¿Para qué pensar?

Por Ignacio González Barbero

Habitamos en un mundo lleno de respuestas. Explicaciones y justificaciones para todo lo que se da, todo lo que se ha dado e, incluso, lo que se dará. La abrumadora cantidad de información a nuestra disposición por Internet, que solventa aparentemente cualquier duda en apenas unos instantes, y los medios de comunicación, el cuarto poder, que reproducen las palabras “siempre” razonables de las autoridades, giran en torno a nosotros presionándonos con una constancia cada vez más evidente.

La posibilidad del cuestionamiento y la espontaneidad es cada vez más limitada. Nuestra capacidad crítica, caracterizada por poner en tela de juicio lo impuesto, está ahogándose en un mar infinito de documentos que no da opción al comienzo autónomo del conocimiento, a un pensar lo real por uno mismo y desde uno mismo. Evidentemente, estos recursos son de gran ayuda, mas no deben ser el origen único de nuestro pensar, porque esta labor, fundamental para reconocernos como seres libres, es algo que hacemos en nuestra relación directa con el mundo, que ha de ser inalienable.

Así, condición de posibilidad de toda libertad es ejercer nuestro raciocinio de manera autónoma. Sin embargo, nos vemos sometidos a una doma educativa continua. Estamos rodeados, como afirmo, de ideas, datos, filosofías de baratillo, sabidurías y doctrinas que nos dicen quienes somos y qué es el mundo. Razones y razones por todas partes; todo está bien explicado o es explicable, luego ¿para qué pensar?

Y yo me planteo: ¿para qué no pensar?¿A quién beneficia este hecho? A toda estructura de poder, sea política o económica, que trate con la masa poblacional. Cualquier decisión tomada será tan bien presentada y justificada que no podremos más que aceptarla como tal o, a pesar de no compartirla, entender como imposible cambiar su sentido.

Así, estamos sumidos en una dinámica que esclaviza nuestra reflexión a una tendencia única que no da sitio relevante a voces discordantes. Cualquier intento de pensar cada vez es más difícil y arriesgado, a pesar de que siempre se decore la realidad con palabras, ahora vacías de referente, como “tolerancia” o “democracia”. La meditación crítica relevante es una especie en peligro de extinción, ya que su hábitat está siendo reducido a mero escombro inútil.

Ante este entorno hostil, no hay más salida que comenzar a pensar de nuevo, criando en cautividad los fundamentos con el suficiente mimo y esmero para que den unos frutos provechosos, de los que se obtengan libertad e incidencia en este mundo humano nuestro. Hemos de garantizar la supervivencia del pensar comprometido. ¿Cómo obtener este resultado? Volviendo la mirada sobre la curiosidad innata e inocente del niño que acaba de comenzar a hablar. No hay mayor acto revolucionario que una pregunta bien formulada y en esta es experto, paradójicamente, cualquier infante. Su reiterativa alusión a los “por qué” y los “cómo” es una muestra de descontento e inconformidad con lo que se le impone. Es el crítico más profundo, porque no le vale cualquier respuesta. Antes de que empiece su educación académica, donde será inevitablemente adocenado, cada palabra o cuestión expresada por él será un dardo a los animales racionales que le rodean.

Hemos de partir de esta entrega a lo real para saber ver las cosas sin intermediarios, sin teorías o doctrinas muy bien “hechas”. Así, reconoceremos esta esclavitud cognitiva a la que estamos sometidos y comprenderemos qué significa pensar. Siendo realistas, esta labor, que se realiza a través de la curiosidad y la pregunta,  no hará que nazcan nuevas flores en los prados, pero sí, y esto es lo más importante, esbozará una nueva manera de ser humano, que propone superar la servidumbre a sus “mayores”– las autoridades y la ilimitada información- y escudriñar el entorno con la incisiva virulencia de la mirada de un niño.

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2 respuestas a ¿Para qué pensar?

  1. No me gusta la expresión “masa poblacional”, sin duda muy técnica, porque da la sensación de partir de la premisa de que la población es, necesariamente una masa.

    Angel
    10 julio 2011 at 12:27 pm

  2. Hola, Angel.
    Primero, gracias por comentar y disculpa mi retraso en responderte.
    Mi intención al utilizar “masa poblacional” era exponer que toda estructura de poder trata con las personas que habitan en sus “dominios” como si fueran una “masa informe y homogénea”, ya que así son más manejables, y no como seres humanos con una dignidad que respetar y cuidar.
    Entiendo que se preste a confusión, ya que creo que no he expresado con claridad esta idea. De todas formas, aquí la dejo para aclarar.
    Un saludo.

    Ignacio González Barbero
    20 julio 2011 at 12:25 pm

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