Doce balas de cañón

Por Juan Laborda Barceló.

 

Doce balas de cañón. El sitio de Iguriben, Rafael Rodríguez-Simancas. Editorial Algaida, 311  páginas, 20 Euros.


La novela que nos ocupa está construida en dos tiempos: Uno hace referencia a los desastrosos acontecimientos bélicos del Rif en 1921, que causarían más de diez mil muertos, y el otro se centra en la actualidad, enlazados ambos a través del proyecto de ficción fílmica que pretende homenajear al Comandante Julio Benítez, verdadero héroe, junto al resto de su malparada tropa, en la defensa de la plaza de Iguriben. La imaginaria película pretendía, además, rescatar a un maduro galán de las garras de la pequeña pantalla para una triunfal vuelta al cine encarnando a Benítez. Este es el interesante arranque de la historia.

 

Partiendo de este punto se desarrollan paralelamente la trama del presente y la del pasado, alternándose en los capítulos. Incluso se establecen curiosas simetrías entre los desgraciados avatares de unos y otros, en distintos períodos históricos, con el común denominador del monte de Iguriben, cercano a la posición de Annual y clave en el desarrollo de la contienda.

 

El texto que narra el presente es dinámico, está escrito con brío y pulso firme, se lee con gusto, aunque pierde fuerza al dejarse llevar por cierta superficialidad de contenido, que no deja de ser, por otro lado, una crítica del estado de la prensa rosa y de la actualidad televisiva de nuestro país. Los guiños a las cadenas más populares y las referencias a los programas de corazón que se alimentan del lascivo espectáculo de las miserias humanas son interesantes, pero escasos en un apartado que prometía mayores cotas de reflexión. La novela gana enteros cuando habla de historia de España, aunque sea, o quizá por ello, en boca de una alocada y oxigenada rubia, novia del protagonista.

 

En cambio, las letras referidas a los sucesos de 1921 son más constantes, regulares en su trazado, muy bien construidas y documentadas, con una prosa clásica y algunos momentos sublimes. El análisis de la situación política española en los primeros años del siglo XX es certero. El autor habla de problemas básicos como el analfabetismo, el endémico mal reparto de la tierra, las desigualdades sociales o la figura de Alfonso XIII y su generalato, desentrañando a la perfección la personalidad del famoso Fernández Silvestre. Se echa de menos, eso sí, alguna referencia a la descomposición del sistema turnista, a Antonio Maura, verdadero iniciador de la política rifeña, y a los gobiernos de concentración incapaces de controlar la situación, en lo que vino a llamarse el plano inclinado hacia la dictadura, ocurrida en 1923 con el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera. Muy bien traídas están, sin embargo, las alusiones al pistolerismo y las tensiones sociales tan habituales en esos años.

 

La obra novela el sitio de Iguriben magníficamente. Los detalles documentales de la dureza del cerco, así como de la psicología de los personajes, desde la tropa hasta los oficiales, son espléndidos, llenos de matices y variaciones, como realmente debieron ser. El conocimiento desbordante de sucesos menores, tácticas, de la milicia misma y de la Harka, o agrupación de tribus rifeñas para la guerra, así como del propio líder de la rebelión Abd El Krim, embellecen y dan tensión a un relato marcado por las penurias, del que aún conociendo el funesto final, nos sentimos enganchados.

 

El autor centra su atención en esa plaza de Iguriben, desplazando el foco de la más conocida, y por tanto manida de Annual, donde estaba el mando. Respecto a esos lugares y a la guerra norteafricana en general no podemos olvidar que, a pesar de que en la obra hay un cierto aire de melancólico olvido de aquellos hechos por parte de la sociedad actual, este particular no es del todo cierto. Convenimos en admitir que no es un pasaje histórico, como ocurre con todos aquellos que no forman parte de la II República o de la Guerra Civil, (es decir, la inmensa mayoría) especialmente conocido por el público, pero los historiadores, tanto desde la perspectiva de la investigación como de la divulgación, así como algunos periodistas y escritores, nunca han abandonado, al igual que lo hicieran los valientes soldados con las posiciones rifeñas en 1921, el estudio de aquellos episodios. Prueba de ello es la copiosa literatura al respecto: desde Annual 1921 de Manu Leguineche, hasta Historia de Anual de Juan Pando, El barranco del lobo: Las guerras de Marruecos o Abd-El-Krim Al Jatabi: La lucha por la independencia de Rosa de Madariaga, a obras de ficción como El nombre de los nuestros y Carta blanca de Lorenzo Silva entre muchas otras, sirven como ejemplos tanto divulgadores como académicos. Incluso un documental producido por El Mundo TV, a pesar de su paradójico título da luz al tema: Rif 1921, una historia olvidada, dirigido por Manuel Hornillo, o los programas oficiales de Historia de España de 2º de Bachillerato que también se detienen en dicha contienda.

 

En cualquier caso, son necesarias obras como la de Rafael Martínez-Simancas que ficcionen, con rigor y amenidad, momentos clave de nuestro pasado. El lector aprenderá con agrado y disfrutará de su fácil lectura.

 

 

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3 respuestas a Doce balas de cañón

  1. Muy interesante. Habrá que leerla.

    nimboestrato
    14 octubre 2011 at 23:56 pm

  2. Conozco la novela, la he recomendado a mucha gente, es magistral.
    Denuncia una época de España que nunca hemos terminado de digerir. Por cierto, enhorabuena por la crítica, la comparto.

    Luis
    15 octubre 2011 at 22:14 pm

  3. Leí la novela este verano, me enganchó, me quedé con ganas de leer más. La parte histórica es magistral, lo del actor al principio no me convencía pero luego me hice muy fan de él porque era un tipo condenado a ser infeliz aunque tuviiera dinero y fama. A los amigos a los que se la he recomendado les ha gustado mucho.
    Espero leer más de este autor.

    Leandro
    8 diciembre 2011 at 10:05 am

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