No te signifiques (34)

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Por Jorge Díaz.

 

¿Os acordáis de los correos en cadena? ¿De aquellos que había que enviar a diez conocidos antes de media hora para que no se te cayeran los dientes uno a uno?

 

Los que más me tocaban las narices, teniendo en cuenta que todos me las tocaban y me provocaban deseos de mentarle la madre al remitente, eran los que empezaban con un montón de fotos supuestamente preciosas de la naturaleza: montañas nevadas con lagos a sus pies, animalillos en su madriguera, majestuosas aves surcando los cielos… Y frases de pensadores, de poetas, de anónimos inspirados que te enseñaban a vivir…

 

Una frase por foto, difícil soportar tanta sabiduría.

– Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla. Confucio.

– El que domina su cólera, domina a su peor enemigo. Confucio.

– El silencio es un amigo que jamás traiciona. Confucio.

 

Y tú pensabas, qué cosas decía Confucio. Si naciera ahora tendría miles de seguidores en el Twitter, con lo que le gustan a la gente las tonterías profundas, con el caldo de cultivo que hay para los tontos solemnes… Confucio es a las tarjetas de felicitación lo que Pimpinela a las discusiones de pareja, un símbolo.

Después venía la amenaza:

– Mándale este correo a diez de tus contactos, si no lo haces se te caerá la pilila…

Los había con ejemplos:

– Mary Lister, de Alabama, no lo mandó y su cosecha de maíz se convirtió en palomitas en una sola noche.

– El coronel Carlton, de Michigan, lo mandó y sus tropas mataron el día siguiente más vietnamitas que ningún otro día…

 

Tú mirabas el remitente del mail y pensabas que no sólo era un gilipollas crédulo sino que, en el fondo, estaba deseando que la pilila se te cayera a trozos. Mentecatos…

– ¿Quién creaba esos correos?

– ¿Tienes una respuesta?

– El mundo está lleno de imbéciles trabajando en que la humanidad no evolucione. ¿Cómo se explica si no la fama de Belén Esteban?

 

¿A qué viene que me acuerde de esto? Culpa de Facebook. Han cambiado la configuración y han vuelto a salir los crédulos de debajo de las piedras. Que si nos espían cuando cerramos el ordenador, que si nos van a cobrar por usarlo, que si va a venir la Pantoja a cantarnos
Marinero de Luces a casa (que es la única amenaza a la que doy crédito), que si vamos a abrir una cuenta en el banco y en lugar de Guardiola nos va a asesorar Mourinho…

 

Ha llegado el momento de aclarar algunas verdades relativas a Facebook. Espero no causarle a nadie un trauma.

Los muertos no leen el Facebook. Ni los propios ni los ajenos, ni los famosos ni los desconocidos, ni los que en vida tenían cuenta ni los que murieron antes de que esto de las redes sociales existiese, ninguno de ellos, estoy casi seguro. Ni siquiera el día del aniversario de su muerte, de verdad. Creo que el Twitter tampoco lo leen, aunque eso no puedo afirmarlo porque lo conozco mucho menos.

– ¿Consejos sobre cómo comunicarse con los muertos?

– Consejos sobre cómo no hacerlo, más bien.

 

Lo siento por los que mandaron mensajes a Víctor Jara el mes pasado, por los que los mandaron a Federico García Lorca en julio, por los que lo harán con John Lenon en diciembre: ni ellos ni sus equipos de prensa los leerán. Ni siquiera Michael Jackson lo hará. No es necesario tanto sentimiento:

-Echamos tanto en falta una voz como la tuya…

-Te fuiste y no notamos que perdíamos una parte de nosotros…

-Desde donde estés, sigues a nuestro lado…

 

No, todo esto no funciona. Lo siento pero no es el camino. Jennifer Hewitt Love puede hablar con los espíritus en tránsito; nosotros, desde nuestro muro, no. Y de este tema tengo información privilegiada, que conste.

 

Tampoco es cierto que nos vayan a cobrar por usar Facebook si no copiamos y pegamos un texto, redactado en un castellano sospechoso, que hará que nuestro logo se vuelva azul, violeta o del color que sea. El día que decidan cobrar por el Facebook lo harán y no nos salvaremos ni pegando en el muro una foto de la madre del fundador.

 

Es falso también que se metan en las entrañas de nuestro ordenador para descubrir nuestros deseos más ocultos. Y en caso de que lo hagan, no podremos evitarlo poniendo el cursor encima de nuestro nombre hasta que se abra la opción de seguridad para desactivar la opción “descubrir nuestros deseos más ocultos”.

 

Por último, no somos mejores personas si pegamos en nuestro muro un mensaje de lucha contra no sé qué enfermedad a pesar de que el 92 por ciento de nuestros amigos no lo vayan a hacer… Eso no cura.

 

 

 

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