Jean Genet

Por Juan Carlos Vicente.

Dentro del mundo literario, de los escritores, todos ellos, todos nosotros, tan egocéntricos y ego maniacos, hay algunos que han tenido una vida difícil, una infancia dura. Genet, tuvo una infancia jodida que seguramente haría las delicias de Dickens, o quizás más de Almodóvar. No conoció a su padre, y su madre, prostituta de profesión, acabó abandonándolo en un hospicio, siendo los distintos orfanatos una constante en su infancia. Con este currículum tenía dos opciones, o convertirse en un delincuente, o ser escritor. Genet decidió ser ambas cosas.
Durante años, vagabundeó, robó y se prostituyó, haciendo de esta forma de vida la materia prima de lo que más adelante sería su producción literaria. También estuvo en la cárcel y se alistó en el ejército, del que le expulsaron por mostrar sin pudor su condición de homosexual con un compañero.
Genet convierte al delincuente, al chapero y al vagabundo en el antihéroe absoluto de sus textos. Mitifica y, posiblemente, exagera la marginalidad hasta el punto de volverla poética. Aunque sus temáticas pudieran referirnos a autores de la generación beat (sobre todo a Burroughts), a Henry Miller e incluso a Bukowski, nada tiene que ver estéticamente con ellos. Únicamente con Miller comparte alguna similitud de estilo, siendo Miller más abrupto en lo que ha descripciones sexuales se refiere. Genet supo rodearse de lo más conocido de la intelectualidad francesa de la época, entablando relación de amistad con muchos de ellos, lo que le valió como favor cuando, tras acumular múltiples condenas por delitos de variada índole, fue condenado a cadena perpetua, y gracias a Picasso o Cocteau, entre otros, consiguieron el indulto para este.
Aunque por muchos críticos, su primera novela “Santa María de las flores” es considerada la mejor, cabe destacar “Pompas fúnebres”, que aunque contiene pasajes de temática común con otras obras de Genet (amor, sexo, fealdad) en ella aparece cierta conciencia política que, sobre todo en sus últimos años, mostraría el lado más comprometido del autor con las injusticias y las consecuencias de la guerra como brazo devastador de los sistemas políticos.
Todas sus obras tienen una gran carga autobiográfica, pero es en “Diario del ladrón” dónde su vida es el texto, la novela, y en cierto modo la ficción. En ella nos muestra una etapa en la que, sus andanzas por el Barrio Chino de la Barcelona de los años 30, se repliegan sobre la figura del ladrón que sobrevive a cambio de prostituir su cuerpo, de castigarlo, de vengarse a toda costa de su alma, siendo el amor y el sexo una enfermedad de la que Genet nunca querría prescindir.
“Querelle de Brest” su obra más conocida, es una novela quizás más dura que las anteriores, en la que la virilidad aparece como un acto de dominación en un mundo en el que el asesinato, la violación y la moralidad, son una representación del Thanatos más cruel aplicado al protagonista de la novela. Incluso la idea de redención se muestra como algo sucio, que pertenece a una conciencia destinada a desembocar en la cloaca del abismo humano.
Curiosamente, la novela fue llevada al cine y, a día de hoy, la estética del protagonista, aparece reflejada en campañas de publicidad de diseñadores como Jean Paul Gaultier, en las que se olvida el sentido auténtico del personaje, el revulsivo moral, y se convierte en un mero producto más de los tiempos que corren, en una idea con estética, pero sin ética.

BIBLIOGRAFÍA.

 

Novela.

Diario del ladrón (1949)
Santa María de las Flores (1944)
El milagro de la rosa (1946)
Pompas fúnebres (1947)
Querelle de Brest (1947)

Teatro
Las criadas (1947)
Severa vigilancia (1949)
El balcón (1956)
Los negros (1959)
Los biombos (1961)

Textos
4 horas en Chatila (1983)
Un cautivo enamorado (1986)

Poesía
El condenado a muerte (1942)

 

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