Cuentos populares de la madre muerte.

Por Alfredo Llopico.

 

 

Ay, muerte de mi vida

¿De dónde venimos? y ¿Adónde vamos? son las grandes preguntas que nos hacemos. Quizá la respuesta es la misma: venimos y vamos a un lugar que desconocemos. ¿Quizá ese lugar es el mismo? Así lo creían el hombre y la mujer cuando aprendieron a cultivar la tierra. De la Madre Tierra nacía todo y a ella todo regresaba para volver a dar vida: y es esta antigua forma de entender la muerte, como algo necesario, la que permanece en los cuentos populares de todas las culturas.

 

 

Esas son las preguntas a las que busca dar respuesta el trabajo de la escritora y filóloga leonesa Ana Cristina Herreros, especialista en cuentos populares y en el romancero, que ha dejado a un lado las brujas y los monstruos para perseguir a la muerte a través de 25 países y 44 relatos populares con ‘la dama de la guadaña’ como protagonista, personaje cercano y nexo de unión entre los cuentos recopilados en lugares tan diversos como el Tibet, Cuba, México, Groenlandia, China, Irlanda, Japón o Marruecos, además de España. Con esta apuesta de Siruela por publicar aquellos temas de los que nadie habla se pretende devolver a la muerte su significado primero: una Muerte que, como nuestra madre, nos acompaña desde que nacemos, que trata a todos por igual y que nos permite descansar cuando el tiempo hace que la vida nos pese. Una Muerte que actúa con justicia, se enamora, es burlada, es amiga, y también una muerte de la que a veces regresa… o que nunca llega.

 

 

En estos 44 cuentos (no hay que olvidar que el cuatro es el número de la muerte en la Cábala, y en China es el 44), prevalece la idea de una muerte que carece de connotaciones negativas, que se aleja de la idea del miedo y del pecado para considerar la idea de una muerte acogedora que ha pervivido en las tradiciones orales de todo el mundo, donde la muerte se celebraba tanto como la vida. Sin embargo, la imagen de la muerte empieza a empeorar, según Herreros, con el paso de la cultura rural y agraria a la urbana, un lugar de asfalto que nada nos enseña de la vida porque en él nada germina ni nada se entierra. Un lugar que se aleja de la muerte a través de los modernos tanatorios, donde se escamotea el duelo, el dolor y la imagen de la muerte, mientras que la tradición del Día de los Difuntos, que servía para recordarlos, se ha sustituido por la importada moda del Halloween.

 

 

Una oportunidad para conocer relatos y leyendas rescatados del olvido que, en algunos casos, se forjaron en la hoguera paleolítica y que fueron pasando de padres a hijos durante milenios, cuentos populares donde la muerte no se oculta, donde la muerte se mira cara a cara, sirven para vivir y nos devuelven a los tiempos en los que el hombre tenía confianza en el otro, sin miedo. No en vano, Ana Cristina Herreros resume lo estimulante de estas leyendas con una historia de principios de siglo: durante el estalinismo descubrieron que en un barracón de un gulag, los presos no morían. En esa nave, cuando sonaba el toque de queda y todo quedaba en silencio, una mujer se sentaba en su jergón y comenzaba a contar un cuento. Durante el relato, la gente que allí se hacinaba escapaba de su destino y vivía una nueva vida gracias, dice la autora, “a esos cuentos populares en los que la muerte no se oculta, se mira de frente sin miedo, sirven para vivir”.

“Cuentos Populares de la Madre Muerte”, de Ana Cristina Herreros. 224 páginas, Editorial Siruela, 2011. 19,95 €.

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