“La muerte no huele a nada”, de Javier Martínez Madrid

 

La muerte no huele a nada.

 

Después de enterarse a través de Internet del fallecimiento de su ex pareja a causa del sida, el protagonista de esta novela empieza una lucha interior entre el dolor por la  muerte, el miedo ante la posibilidad de ser portador del virus y el odio por no haber sido avisado de ello por el propio Jonás. Víctima, verdugo o, tal vez, solo inocente.

 

De forma paralela, el lector se sumerge en la relación de pareja vivida por ambos, marcada por el sexo, las dudas, las mentiras y la obsesiva búsqueda de los propios sentimientos, desde su comienzo en un  chat de Internet hasta su final con catorce corazones verdes debajo de las uñas.

 

Javier Martínez Madrid relata esta historia estructurada en escenas cortas de elevada carga emocional, en la que los personajes no son más que meros instrumentos para reflexionar en profundidad sobre dos temas universales como el amor y la muerte, y todos los sentimientos que despiertan.
Javier Martínez Madrid (Linares, Jaén, 1981) es periodista y bloguero. Instalado en Madrid desde 2005, ha trabajado en diferentes agencias y medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales. La muerte no huele a nada es su primera novela.

 

 

Te dejamos las primeras páginas para que empieces a disfrutar de la novela en Culturamas:

 

1
Jonás es el tercero de la lista. Su nombre permanece quieto en la pantalla del ordenador entre una señora de 75 años y un hombre de 47. Un coche abollado lo trajo a mi cabeza esta mañana después de algo más de un año sin saber de él. Algo más de un año sin saber de alguien es mucho tiempo. Demasiado. Sobre todo, si es alguien a quien quieres. O a quien querías. O, al menos, alguien con quien abollaste puertas de coches por Madrid. Por eso lo hice. Por eso metí su nombre en Google al llegar a la oficina. Por eso hice clic con el ratón en el enlace de un periódico local de Tenerife. Por eso, ahora, no puedo apartar la vista de la pantalla.

—¿Estás bien? —pregunta Marta desde su mesa.

Ella pregunta y yo no respondo. Me quedo en silencio leyendo el nombre de Jonás una y otra vez, mientras clavo las uñas en el ratón. Esquelas del día 1 de abril de 2008. Y Jonás, desde hace dos semanas, es el tercero de la lista.

 

2
Busco un culo en el Barrio de Salamanca, escribo en mayúsculas en la pantalla general del chat, al tiempo que escucho el ruido del somier de Carmela.

Sin otro plan mejor, cada noche, asisto en primera fila al concierto de muelles y gemidos de mi compañera de piso y su novio sardo. Como quien tiene un abono de la ópera, no me pierdo ni una de las funciones que cada noche ofrecen ante un público exclusivo. Tumbado en mi cama aguanto el espectáculo como puedo. Tengo la cabeza sobre dos almohadas y el portátil sobre mi barriga. Estoy caliente. Mucho. Mientras Carmela y el italiano se esmeran, aporreo con fuerza las teclas del ordenador intentando hacerles la competencia. Esta noche soy Activo_Centro y me paseo por el chat en busca de un tenor con el que montar mi propia compañía artística. Compañía. Eso me falta. Compañía y sexo.

—En cuanto llegues a Madrid te echarás un novio.
Cinco meses llevo aquí.
—Ya lo verás. Que tú vales mucho.

Y los presagios de mis viejos amigos, con la misma credibilidad que la voz de una vidente del 906, siguen sin cumplirse. Un novio, decían, mientras yo enseñaba mis dientes con una sonrisa forzada. Como si fuera fácil conseguir uno. Y menos aún en Madrid, donde con un simple cruce de miradas tienes a un tío restregando su mano en tu bragueta. No es necesario dar números de teléfono, ni decir cómo te llamas. Basta con bajarte lo pantalones y tenerla bien tiesa el rato que dura la función. Después, aplausos y se baja el telón sin demasiadas opciones de volver a salir al escenario. Aprieto el botón de la manzanita al mismo tiempo que la V. Busco un culo en el Barrio de Salamanca aparece de nuevo en la pantalla del chat. Ya no se escucha ruido desde el dormitorio de Carmela. Ahora él la estará abrazando. Es lo que tiene el amor, que te abrazan después de echarte un polvo. Busco un abrazo en el Barrio de Salamanca. Me pregunto si alguien me diría algo si gritara eso en el chat. Debería
haber chats donde la gente buscara abrazos y también los ofreciera. Follar es fácil, que te abracen no. Si patento la idea, seguro que me hago rico y ya no tendría que compartir piso con Carmela, ni escuchar sus abrazos cargados de silencio. Pero hasta que eso llegue, tendré que conformarme con cualquier culo del Barrio de Salamanca.

 

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