Crítica sin prisa

Por Dinorah Polakof.

 

Y sin desfallecer. Aunque los ojos se enrojecen de leer y la graduación de los lentes se va volviendo inútil, no podemos dejar atrás la acción de comentar sobre literatura infantil y juvenil. Es que de otra manera, los libros se van apilando y al no reducirse  la inminente torre de papel, ni el sol invernal querrá asomar.

Una vez que advierto cómo se superponen las gigantescas elevaciones, me digo que debo  salir corriendo a pelear más espacios de difusión. Culturamas me prodiga con demasiada paciencia esta fuente vital, permitiéndome la osadía de cruzar las fronteras. Pero resulta insuficiente. Quiero llegar a la mayor cantidad posible de los medios de comunicación. Sin embargo, en una de las orillas rioplatenses, Uruguay, pareciera que  a la literatura infantil alcanza con dispensarle un trocito de página en la que apenas se dan unos datos del libro: publicación de la tapa, y transcripción de la reseña.

Creo que cargar sobre las espaldas de los niños el terrible peso de constituir “el futuro de cada país”, se contrapone al mensaje que se les está ofreciendo. La educación comienza alfabetizando a la infancia, con la lectura y la palabra bien dicha. Y por aquí no se ve cambio alguno.

Algunos escritores han reflexionado con inteligencia afirmando que  la carencia de crítica especializada, los induce a pensar que su obra es perfecta. Entonces, ¿qué valor tienen sus cuentos, su poesía? En consecuencia, y esto va desde el punto de vista de la crítica, la propuesta de nuestro ejercicio  recaería quizás, en advertir acerca de la compra de tanto material absurdo y aburrido que anda por ahí.

La contrapropuesta al ejemplo anterior se basa en  llevarle  a nuestros niños los mejores libros, que los hay y muchos. Si luego de una previa lectura de la crítica, concurrimos con cierta asiduidad a las librerías, ferias, bibliotecas; el ojo se acostumbraría  a observar sin prisa. De ese modo, “seleccionaremos” el mejor material, el de buena calidad por su temática, porque colabora con el desarrollo sano del joven lector.

 

 

Una exquisita opción es el título Un lobo así de grande de Natalie Louis-Lucas (texto) y Kristien Aertssen (ilustraciones), Océano Travesía. El tema recurrente y no por ello de menor importancia, atañe a los miedos infantiles. En este caso, un niño y su madre van delimitando las fronteras de un lobo que se esconde detrás de las cortinas. Llegada la hora de ir a dormir, la noche se apropia del  diálogo tierno y abundante que recrea la fuerte comunicación  entre los protagonistas. Pero el cuento dejaría de cobrar su merecido valor si careciera de las imágenes coloridas que lo completan y dignifican como  libro-álbum. Entre los azules, turquesas, violetas y verdes, se plantean los simpáticos personajes que además, ofrecen todo un conjunto de gestos. Cada página conserva un plus puesto que  se confecciona por medio de una solapa cautivadora, adicionando alegre  entretenimiento a la historia.

 

Mateo conoce de A. Pez y R. Cubillas pertenece a la Editorial La Brujita de Papel, Buenos Aires, 2008. Mateo es un sapo curioso que vive en su hábitat. Sin embargo su prodigiosa imaginación lo lleva a otros espacios. Así es como conoce habitantes que lo asombran y lo ayudan a construir nuevos mundos. De prosa breve y sencilla, la trama se imbrica desde las tapas duras de la edición y continúa por las ilustraciones a dos páginas. Estas últimas dejan en el lector estampas tan atractivas como sugerentes. A salto de sapo y a salto de página, nos es ofrecido un  libro que respeta y libera la sagacidad de los más pequeños.

 

 

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