrario.

Kenneth O'Halloran ©

 

En cambio, la cantidad de cadáveres presente de forma casi estilizada en las fotografías del francés Olivier Laban-Mattei (la famosa fotografía del médico tirando un niño muerto sobre una pila de cadáveres de otros niños), la cremación de monjes tibetanos retratada por Guang Niu o la cabeza decapitada en el suelo de un hombre victima de los narcos cerca de Ciudad Juárez  son  imágenes tan fuertes que la reacción de muchos de los espectadores fue de disgusto y sobre todo,  huir de este tipo de imágenes.

 

No cuestiono la necesidad de que existen estas imágenes. Retratan el mundo en el que vivimos. Cuestiono la real eficiencia que tienen sobre el público tal como están presentadas en este certamen, la manera de construir secuencias informativas, de preguntarse, por lo menos, como llegar a sensibilizar el público, llegar a que quiera saber más sobre lo ocurre. Porque éste es el papel del fotoperiodismo: comunicar, retratar una realidad de forma coherente con este propósito, informar.

 

Uno deja el centro cultural Moncloa con la impresión de que uno de los criterios principales de ciertos reportajes ha sido la polémica, lo sensacional, acumulando muerte y violencia sin coherencia a la hora de pensar al valor informativo o educativo. Sin hablar de una peligrosa desensibilización. También, ¿qué decir sobre lo que nos refleja respecto al sufrimiento humano? Es extremo, lejano, no nos toca. Obviamente hay situaciones que no se comparan, pero el World Press Photo 2011 nos manda un mensaje con un solo tipo de sufrimiento, omitiendo lo que ocurre de forma menos espectacular, más silenciosa pero igual de cruel.

 

Si muchos trabajos de la edición 2011 del World Press Photo son de gran valor fotográfico e informativo, esta mayoría morbosa tiene por lo menos el mérito de despertar una reflexión. ¿Dónde va el fotoperiodismo y su otra cara visible, los premios? ¿Qué intenciones tiene un jurado representando una de las fundaciones más prestigiosas del fotoperiodismo dando tanto espacio a lo sensacional? ¿Cómo ciertos fotógrafos construyen su trabajo, cómo lo conciben, dada la orientación que están tomando últimamente los premios de fotoperiodismo?

 

Una anécdota de este año refleja muy bien la época que están viviendo la formas periodísticas de fotografía: la fotografía del cadáver de Fabienne Cherisma,  por Paul Hansen en Haití fue premiada como fotografía de prensa del año en su país, Suecia. Sin cuestionar la calidad de la fotografía, lo que sí se cuestionó fue cierta ética fotoperiodística cuando el fotógrafo Nathan Weber dio a conocer esta fotografía.

 

Además de estas preguntas, acabaré con la más importante. ¿Cómo acabaremos, como público y nuestra percepción del mundo y de la información,  con las consecuencias de tal carrera a lo sensacional?

 

 

 

World Press Photo 2011.

Del 2 al 26 de junio. Junta Municipal de Moncloa. Plaza de la Moncloa, 1. 28008 Madrid.


 

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