[Seminci 2011] Crónica 3: De padres, políticos, cumbres y desempleados

Por Aurora Pimentel Igea.

 

Starbuck (2011)

Es posible que me equivoque, pero la canadiense Starbuck (2011), una comedia de Ken Scott fantástica quizás se haga con un premio de la Seminci. Al público desde luego nos ganó por goleada. Tiene un guión admirable escrito por el mismo Scott y Martin Petit, diálogos geniales y escenas muy divertidas. Trata sobre un cuarentón, David Wosniak, que fue donante de esperma en su juventud. Trabaja en la carnicería de su familia y debe muchísima pasta. No ha tomado nunca las decisiones adecuadas. En fin, el clásico hermano que sale adelante siempre pero se mete en un lío tras otro. Su novia se queda embarazada. De paso un abogado se pone en contacto con él y le dice que por error de la clínica fue padre de unos 500 hijos de los cuales unos 100 quieren conocerle. Se niega en redondo, pero la curiosidad le puede más y decide hacer de ángel de la guarda de unos cuantos hijos mientras el juicio se prepara y él sigue en el anonimato. Naturalmente como padre tiene de todo: un cantante de metro, hijos metidos en líos, con y sin trabajo, góticos, y hasta un chico descapacitado. La comedia tiene mucho humor, pero no es en ningún caso una bobada, trata de la paternidad y ese modo en que los padres nos apoyan incondicionalmente ya triunfemos, fracasemos o estemos en el mientras tanto. Apuesto a que Hollywood comprará los derechos de Starbuck (2011) para un remake a lo grande dado el evidente tirón de público que tiene: se puede hacer algo con profundidad alma y que un público amplio lo disfrute, lo entienda, se lo pase genial riéndose y a veces con alguna lágrima.

 

Veljekset (2011)

Antes vimos Veljekset (2011) de Mika Kaurismaki, basada algo en los Hermanos Karamazov. Aquí el padre es un borrachín que va a celebrar su cumpleaños y los tres hermanos, hijos de diferentes madres, se encuentran después de muchos años. Hay un cura que también le da a la botella, una chica rusa con la que el padre quiere casarse y otra del lugar que lo pasa bastante mal. Dan un poco ganas de ponerse a pasar el aspirador en ese desastre de casa, aparte de que el concepto de fiesta finlandés sea beber sin tasa y comer un pastel sin haber puesto antes un mantel, unas servilletitas, una música, algo. Ya digo:  todo muy desastrado. Por lo visto no hicieron guión, se trataba de improvisar. Y se nota en el resultado.

 

La conquete (2011) de Xavier Durringer es más un documental que una película sobre Sarkozy y su llegada al poder así como el tira y afloja con su mujer (y el tira y afloja con Villepin, Chirac, etc.). Personalmente creo que el político francés es, entre otras cosas, un gran seductor, cosa que se le escapa a esta cinta donde está todo el tiempo  enfadado y no llegas a entender bien su capacidad de atracción.

 

Cumbres Borrascosas, Wuthering Heights (2011)

El miércoles vimos una versión libre, libérrima diría yo, de Cumbres Borrascosas, Wuthering Heights (2011) de Andrea Arnold. Es un catálogo visual de texturas fantástico: pelo de Catherine, piel de Catherine, las heridas de Heathcliff, el brezo, el barro que se pega, las plumas de los pájaros, la maderas con marcas, las telas, mantas, etc. Sin diálogos casi. Con mucho viento, como no podía ser menos. Y muchísima borrasca, quizás demasiada. En fin, unas cumbres borrascosas donde las estampas son preciosas, pero el argumento –el que fuera, el original u otro, adaptado, nuevo, el cuento, lo que se narra, vamos- a mi entender se le ha ido de las manos. Es una pena que tan excelente equipo de profesionales con una dirección de fotografía tan buena no desemboque en contar una historia de la que podamos entender algo, o al menos acercarnos.

 

Terrados (2011)

Terrados (2011) de Demian Sebini dicen los que la han hecho que es la precuela del 15M. Cuenta el modo en que unos desempleados de treinta años o veintipocos universitarios casi todos se pasan el día: en los terrados, al sol. Son parados sin hijos y cobran el paro. Quizás por eso el agobio no tenga nada que ver con otros parados de otras edades o con hijos y responsabilidades. Estos simplemente fuman porros, toman el sol, beben, juegan en los tejados, hacen taichi y hablan. Están un tanto confusos y alguno cabreado. Al final parece que Leo, uno de los protagonistas, va a hacer algo, pero ahí se acaba Terrados (2011), no te dicen lo que hace.  Como antes Leo ha hecho una especie de plante o sentada silenciosa y pacífica en un despacho de abogados donde le dijeron que fuera con corbata y afeitado –y la chica era una borde, eso vaya por delante- no estás muy segura de si va a montar el movimiento 15 M pasando del despacho a una plaza o va a montar una empresa, como otros de sus amigos, el único no licenciado, que está trabajando en una cooperativa de economía sostenible entre veintitantos y parece el único con entusiasmo por algo.

 

 

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