Editorialmente hablando: Hiperión.

Por Juan Carlos Vicente

 

En 1799 Fiedrich Hölderlin acabó de escribir su novela Hiperión. Casi dos siglos después apareció en España publicada por primera vez dicha novela, en concreto en 1976, siendo esta el inicio de la aventura editorial ideada por Jesús Muñárriz (editor, traductor y poeta, entre otras muchas más cosas relacionadas con el arte y la palabra), una aventura que buscaba dar a la poesía un respetable lugar entre las letras españolas.

En su línea editorial cabe destacar su cuidada selección de poesía, en la que destacan autores como Celan, Rilke o el propio Jesús Muñárriz, pero también hay espacio para la narrativa, el ensayo o disciplinas artísticas como la música y la fotografía. Autores como, Joseph Conrad o Kate Chopin lo atestiguan.

Un caso aparte es su colección Ajonjolí, creada exclusivamente para niños “de todas las edades”, toda una iniciativa en un mundo en el que la poesía parecía ser territorio exclusivo del adulto. En ella se han publicado obras de autores de renombre como Ángela Figuera Aymerich, Carlos Murciano, Ángel García López, Juan Bonilla, Fernando Aramburu o Enrique Cordero.

Hiperión siempre ha promovido la literatura en general y la poesía en particular, a través de varios y conocidos concursos (Premio Hiperión, Premio Jaén de Poesía, Premio Internacional Antonio Machado en Baeza, Premio Ciudad de Córdoba Ricardo Molina, Premio Alfóns el Magnànim- Valencia de poesía en castellano, Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, Premio Internacional Claudio Rodríguez, Premio de poesía joven Antonio Carvajal, Premio de poesía para niños El Príncipe Preguntón) que son, a día de hoy, de los más prestigiosos dentro del panorama editorial. En el año 2004 el Ministerio de Cultura les otorgó el Premio Nacional a la mejor labor cultural en reconocimiento a su trayectoria
profesional.

Treinta años después de su creación, Hiperión sigue buscando, quizás porque como dijo Friedrich “El lenguaje es el bien más preciso y a la vez más peligroso que se ha dado al hombre”, y es necesario mantenerse en movimiento para encontrar la belleza y la palabra, el verso, la poesía como arte vivo.

-En 1976 nace Hiperión, son unos años aún de transición política y de cambio social, ¿la creación de la editorial nace como respuesta a alguna carencia en el mercado literario de la época o por el contrario nace de la necesidad de promover la poesía como algo que le apasiona? ¿Por qué la poesía como leit motiv editorial, a priori parece mucho menos rentable que la prosa?

—a: Los asuntos del mercado nunca me han interesado más que lo estrictamente imprescindible. Ediciones Hiperión nace por una decidida vocación literaria y, fundamentalmente, poética.
b: No es que parezca, es que lo es.

-Siempre se ha hablado de lo complicado que es ganarse la vida tanto escribiendo como editando, las dificultades y la necesidad de invertir en algo que nunca se tiene la garantía de que vaya a ser rentable. ¿Cómo fueron los comienzos?

—Difíciles, claro, pero los editores nuevos, tras el franquismo, éramos pocos y había mucho vacío que ocupar. Justo al revés que ahora. Tuvimos suerte con la elección de algunos de los primeros títulos: en la colección de prosa, precisamente el Hiperión de Hölderlin, y en la de poesía, las Poesías completas de Cavafis, dos libros que treinta años después se siguen reeditando.

-La figura del editor muchas veces ha sido desvirtuada y ensalzada a partes iguales, algunos incluso han sido incluso tan conocidos como sus autores, pongamos el caso de Gordon Lish, editor de Raymond Carver. ¿Qué tipo de relación se establece entre un escritor y un editor? ¿Realmente el editor corrige, o cambia, o solo es uno de los muchos mitos de la literatura?

—Hay autores a los que no hay que tocarles ni una coma; otros, a los que se puede y se debe hacer sugerencias, que no siempre aceptan; finalmente, los que tendrían que reescribir sus libros. A estos últimos, lo mejor es no publicarlos.

-¿Cómo se afronta en Hiperión la recepción de manuscritos? ¿Hay una lectura única o hay una criba bajo un criterio establecido?

—Hay un criterio de lector y otro de editor, que no siempre coinciden. Después de tantos años, se conocen bastante bien las reacciones de los lectores, pero siempre hay sorpresas y equivocaciones.

-¿Hay algún autor que, por decirlo de algún modo, se le haya escapado y no hayan podido publicar?

—Los autores son infieles por naturaleza. Si sus libros tienen éxito, otros editores más poderosos económicamente van a por ellos y no les suele resultar difícil convencerlos con fichajes tentadores. Como los futbolistas, vamos. Así que algunos se nos han escapado. O sea, que la economía se acaba imponiendo. Algo escribió Marx sobre esto.

-Con el auge de las nuevas tecnologías y los nuevos formatos de lectura, parece que hay que replantearse la literatura como producto, ¿cuál puede ser ese nuevo enfoque que se pide sobre todo desde el punto de vista del lector?¿Es posible, que con el tiempo, desaparezca el libro en formato clásico o acabe siendo un objeto casi de culto como el vinilo en la música?

—A los setenta años, lo que vaya a pasar con el libro y su mercado en el futuro me la trae al pairo. Sólo me importa que la literatura, y en especial la poesía, sigan existiendo, y estoy seguro de que lo harán, se difundan como se difundan.

-Con toda esta crisis mundial que nos asola, ¿ha aumentado la recepción de manuscritos o la participación en los concursos ligados a Hiperión?

—Sí, claro, a los poetas los premios les ayudan a sobrevivir cuando los ganan; por eso a cada concurso se presentan siempre centenares de originales, y ahora más, pero sólo uno resulta ganador. Tienen mucho de lotería, aunque al menos no suelen ser tan arbitrarios como ésta.

-A menudo se trata a los niños de una manera poco intelectual, podría decirse que se les infantiliza a través de ciertas expresiones y actitudes hacia ellos. La línea Ajonjolí me parece una propuesta interesante y educativa para ellos. ¿Cómo decide un editor qué tipo de poesía puede interesar a un niño? No parece una labor fácil ¿Utilizan estadísticas o medios similares (estudios, etc.) como referencia?

— No, la verdad, nos fiamos exclusivamente de nuestros criterios de lectores. Luego, con el paso del tiempo, vemos qué libros son más leídos, cuáles se agotan y se reeditan y cuáles no pasan de la primera edición, y esto nos puede ayudar a orientarnos en el futuro, pero lo publicado, publicado está.

-De su amplio fondo editorial ¿hay alguna lectura que considere de “cabecera”? ¿Qué títulos de Hiperión recomendaría a un lector primerizo?

—Los dos que he citado antes, Hölderlin y Cavafis, son un buen comienzo, pero ahí están Rilke, Pessoa, Celan, Poe, Safo, Beckett, Shakespeare, Donne, Andrade, Shelley, Keats, Stevenson, Plath, Pound, Wilde, Whitman, Pushkin, Blake, Heine, Goethe, Schiller, Jayyam, Szymborska, Tsvietáieva, Verlaine, Valéry, Bashoo, Issa, Buson, Ryookan, ¿cómo elegir a uno si todos son excepcionales? Por no citar a ningún poeta español, que son mayoría en el catálogo. Pero citar a algunos supone no citar a los demás, así que prefiero que los lectores los descubran por su cuenta.

-¿Puede adelantarnos algún próximo lanzamiento?

—Dos importantes obras coreanas: Cantares clásicos de Corea y El viaje al sur de la señora Sa, de Kim Manyung, de quien ya publicamos El sueño de las nueve nubes; los dos primeros libros de Verlaine, Poemas saturnianos y Fiestas galantes, en traducción de Antonio Martínez Sarrión, o 70 haikus y senryuus de mujer, de tres poetisas japonesas actuales, Suzuki Masajo, Kamegaya Chie y Nishiguchi Sachiko, en versión de Vicente Haya. Y dos nuevos títulos de Hölderlin: su Poesía juvenil en versión de Anacleto Ferrer, y los Cánticos, que yo mismo he traducido.

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