13 asesinos (2010): la nueva masacre total de Takashi Miike

Por  Gonzalo Suárez López.
 

 

Takashi Miike

Irreverente, estrambótico, inadaptado, procaz, carnicero, irregular, hiperactivo… La lista de calificativos que ha acumulado Takashi Miike a lo largo de su trayectoria tras las cámaras sigue creciendo y, probablemente, ninguno de los halagos o críticas que le llegan se alejan mucho de la realidad. Es lógico, por otra parte, que un autor que acumula unas ochenta películas en apenas dos décadas genere todo tipo de especulaciones y polémicas a su alrededor.

 

Y más ahora: al triunfo de 13 asesinos (2010) ―tras su estreno mundial en concurso en la Mostra de Venecia el año pasado, la cinta obtuvo dos galardones en Sitges (mejor diseño de producción y premio del público) y cuatro de la Academia del cine japonés (de diez nominaciones)― se suma la selección en competición oficial en el último festival de Cannes de su siguiente trabajo: Hara-kiri: Death of a Samurai (2011), remake en 3D de la película homónima dirigida por Masaki Kobayashi en 1962. Para un director de segunda línea como hasta ahora lo era Miike, estos dos éxitos confirman una nueva posición en el cine contemporáneo que, probablemente, nunca termine de definirse.

 

Sin embargo, para el espectador español resultará complicado, por no decir casi imposible, descifrar la posición exacta de 13 asesinos (2010) dentro de la filmografía del prolífico director, ya que de su vasta producción solo se han estrenado en nuestro país media docena de títulos. Con todo, la personalidad artística de este enfant terrible del celuloide juega a nuestro favor, pues si hay algo por lo que se caracteriza especialmente Miike es por su libertad y su capacidad de sorprender con propuestas inopinadas.

 

En este caso, Miike ha vuelto también al cine nipón de los años sesenta para realizar un remake de The Thirteen Assasins (1963), dirigida por Eiichi Kudo. La extrema violencia típica de gran parte de la producción anterior del director de Visitor Q (2001) aparece nuevamente en el largo clímax final que son los tres cuartos de hora de batalla sin tregua entre los 13 samuráis y los hombres encabezados por el siniestro lord Naritsugu, a quien los protagonistas quieren asesinar a raíz de los crímenes que ha cometido impunemente amparado por su rancio abolengo. Ya en la sinopsis puede apreciarse un homenaje a Los siete samuráis (1954), de Akira Kurosawa, que va incluso más allá.

 

Para justificar todo atropello posterior, Miike logra la connivencia del espectador en los primeros minutos con una escena (que no desvelaremos) tan terrible y escalofriante como extraordinaria y total. Y no es que esta complicidad sea un requerimiento forzoso para el buen desarrollo de la película: en el baño de violencia y aparente clasicismo que transportan un relato claro como el agua hay contención y mesura. La atención por el plano se mantiene en todo momento y los enfrentamientos son el resultado de una coreografía llena de previsión y vacía de efectismos.

 

Al final, no obstante, da la impresión de que el ejercicio de estilo cumple su función y nada más; que ocurre lo que uno llevaba dos horas esperando que ocurriera y que, seguramente, su autor nunca tuviera la intención de que fuera de otro modo. Es en ese instante, al salir del cine y reflexionar sobre lo que uno ha visto, cuando comienza a difuminarse en la memoria el recuerdo de la lucha a muerte entre el malvado Naritsugu y los 13 asesinos, al tiempo que adquiere una forma más definida la figura de Takashi Miike como cineasta que aún tiene bastante que ofrecer y que ojalá podamos disfrutar en España más fácilmente a partir de ahora.

 

 
 
 
13 asesinos (2010) se estrenó en España el pasado 12 de agosto de 2011.
 

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