“Aviso de incendio”, Andrés F. Gómez Shool

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Aviso de incendio, de Andrés Felipe Gómez Shool

 

El latido de la vida exige un intersticio…

Ernesto Sabato, La Resistencia

Puedo estar equivocado y con frecuencia lo estoy, puedo equivocarme y las respuestas que doy puede que sean solo mías. Mi prudencia parece rondar la frase, a mí prudencia parece irle la frase del orgullo, aquel que dice que en algo puedo tener la razón y las respuestas que pueda tener no son solamente mías. Son promesas de que algo pueda llegar a suceder desde ahora solo por decirlo. En ese caso lo que diga y afirme como un es, tendrá que ser. En ese caso, y por haberlo dicho, será para otros.

Por decirlo, habitaré en otros. Seré otros.

Lo que es, tendrá que ser. Y eso es, es esto. Esta vez puede que la educación suceda pese a los que se llaman a sí mismos profesores.

Promesa de camino, camino para ser hecho. (La ambigüedad puesta, y ahora, como para levantar la cabeza del texto y empezar a divagar).

Como aprender a contar. (Uno, luego uno más. Que es otro a la vez).

El valor de educar, el valor de educarse.

La educación es educarse.

 

1. Este simplemente es un borrador. Lo digo así porque lo que sigue, las clases, los días, irán disminuyéndolo, lo agotaran, lo tiraran a la basura. Mi esperanza es que algo del borrador, de estas propuestas, quede en forma de apuntes, de instrucciones, de acervo escolar para poderse plantear al final lo que se elabora, se espera y se hace en la Clase de Literatura.

En la clase que se hace a sí misma.

Puede que todo esté mal, (¿está mal decirlo tan pronto?), porque aquí lo importante es el fin, que es enseñar, no el medio, que es la manera en que digo qué es lo importante y lo que debe quedar. La enseñanza, creo yo, es un arte que pule, que resta, que quita lo sobrante. La  enseñanza es un arte que quita aquello que impide ver a la figura escondida en la piedra. Piel y mármol. Y no está mal decirlo así, emplear la metáfora, porque tal vez enseñar a expresarse tenga que ver con lo que es la esencia de la metáfora: con transportar. Llevar a.

Despejar. Refugio y condición del que se refugia.

Para ver de nuevo.

Como aprender a contar, como contando. Por fuera, y también adentro. La educación sucede en el alumno: la educación es educarse. Un paso más, autoexpresarse. El profesor ayuda a ver, no elabora largas frases, ni debería estar en el origen de toda rutina, siendo esto otra manera de decirlo. De dejarse llevar y luego dejar de preguntar quién y qué otro que no sea yo me ha llevado.

Me ha transportado.

 

2. Niñas y niños, clases y profesores, horarios y descansos, fiestas de fin de año y entrega de calificaciones. ¿Es esto la vida real? Parece existir una trampa, parece haber una trampa cuando ante la pregunta que pregunta por la vida respondemos es esto, no otra cosa. No lo de allá, no lo que eres y tienes. No tú.

Ya nada va quedando.

¿Qué es la vida ahí fuera, la vida que nos rige y conforma como seres dentro de una red llamada vida social? Lo pregunto para poner sobre la mesa, una mesa que no tiene que ser la de un juzgado, lo siguiente: ¿qué tipo de discurso se precisa para conocer lo que suele hacerse en el colegio: «educar y ser educados»?

Las comillas en su lugar, pues ése es el tema que corre el riesgo de dejar de suceder: el colegio quizá ya no ofrece lo que normalmente creemos su mérito: educar y ser educados. ¿Qué clase de discurso?, porque si el ideal del conocimiento es la visibilidad de aquello que tratamos, ¿qué necesitaríamos desvelar o desocultar en la educación? ¿Qué se necesitaría decir de nuevo que hasta ahora no hubiese aparecido? Lo real y la apariencia. Las palabras que desaparecen, que atraviesan el tiempo. También el espacio de las preguntas.

Como si existiera una esencia constitutiva que dirige y planea las apariencias y nosotros fuéramos víctimas o bien ejecutores de ellas. Y a veces sin darnos cuenta, y actuando, y suponiendo, y a veces sin darnos cuenta. ¿Qué necesitaríamos saber de la educación? Nueva pregunta para el espacio donde se hacen preguntas. Como si.

Quizá lo primero para decir de la educación es que es el espacio de las preguntas, el espacio donde preguntarse es lo real, lo que pasa cotidianamente. Este es un supuesto, claro está, porque la educación podría asemejarse en lo que tiene de vida real: que no se suelen escuchar demasiadas preguntas y la curiosidad por saber algo estaría dirigido por un resultado puesto en calificaciones. Tal y como sucede en el mundo que llamamos ahí fuera, vida ahí fuera: es bueno lo que es útil, deficiente lo innecesario. Esta actitud la encuentro molesta. Por naturaleza son las notas las que rigen la educación: lo común es hablar de que al niño le va mal porque tiene malos resultados. Importa lo que está al final de la raya divisoria. ¿Y el resto? ¿De lo que no se habla no existe? Se podría preguntar qué clase de existencia es la que entregan los números. Lo primero que se dice de los números es que sirven para medir algo: ¿qué mediríamos cuando tratamos con niños y niñas? Importa la pregunta, pero no el número de preguntas. Importa el camino, tanto como la meta. Quisiera olvidarme de conocer o de ver algo. Me conformaré con acercarme, con aproximarme al tema, con dar mi parecer, lo que sería una clase de discusión en un salón de clases y este artículo por tanto deberá llevar nombre propio: es el convencimiento y las experiencias de uno solo. De cualquiera.

 

3. Autoexpresarse. Lo contrario a la vieja frase que dice que «en clase no se habla».

Se piensa que el alumno va al colegio a aprender algo que no sabe, se piensa que el momento en el que traspasa la puerta del salón es el momento del conocimiento. Se piensa. Esta postura sostiene que el alumno aprende en clase, que básicamente el modo de aprender es escuchar el discurso que el profesor dice con el conocimiento que posee y que transmite: como si el profesor fuera líquido y sus alumnos envases. Aprender sería saber algo nuevo, aprender sería escuchar lo que acaba de ser dicho. Y repetirlo.

Lo contrario a la antigua frase, lo contrario a los cambios del pasado.

(Para éste que aún vive).

Entre pensar y lo que se piensa.

Lo que se da por hecho. Y sentado.

(Quietos, no se muevan).

Tal vez aprender sea cuestionar las ideas recibidas y legadas de generación en generación. En este sentido profesor sería el que no sabe, en cambio el que ayuda a saber: es un guía, alguien que habla para ser escuchado. No para silenciar. Profesor es quien aprende a escuchar las necesidades de un grupo a partir de sus propias necesidades. Quien elabora y pretende un futuro para otros a partir de su pasado. El profesor es quien está en vela para lo venidero. La figura debe moverse en este nuevo espacio y tiempo: el profesor no debería estar al frente. Enseñar es estar a los lados.

Se aprende viendo a los lados, se aprende con cada vez menos frecuencia viendo al frente. Cerrando la boca al frente.

También de estar al margen. De estar al margen.

El alumno no va a aprender algo nuevo, viene a autoexpresarse, quiere ello decir: a exhibir sus propias dificultades ante la vida extrayendo de esta manera una lección que le sirva para la vida misma. En lugar de que el alumno venga al colegio a escuchar y el profesor marque algunas faltas, propongo que el estudiante y el profesor hablen de lo que significa vivir en un mundo sobresaturado de información, sobre el cual es necesario separar lo relevante de lo irrelevante.

Autoexpresarse es un ejercicio continuo de autocrítica y de confianza en sí mismo, ya que la elección que separa lo esencial de lo accesorio debe ser continuamente hecha: el mundo en el que vivimos no es más un mundo sólido, un mundo de certezas, de palabras y de sentimientos eternos. El mundo es un mundo hecho a la medida de lo humano: finito, mortal, contingente, limitado, que se acerca a su final en el mismo instante en el que ha empezado. El mundo en el que vivimos no ofrece ningún tipo de estabilidad. El mundo en el que nos ha tocado vivir es un mundo que todo el tiempo se desliza, se mueve, escurriéndose en silencio. A veces en pleno desorden. Es entonces cuando nos convertimos, por así decirlo, en deudores de nuestra propia naturaleza: queremos que dure, pero todo pasa pronto. La tragedia siempre está a un paso de la comedia.

Todo pasa pronto.

Es esto, también lo otro: caos y ruido. El mundo en el que vivimos representa lo propio y lo que es nuestra esencia: es efímero. Esto constituye nuestra mayor debilidad. A la vez nuestra mayor fortaleza: todos tenemos en común la vocación a repararnos. ¿Cómo entonces educar y ser educados en este cruce de caminos? Siempre hemos tenido la respuesta, tal vez lo que necesitábamos era confianza.

Ten confianza en ti mismo.

He aquí el aviso de incendio.

 

4. Contenido y forma: sentidos y empleo del sentir. Porque siento, porque es la vida.

Se debería venir a clase a dialogar, a hablar, a aprender a escuchar. A escucharse. Contenido que da forma, forma que empieza a involucrar marcas personales, sociales, culturales, accidentales y azarosas, llamándolos y llamándolas contenido. Esto soy yo, no otro: este soy yo. Mi educación ha comenzado a llamarse: la manera en que voy a llegar a ser lo que seré. Lo que he sido, lo que antes de este momento no era.

Lo que está siendo formado.

Sentido, sentidos. Sentarse. Vista, olfato, piel: diálogo. Esto era, esto es: palabra que llega a la boca. Boca que se vuelve por un momento mi espejo: mi interlocutor. Mi amigo, la amistad. Vengo a dialogar, vengo a ver cómo los demás, incluido el profesor, construyen significado, y pueda yo mismo, hablando, construir el significado de lo que después va a ser necesario para mí. En mis elecciones me elijo, en mis errores me corrijo. En la manera en que tengo de estar en el lugar que quiero, y a veces debo, llamo a eso vivir.

Hablar con el otro, dialogar sobre lo que es, verse en un espejo, antiguo sentido de la amistad, es ir construyendo un mundo a nuestra medida, sin encarcelarlo. Sin volverlo un mundo de formas humanas, ahíto de formas humanas.

También en silencio.

 

5. Ejercicio de aviso. Incendio

Para empezar a escribir, para conocerse lo suficiente, para entender cómo puedo relacionarme mejor con los otros. ¿Qué tipo de persona soy? ¿Con qué tanta seriedad me tomo? ¿Soy una persona que obedece y sigue a la mayoría? ¿Una que piensa por sí misma? ¿Una que se hace preguntas y genera inquietud? ¿O una que deja que el agua corra y el comentario que luego genere sea simplemente el agua ha corrido? ¿Qué?

Leer y escribir trascienden la intención de pasar un buen momento o de dejar todo a nivel emotivo y perceptivo, los discursos y lo establecido por otros: nos permite comprender el mundo en que vivimos y asumir el lugar que en él nos corresponde.

Expresarse. Autoexpresarse. El lugar y el espacio. ¿Dónde en el ahora?

 

Procedimiento: quiero que piense qué sucedería si del mundo se eliminase la libertad para lograr lo que uno quiere, lo que uno desea. Si del mundo se eliminaran las personas que nos guían y nos ayudan a ser cada más libres. ¿Qué pasaría si sólo existieran en el mundo personas que en todo momento nos hacen seguir reglas, obedecerlas? Si el mundo fuera un lugar en el que de antemano está puesto el sí y el no.

Una vez hecho este análisis, escriba un párrafo de buena extensión evitando muletillas, faltas de ortografía y puntuación. Si esto último no lo entiende muy bien, no se preocupe: la carpintería se aprende en clase. En cambio a pensar por sí mismo, eso lo hace uno mismo, por razones obvias. Sírvase del texto que acompaña este ejercicio para empezar a pensar, a imaginar, para luego escribir.

Aunque espero que el texto final sea legible, traiga igualmente sus bocetos, borradores, esquemas, etc. Quiero ver la manera en que tacha. Y hace borrones.

 

Texto: existen dos tensiones educativas, dos puntos que resaltan sobre todos los demás: por un lado enseñar; por el otro controlar, disciplinar. No considero que al colegio se venga a aprender disciplina, cuanto autodisciplina, esto es, la manera en que nos autorregulamos cumpliendo con procesos de aprendizaje que promueven nuestro desarrollo como seres humanos. Creo que al colegio uno no viene a aprender algo nuevo, cuanto a afilar la capacidad que cada uno tiene de pensar por sí mismo: eso que se llama libertad.

La libertad, la palabra libertad. Sin dejar de notar que la palabra libertad es el juego mediante el cual aplazamos la necesidad. Luego un sí o un no.

En este sentido, la autodisciplina es propia de individuos libres y capaces de elegir. Disciplina es para aquellos que obedecen reglas, que las siguen sin pararse a pensar qué sucede. Autodisciplinado es aquel que ve por sí mismo; disciplinado es el que necesita que otro vea por él. Por eso a la disciplina es tan fácil confundirla con el control. Yo no creo en nada de eso: creo que uno es el dueño de su tiempo y hace de él lo que quiere, sabiendo que éste se termina. Por eso no importa si es o no nuevo el profesor, lo que importa es qué tanto de mi propio tiempo ya he perdido. El tiempo que se pierde ya no vuelve. Es usted el que viene al colegio a aprender, a prepararse para la vida allá fuera: sea en la universidad, en el trabajo, en la familia, etc. También a perder el tiempo: eso que se llama, ve y vive.

Eso que se llama aprender, eso que es ser aprehendido.

 

Último. ¿Ahora quién habla? ¿Qué otro sino yo? Es eso, esto es eso, aunque nunca se llegue a saber y la jornada precisamente se justifique en no saberlo. Ahora, y nunca, que no sé qué yo. Y empiezo, y se empieza, alguno ha empezado.

Tú empiezas.

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