Sara Montiel en Hollywood

Por Luis Muñoz Díez
 

La responsable de que yo escriba esta columna, y a ella se la dedico, es la escritora María Zaragoza, nacida en Campo de Criptana como Sara Montiel. Llamada a ser otra manchega universal de piel de ángel para ser la perdición de los hombres.

 

En su “galería de las mujeres que fue” apareció una foto de Sara coronada como una virgen, y esa imagen me llevó otras imágenes en un juego cinematográfico de plano contra plano, encadenados y fundidos.

 

Sara Montiel es un arcano de difícil lectura y hay que tener mucha información para distinguir entre las variadas vidas que ha vivido en una misma existencia, y si nos atenemos a lo que ella cuenta no hay más certeza que la del desconcierto. La primera imagen que recuerdo de la estrella manchega es una foto aparecida en un dominical cuando aún era un niño. La estrella, me enteré con los años, inauguraba “otra vida” y se subía a un escenario para interpretar las canciones que le habían dado fama mundial, susurradas ante las cámaras de cine.

 

Pasaba de los cuarenta, pero ese no era mayor problema y su figura contaba con varios quilos de más que desdibujaban las curvas que habían hecho derrapar al género masculino, mostraba, en un generoso escote, dos pechos de similar tamaño a los que solo había visto en los ninots de las fallas valencianas. Después, la he visto envejecer con marabú enrollado al cuello, poniendo boquita de piñón o con un puro en la boca, sus manos pequeñas cargadas de anillos y unas uñas combadas hacia la palma de la mano. La última imagen, antes del hallazgo de la mítica imagen que me redescubrió mi niña María, pertenece a un programa en que entre gritos y descalificaciones discernía con otra estrella de su edad a cual de las dos artistas se tenía más aprecio, jaleadas por un grupo de “periodistas”. El aspecto de la famosa actriz se aproximaba más a una exvedette avejentada y siliconada que hubiera desarrollado una digna carrera en el  circuito del Plata zaragozano, el teatro Ruzafa de Valencia o la Latina de Madrid, que a una exquisita belleza que hubiera cumplido años.

 

En mi desconcierto de quién era Sara Montiel he de aclarar que cuando rodó sus última película estaba lejos de tener edad de entrar en una sala para mayores y pertenezco a una generación de una sola cadena de TV, en que las películas llegaban con los doce años de rigor que marcaba la ley.

 

Sara Montiel con James Dean

Hay dos actrices a las que no aprecié en su debido valor de icono sexual que fueron en su momento, ni aprecié su carga erótica cuando andaba de estreno con mis instintos, y jamás hubiera imaginado que debajo de las túnicas de rica tela de Elizabeth Taylor y Sara Montiel, que veía en las revistas del colorín tocadas de turbante, se escondiera un icono sexual de un esplendor tal que hubieran modificado el sueño de los hombres de los cinco continentes. Esas matronas, porque las dos estrellas tenían como enemigo la báscula, de belleza innegable, cargadas de joyas, tenían un pasado, un pasado esplendoroso. A Elizabeth Taylor la descubrí en De repente el último verano (1959), de Joseph L. Mankiewicz, y a Sara Montiel en Piel canela (1953), de Juan José Ortega. Ambas películas las vi en la filmoteca. Repasando fotos de la actriz española, entendí que tenía la sensualidad de Rita Hayworth en Gilda (1946), de Charles Vidor, y una sonrisa comparable a la de Marilyn Monroe, pero la imagen de su presente no me permitía apreciar su pasado.

 

Sara Montiel Saritísima, como la apodó Terenci  Moix, encierra varias mujeres en una misma, pero entre todas esas mujeres hoy sólo quiero echar el foco a la que va entre Piel canela (1953)El ultimo cuplé (1957), porque es para mí  la más desconocida y porque, como se puede apreciar por las fotos que ilustran este escrito, era de una belleza fuera de norma que paraba el tráfico. No me interesa ni la joven amante de Miguel Mihura, que derretía con su escote a la flor de la intelectualidad en Chicote, ni su época de Cifesa encarnando a la mora que trae por la calle de la amargura a Juana la Loca en Locura de amor (1948), de Juan de Orduña, doblemente traicionada por Felipe el Hermoso, como esposa y como cristiana.

 

Armando Del Moral, director de la MGM, ElisabethTaylor y Sara Montiel

Al equívoco de quién es contribuye ella misma con toda suerte de declaraciones que hacen desequilibrar el sentido común, por ejemplo, atribuyéndose amantes que por la edad difícilmente podrían cumplir como tales, como es el caso de Severo Ochoa o León Felipe, como afirma la actriz “ellos fueron otoño para mi eterna primavera”, y como casi todos descansan cada noche en un panteón nadie puede argumentar nada, y mentir miente cuando dice que cobraba un millón de dólares por película en Hollywood, era bellísima y popular pero no llegó a consolidarse como estrella, pero la razón contundente es que fue Elizabet Taylor la primera en cobrar esa cifra cuando rodó Cleopatra (1963).

 

En una ocasión, un periodista cuyo nombre lamento no recordar que escribió unas memorias al dictado para una revista, afirmaba que después de hablar con ella no se atrevió a incluir una confidencia de la diva, que aseguraba que Fidel Castro había hecho desviar un avión con el fin de que tuviera que aterrizar en la isla y así poder conocerla, el periodista creyó que mentía, porque lo había hecho fragantemente con otras pequeñas cosas, y precisamente en una afirmación tan increíble, por lo que pudo saber después, podía haber algo de verdad, e igual declaraba a Vázquez Montalbán que ella era socialista de toda la vida en un época en que ese comentario podía traer problemas legales. Llegada la democracia se presentó en un homenaje a Cristóbal Martínez Bordiu, “yernísimo” de Franco, para pasar a contar emocionada cuando iba a la cárcel en Orihuela a llevar algo para que comiera el poeta Miguel Hernández, o que después de su boda en Roma, afirma que el mismísimo Papa al enterarse que se iba a retirar, le dijo al marido “ya no vamos a poder disfruta de ella”, y sin tartamudear afirmaba en sus memorias, y lo recoge en una entrevista la periodista Elena Pita, “Franco era un señor con muy buen tipo” y de Fraga dijo que estaba buenísimo: “Perdona, pero eso sí, estaba como un tren con viajeros incluidos. Y aún ahora tiene una pinta muy vistosa. Y mira que yo tengo buen ojo para el hombre”, y de ahí de nuevo a León Felipe y a los exiliados de la Republica española en México. Alguna vez he pensado que estos desvaríos incontestables no se le han ocurrido ni a ella, que todo pertenece a un mal consejo de la mitomanía de alguien o al mero deseo de hacer caja y llamar la atención.

 

Si Sara contará escuetamente la verdad con coherencia y rigor sería suficiente para ocupar el puesto que ocupa en las cinematecas del mundo, y con su marabú y el humo de su puro es como un calamar que echa tinta y camufla su grandeza de mujer de bandera, de estrella de Cifesa, de haber sido un mito sexual catapultado de México a Hollywood, de haberse casado con un director de prestigio como Anthony Mann y haber frecuentado la intimidad de todas las luminarias de la meca del cine de los años cincuenta.

 

Sara en "Piel Canela"

Cuando llegó a México en la denominada “Época de Oro del cine mexicano”, que abarcó de 1935 a 1958, la industria azteca era las más poderosa de habla hispana y en Hollywood estaban muy al tanto de las producciones del país vecino, así el éxito de Cárcel de mujeres (1951), de Miguel M. Delgado, y Piel canela (1953), de Juan José Ortega, le sirvió para entrar en Hollywood por la puerta grande y rodar con el legendario Robert Aldrich Veracruz (1954) con Gary Cooper y Burt Lancaster, Ernest Borgnine Charles Bronson, y con esta sola película y un papel en principio secundario, Sara Montiel desbanca a la protagonista Denis Darcel, se consagra y se hace popular entre el publico americano.

 

Rechazó un contrato con la Columbia Pictures,  uno de los grandes estudios de la época, y así llegado el momento Sara tendría libertad para regresar a España, y sería un contrato firmado en España con Cesáreo González lo que truncó su carrera americana, y  la lista de películas que no rodó pertenecen a la mitomanía de quien lo cuente, pero lo cierto es que no pudo rodar con su marido Anthony Mann la superproducción de El Cid (1961), y la Jimena fue Sophía Loren, pero eso ocurriría en el año 1961 y esa era ya otra Sara Montiel.  Su segunda película en Hollywood es Serenade o Dos pasiones y un amor (1961), de Anthony Mann, con Mario Lanza, Joan Fontaine y Vincent Price. En el rodaje de esta película conoció a Anthony Mann, que fue su marido hollywoodiense, como correspondía a esa vida de Sara Montiel, y se hace amiga de los actores de los estudios de Warner Bros, en aquella época los rodajes se prolongaban durante meses y las estrellas vivían más tiempo en sus lujosos camerinos que en su propia casa. En el mismo estudio rodaban Elizabet Taylor y James Dean Gigante (1956), de George Stevens.  Una foto de Sara Montiel, totalmente Marilyn en moreno, con el rebelde sin causa James Dean, dio la vuelta al mundo, porque era la última imagen tomada al actor con vida, antes de su trágica muerte. Marlon Brando también fue confidente y compañero de estudio, el actor rodaba con Glen Ford  La casa de te de la luna de agosto (1956), de Daniel Mann, quedó prendado por la belleza de la manchega  y quiso tenerla como protagonista en El rostro impenetrable (1961), única película que dirigió el actor, pero el último trabajo de la actriz en Hollywood es Yuma (1957), primera versión de Bailando con lobos (1990), dirigida por otro director mítico, Samuel Fuller. Sara encabeza el reparto junto a Rod Steiger, interpretando a una india sioux y vuelve a trabajar con Charles Bronson.

 

Sara con Gary Cooper en "Yuma"

Sara estaba asentada en Hollywood, casada con un prestigioso director americano y pertenecía a la meca del cine de los cincuenta. El mismo año que rueda Yuma (1957), viene a España para pasar unas vacaciones y Juan de Orduña le ofrece rodar El último cuplé (1957). Al director, la actriz de Campo de Criptana, le debe la confianza que depositó en ella al darle el papel de mora en Locura de amor (1948), película muy taquillera y que la hizo muy popular en Hispanoamérica y fue el garante de sus primeros trabajos en México. Sara acepta una película en la que la protagonista cantaba, pero las canciones iban a ser dobladas, y unos dicen que por cabezonería de Orduña, otros que por falta de presupuesto, los temas los susurró la Montiel, y acabado el rodaje volvió a Hollywood. El último cuplé (1957) se estrena en Madrid sin demasiada publicidad y en malas fechas, porque nadie confiaba en un melodrama con canciones, pero el público queda cautivado, no sólo con la belleza de la actriz sino también con su peculiar voz. Sara vuelve a España en loor de multitudes y ese fenómeno se repetirá en cada país donde se estrena la película, e inicia una carrera de estrella sin precedente, se convierte en un producto exportable con un sello personal y no sólo en Iberoamérica, traspasa los pirineos pasando por Europa, llega a Rusia y a Japón. Se venden una docena de películas calcadas una de otra única y exclusivamente por ver sufrir a la diva en brazos de Raf Vallone Maurice Ronet. De cine popular pasó a cine de culto, bendecido puesto y repuesto en las filmotecas europeas y un éxito sin antecedente para la industria española, que sólo ha tenido continuación pasados los años con otro manchego universal, Pedro Almodóvar.

 

Sara dijo: Cuando llegué a España para hacer El último cuplé (1957), presentí que aquello podía ser lo que tanto había esperado, más importante incluso que rodar en Hollywood junto a los grandes del Séptimo arte. Yo tenía que ser yo misma, como me habían alentado a lograrlo Pablo Neruda, León Felipe y Alfonso Reyes

 

Igual ese era su sino, quedarse en España, liarse el Marabú al cuello, fantasear con lo que pudo ser y no fue, como si con lo que ha sido no la bastase, y fumarse un puro. Pues larga vida para Sara Montiel y gracias María Zaragoza por recordarme que había otra Sara Montiel detrás del humo de sus puros.

 

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4 respuestas a Sara Montiel en Hollywood

  1. señor Luis tiene mucha razón en algunas cosas sobre sara montiel es la actriz mas compleja que ha podido tener el mundo del espectáculo el problema que puede a ver cuando se abla de esta señora es que todos repiten lo que ella cuenta una y otra bec a sabiendas de que no es cierto yo creo que la mentira es mentira la diga quien la diga no por ser Sara Montiel es menos mentira y mas cuando cobras por ello yo que la e seguido desde que tenia 14 años y hoy tengo 61 creo que no merecemos el ser engañados de esa forma solo le pedíamos que fuera sara montiel no que nos contara que se abia acostado con determinados personajes aun antes de a verlos conocido y si nos vamos a los abortos 11 sin contar los que tubo no tubo principios a la hora de manipular su vida una persona muy allegada que compartió su vida con ella me dijo quiérela acmirala pero nunca llegues a conocerla y ese fue mi error el llegar a conocerla mas que ella misma vuelvo a de cir solo queríamos que fuera Sara Montiel no que fuera la reina de los carnavales de el engaño y la mentira como dice maruja diaz mientes mas que parpadeas se an convertido en las gemelas ahora tenemos dos abuelitas charles ton estoy apunto de terminar el libro que estoy escribiendo recuerdos para una vida una vida para recordar donde no tengo que imVentar nada solo averiguar si es cierto de el resto se encarga ella misma como dijo Enrique Herreros padre la enemiga de Maria Antonina es sara montiel no supieron compaginarse entre ellas mismas sara montiel se comió a Maria Antonia Sara en muchas ocasiones a dicho que savia que el ultimo cuple seria un éxito si ella y su marido tenían esa certeza como es que no se aliaron a Juan de Orduña que permitieron que la diera por tres millones de pesetas si tanta confianza tenia en ese trabajo como lo dejo pasar que solo cobro ciento cincuenta mil pesetas de el millón seiscientas mil que en un principio iba a cobrar Sara Montiel solo abra una para ser recordada si Hacemos lo que el mono oír ver y callar solo que hay un pero siempre que Yo como admirador tenga que pagar sus mentiras tengo derecho a protestar v R C

    VICENTE REQUENA
    12 diciembre 2012 at 15:51 pm

  2. Con todo el respeto que se merece, me he quedado atónita ante el hecho de que pretenda escribir un libro usted, lee lo que escribe, la mala redacción y los horrores ortogrfáicos que tiene no sea descarado por favor.

    Por otro lado,deje a Sara Montiel en paz es y sera una leyenda y una de las mujeres mas bellas del mundo.

    Moyra
    19 abril 2013 at 2:44 am

  3. UYYY Pero com han conocido a Sara Montiel personas ahora….kikikikiki!!! Y usted esta escribiendo un libro? Sobre la senora Montiel? Hijo, si por lo que vas a tener que pagar a un editor pa que te corrija semejante enjendro no vas a sacar un centimo del dicho pedazo de mierda que tienes planeado….Oye, y tu la conocias asi tan bien como dices? De veras? Y parece que te caia muy bien, verdad? Y tu si que sabes con quien se acosto Sara y con quien no verdad? Bueno quizas tengas razon…..porque claro…Como La Montielota era una de las mujeres mas feas de su epoca y los hombres tienen tan buena conciencia y respeto a las mujeres cuando estan calientes….pues nada….Que quien se acostaria con Sara? Oye, tu eres mariquita verdad? No que me importe….pero dime…que puedes saber tu de hombres y mujeres? Dejate de tonterias y ponte a cantar eso de “Si hablando asi de mi vas a las gente”…..Oye, y yo si que no escribo Castellano….Y mira…..lo hago mejor que tu….Ok si no quieres cantar….REGRESA AL COLEGIO FULANO!!!

    Erika
    5 junio 2013 at 6:54 am

  4. Más valiera que la valorará más usted y España entera. Sara fue la única diva que tuvo el cine español de renombre internacional. Ella subió el cine español sus películas duraban años como las de sus colegas americanas. Izo diez coproducciones. De las quince películas que rodó después de El Último Cuple. Más respeto con Sara sr. Analfabeto

    Jose Maria
    11 abril 2016 at 23:12 pm

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