Elisabet Riera: “Darle voz al capitán Roig me ha permitido encontrar la voz de la escritura”

 

Por Robert Sendra.

 

Detrás de toda aventura ficticia que llene las páginas de una novela, suele encontrarse otra aventura, a menudo implícita, que es la que ha pasado su autor durante el proceso de escritura. Buena cuenta de ello da la periodista catalana Elisabet Riera, colaboradora de diversos medios escritos, que en su novela ‘La línea del desierto’ (RBA) ha despegado por vez primera hacia el terreno de la ficción basada en hechos reales. Para poder contar el relato de cómo en 1923 un militar olvidado por la historia, el capitán Joseph Roig, logró implantar en el desierto del Sahara una línea aérea que iba desde Casablanca hasta Dakar, Riera tuvo que vivir su propia aventura a través de la documentación, los viajes y los entresijos del oficio de la escritura.

 

P: Cuenta la narradora de ‘La línea del desierto’ que lo que le atrapó de la historia del capitán Roig fue un apellido, una misión y un desierto. ¿Fue también lo que le atrapó a usted?


R: La narradora es mi alter ego, es como soy yo con pocos retoques y, por supuesto, me atrapó especialmente la historia. La descubrí por casualidad buscando información sobre otro tema y no la pude dejar; me quedé atrapada y comencé a investigar más y más. El apellido me llamó la atención porque, en medio de esta historia tan exótica, encontré a un hombre que se llamaba Roig, algo que me resultaba muy familiar, ya que mi apellido es Riera. Además, era un apellido desconocido dentro del mundo de la épica aérea. A mí me habían gustado mucho los libros de aventuras y me extrañaba no haber oído hablar sobre este hombre dentro de una línea aérea que sí que era famosa porque habían pasado por ella personajes como Saint-Exupéry, Jean Mermoz… El último ingrediente es el del desierto, que es un paisaje que me fascina. Si toda esta historia hubiera ocurrido en otro contexto, no sé si me hubiera llegado a enganchar.

 

P: ¿Es quizás la indomabilidad o el carácter enigmático del desierto lo que nos atrae de él?


R: Yo creo que es el vacío. El vacío tiene una cosa muy cruda, que es que no hay manera de escaparte de él, estás ahí con lo que tienes y lo que eres; pero, además, tiene muchas posibilidades, porque al no haber nada, es posible hacerlo todo. Esto tiene mucho que ver con la creación y la página en blanco que obliga a comenzar a escribir a partir de la nada. Puede que esto explique el porqué de mi atracción por el desierto.

 

P: Su obra enlaza con la literatura de aventuras. ¿Qué momento cree que vive este género?

 

R: No creo que sea un género que esté de moda. Aventuras como las de ‘La línea del desierto’ resultan casi imposibles hoy en día, porque actualmente todos conocemos nuestro planeta y la ciencia ha llegado a todas partes. Quizás, la única posibilidad de aventura que nos queda es la de la investigación, la información y la escritura. Sin ir más lejos, al escribir este libro yo misma he estado en contacto con la esencia de la aventura: la búsqueda, la sorpresa. Mi aventura ha transcurrido en paralelo a la de la narradora. Además, lo que aún pervive del género de aventuras es la heroicidad. Creo que es un error pensar que este género tiene un papel secundario, porque las aventuras siempre han querido contar otras cosas. En ‘La línea del desierto’, por ejemplo, descubrí que siguiendo una aventura, al final llegaba a un conflicto aún sin resolver como es el del Sahara.

 

P: El libro cuenta en paralelo la aventura del capitán Roig y la de su investigación.

 

R: Si me quedaba solo con la trama de la Misión Roig, convertía la novela en un libro clásico de aventuras de otro tiempo. Al sumarle la línea de investigación del presente, trato de actualizar un poco el género y de contextualizarlo. No sé si tendría mucho interés leer la historia de las aventuras de este hombre en los años 20. A través del prisma de hoy, conociendo las consecuencias que ha tenido y llegando hasta el presente, tiene otra lectura.

 

P: El libro aborda el conflicto del Sahara, el colonialismo, el régimen español bajo la monarquía de Alfonso XIII…

 

R: Hay una denuncia de la responsabilidad que tenemos en el problema del Sahara. En este sentido, el libro hace referencia a la primera desaparición de un hombre por la causa saharaui, la de Basiri, que ocurrió bajo el régimen español y nadie se ha responsabilizado por saber qué pasó. Tampoco ha habido ninguna implicación a nivel político para intentar solucionar este tema.

 

P: ¿Qué beneficios le ha ofrecido la ficción para abordar realidades tan candentes como la del Sahara?

 

R: La ficción me ha permitido canalizar y escenificar los hechos para transmitirlos de una forma más directa y viva que en un artículo periodístico o en un ensayo. Introducir la ficción te acerca más a las motivaciones, lo que te permite entender mejor el porqué de las cosas. Aparte de esto, me dejé llevar un poco por la historia, y si al principio estaba afrontando una novela de aventuras, al investigar descubrí otras ramificaciones, así que equilibré el peso entre la ficción y la realidad. La parte de periodista y la de novelista han trabajado cuerpo a cuerpo para ver qué dosis aportaba cada una.

 

P: ¿En qué ha consistido su trabajo como periodista en el libro?

 

R: He tenido muchísimo trabajo de investigación y documentación. He conocido a la mayoría de personajes del libro que la narradora se encuentra o investiga, aunque en la novela están ficcionalizados. Seguí la pista del capitán Roig hasta que encontré sus memorias, y ese hallazgo fue muy importante para poder avanzar la novela. Hice muchas lecturas de épica aérea, desde Exupéry hasta Kessel y Mermoz, y tuve que documentarme mucho a nivel histórico para hablar con conocimiento de causa sobre el contexto histórico de aquella época colonial.

 

P: ¿Cree que el periodismo tendría que aprender de las novelas y prestar más tiempo a la documentación?

 

R: Trabajamos a ritmos distintos. De hecho, desde que yo encontré la historia hasta que la he visto publicada han pasado siete años; siete años dejando que la historia se fuera cociendo dentro de mi cabeza. Evidentemente, en el periodismo no tienes ese tiempo, pero creo que valdría la pena que los medios habituales concedieran más espacio a la investigación periodística. De ese modo, se podrían explicar los hechos con una profundidad mucho mayor. Quizás por el poco peso de la investigación en los medios de comunicación, están en auge géneros como la novela de no ficción, que es algo parecido a lo que he hecho en La línea del desierto. Se trata de utilizar la técnica de la narrativa, que incluye tramas y personajes, para explicar mejor la verdad.

 

P: En la novela recupera la historia de un personaje poco conocido. ¿Se trata de un asunto de justicia histórica?

 

R: No diría tanto como justicia histórica; más bien es justicia sentimental. El capitán Roig fue un personaje que quedó relegado a la sombra. Era distinto a los demás, porque no escribió ni fue un héroe intrépido, pero hizo algo muy difícil para su tiempo: se enfrentó al desierto, al océano, a zonas deshabitadas por completo, y montó una línea aérea con medios precarios. Además, él defendió sus principios por encima de los intereses empresariales de la compañía aérea. Aunque no creo que fuera un personaje de trascendencia histórica, considero que vale la pena recuperar los pequeños personajes que hicieron posible la historia grande.

 

P: ¿Tiene previsto recuperar a algún otro personaje parecido?

 

R: La verdad es que sí. Estoy trabajando en el siguiente libro que, lejos del género de aventuras, habla de un personaje real a la sombra de otro personaje muy conocido. Ya que hablamos de sombras, en el principio de ‘La línea del desierto’, puse una cita de Joseph Conrad que me gusta mucho. Es de un libro no demasiado conocido, ‘La línea de sombra’, que relata el viaje del primer barco que comandó cuando era joven. Para él, aquél fue un viaje iniciático, de transformación. Así pues, la línea de sombra es la línea de la transformación: la de pasar de la juventud a la edad adulta, de la irresponsabilidad a la responsabilidad, de la inacción a la acción. A la narradora de mi libro también le pasan todas estas cosas. Cuando te hundes un poco en la sombra, quizás vuelves a salir distinta. Es en la sombra donde pueden descubrirse cosas; a pleno sol no se puede llegar a la misma profundidad.

 

P: ¿Cree que le ha sucedido algo parecido en estos siete años?

 

R: Imagínate. En siete años pasan muchas cosas en la vida, y para mí ha sido una etapa de dejar muchas cosas atrás. Lo que prácticamente más se ha mantenido ha sido mi interés por esta historia. Al final del libro cuento que gracias a darle voz al capitán Roig, a quien habían dejado mudo, yo he encontrado una voz para mí, que es la escritura. Éste ha sido mi proceso personal en el libro.

 

P: ¿Valora entonces positivamente su incursión en la ficción?

 

R: Ha sido muy dura y trabajosa. Ha sido algo peleado y con mucho sufrimiento, primero porque era mi primer cuerpo a cuerpo con la ficción y a veces me ha dejado knockout, y segundo porque ha habido momentos en los que la ficción me crecía desmesuradamente. Al no tener claro desde el principio hacia dónde iba el libro, he trabajado tres veces más, pero al final se ha impuesto la historia del capitán Roig. He pagado un peaje por ser el primer libro; espero que en el segundo no me ocurra.

 

P: ¿Está siendo más fácil esta segunda experiencia?

 

R: Sí. Con la escritura siempre te peleas, siempre llegas a puntos que chirrían, pero he aprendido a decidir mucho antes las cuestiones sobre narrador, tiempo y ficción o realidad. Una vez sé dónde quiero llegar y qué tipo de libro quiero, estoy mucho más tranquila.

 

P: Así pues, ‘La línea del desierto’ fue su propio viaje iniciático.


R: Sí, fue un gran aprendizaje, francamente divertido en muchas ocasiones. Me enamoré de la historia y, como en un enamoramiento de verdad, mantuve con ella una relación de amor y de sufrimiento. Creo que el segundo libro será menos turbulento. En ‘La línea del desierto’, lo que para mí resultó más importante fueron la trama, las voces, el pasado y el presente, la documentación… Ahora quiero profundizar más en la buena escritura y el cuidado por el lenguaje y el detalle.

 

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