Entrevista a Angelica Liddell en el Festival Internacional de Buenos Aires

Por Jana Pacheco.

Entre el 24 y el 8 de octubre se celebró la Octava Edición de FIBA, Festival Internacional de Buenos Aires que contó con 34 espectáculos nacionales y 14 internacionales. Países como Alemania, Brasil, Chile, España, Francia, Reino Unido, México, Suiza y Uruguay acudieron a la cita.

España estuvo presente con el concierto de Estrella Morente y el espectáculo teatral de Angélica Liddell, Yo no soy bonita, una obra que por su temática de género suscitó una gran polémica. Su arriesgada puesta en escena despertó la curiosidad de los porteños que acudieron a charlar con la artista en un coloquio ofrecido el día siguiente a la función.

Yo no soy bonita nace de una historia real. Angelica Liddell narra el acoso sexual que sufrió con nueve años. En una coreografía de dolor y resentimiento denuncia la humillación a la que se ven sometidas muchas mujeres en su vida diaria. La actriz a través de un monólogo oscuro realiza un ritual de pietismo en el que llega a la autolesión real en escena, algo que despertó reacciones muy diversas en el público. La entrevista colectiva fue muy enriquecedora para conocer algunos de los aspectos más interesantes de la obra:

 

¿Cómo podemos poetizar todos esos actos tan bajos, tanto del hombre como de la mujer sin llegar a la autolesión?
Efectivamente es necesario poetizar. La búsqueda de lo bello es una manera de hacer justicia. Para mí la belleza es aquello que aparece cuando la justicia no existe o cuando la decepción lo ha llenado todo. Entonces trabajo con la belleza y la idea de poetizar. La poesía es el vínculo necesario con la emoción y con el conocimiento del mundo.

 

¿No sin pasar por el horror?
A veces por muy horroroso que sea aquello de lo que estamos hablando inevitablemente el resultado es algo bello. Lo bello no es lo bonito exactamente, es un estado misterioso y crítico de las cosas ante el misterio. Eso es la belleza y eso a veces pasa por lo horrible.

 

¿Es necesario utilizar la violencia?
Yo no creo que haga un teatro violento, lo violento es el recuerdo. Si no hubiera existido la humillación no habría existido Yo no soy bonita. La humillación se vincula con una voluntad estética y esa unión de la vida y la voluntad estética lleva a una elección en mi manera de trabajar. Para mí la sangre no es provocar, es utilizar otro medio. Al principio yo no me cortaba las rodillas, me corté las rodillas por amor. Después esa acción me llevó a la humillación y por eso permanecen los cortes. Esta obra pertenece a la tetralogía de la sangre, hay cuatro piezas en las que yo me corto. Esto no lo trajo Derridá ni el Accionismo Vienes, lo trajo una historia de amor. Para mí es una forma de hacer pornografía del alma y romper la barrera del pudor, es una forma de hacer política con mi cuerpo.

 

¿Podríamos hablar de obscenidad? ¿Hay algo demostrativo dentro de escena?
Si queremos hablar del fango humano no podemos hacerlo desde el punto de vista de lo moral. Cuando quieres abordar al ser humano no hay redención posible, no existe protección ante las posibilidades de lo humano. Tenemos que romper el pacto social y lo obsceno lo rompe y lo devuelve de una manera agresiva. Es una manera de devolver todo el daño que uno siente.

 

¿Qué te hizo ser aceptada por el público? ¿La gente entendió más tu teatro?

¡Qué sé yo! Me pilló con el trabajo hecho. Hemos sido unos resistentes y unos supervivientes. Cuando el público se identifica con lo que le estas proponiendo en escena da igual el festival que te haya llamado. El público no cambió, simplemente se llenan los teatros, no es más complaciente ni menos. Pero yo no puedo hablar por el público, yo mantengo el diálogo mientras estoy en escena.

 

¿Han influido las instituciones o el momento actual?
Europa se hunde. Nuestra puesta en escena de Ricardo III nació en un momento en el que había que encarnar al mal. Aquel año se estrenaron 100 Ricardos III, todos necesitábamos decir que Adnar era Ricardo III porque estaba colaborando con Estados Unidos para hacer el mal en el mundo. Pero al margen de esto, las obras son relaciones íntimas, privadas, compartidas con mucha gente; es una unión de voluntades. La política o la economía, el espíritu de los tiempos influye a la interpretación. La realidad social en México fue fundamental cuando hicimos Yo no soy bonita. Somos seres sociales, aunque yo hago propuestas antisociales porque no tengo sentimiento de pertenencia, pero soy un ser social y recibo las mismas agresiones.

 

¿El hecho de no salir a saludar al final del espectáculo implica que eres tú quien finaliza la obra?

No acabo en condiciones en saludar. Hay obras en las que saludo porque hay una ruptura entre la obra y el después, pero en obras como esta no interrumpo el flujo, salgo del escenario y entro en una serie de espiral que me llevo hasta el hotel.

 

¿Cual fue tu sensación al salir del teatro?

Esto es lo más difícil de contestar. Primero me extraña muchísimo que la gente se escandalice más de una obra de teatro que de la realidad. Lo que verdaderamente es un escándalo es la violación. Como decía Heiner Müller “la violencia de un escenario sirve para combatir la violencia real” Describir mis sensaciones es muy complicado porque transito por otros lugares internos que no me permiten darme cuenta de lo que pasa en el público. Transito territorios para conectar con lo peor de mí. Eso sí, no podría hacer ensayos generales sin espectadores porque ellos le dan sentido a todo lo que pasa en el escenario.

¿Yo no soy bonita es la aceptación de la corporeidad? ¿Te sientes bonita?
(Risas) No tanto como yo quisiera. (Risas y silbidos) Yo no soy bonita es la frase de una canción popular. Es una metáfora para que el barquero me deje pasar gratis. A mí me da mucho asco el puto paternalismo; que estés dirigiendo una obra con 44 años y te digan “Cariño, como quieres que pongamos esto” Y esto todavía lo tengo que escuchar y yo no quiero ni que me llamen cariño ni que me apacigüen.

 

En este tratar de mostrarte como mujer, me haces ver, como hombre una exposición en la que me obligo a reflexionar sobre cómo entender al sexo contrario.

Claro, siempre es posible ponerte en el lugar del otro, sino Flaubert no habría escrito Madame Bobary, pero tú nunca escucharás “Cariño, te gusta como está esto”, eso sólo lo puede sentir una mujer en el mundo, igual que yo no sé lo que significa ser negro. Las experiencias y la acumulación cotidiana unida a la experiencia estética te dan la posibilidad de devolver y utilizar tu cuerpo con la rabia de una tormenta.

 

¿Con qué consigna entraste en la sala de ensayo? ¿Es tu cuerpo una herramienta artística para llegar a nosotros?

En la creación artística las mujeres trabajan mucho con el sexo porque te sientes cosificada, porque lo normal es sentir miedo cuando caminas por la noche sólo por nacer con una vagina. Yo no soy bonita parte de la indignación, del asco. Ha llegado un momento que yo utilizo mi cuerpo para escupírselo a la gente después de tanto se mujer.

 

Yo como mujer sentí también esa peligrosidad dentro de tu obra porque en todo momento había un estado de alerta, de momentos impredecibles. Eran como momentos íntimos logrados enfrente de quinientas personas mirándote. ¿Cómo se consigue eso?

La tragedia es poner un acto privado en un espacio público.

Al final de la entrevista, en mi grabación se escucha: “Es lo mejor que he visto en mucho tiempo” “Es la mejor puesta del festival” Entre el público alguien pregunta:
¿Podemos aplaudir? Y Angelica contesta ¡Podéis aplaudir!.
Desde Argentina te damos las gracias por compartir tu forma de ver el mundo

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