Entrevista a Juan Carlos Méndez

Por María Anaya Volpini

 

Fotografías de Pablo Álvarez

 

 

Chulapos Mambo

Juan Carlos Méndez Guédez

Editorial Casa de Cartón, 2011

288 páginas

P.V.P.: 17,00 €

 

Juan Carlos Méndez por Pablo Álvarez

Chulapos Mambo cuenta la historia de tres hombres muy distintos cuyos caminos se cruzan en un irrespirable verano dentro del madrileño barrio de Salamanca. Henry, un escritor caribeño que aspira a escribir “su gran obra” en Madrid (aunque por el momento sea incapaz de redactar dos párrafos seguidos) y que intenta inspirarse sumergido en litros de alcohol y torpeza existencial. Alejandro, un empresario sin escrúpulos y con orígenes canarios, de los que reniega hasta el punto de dar clases de dicción para borrar de su cuerpo todo rastro de las islas. Y por último Simao, un atractivo joven del mismo país que Henry, imbuido de una aparente inocencia en la que afloran ecos de un egoísmo muy similar al de los otros dos protagonistas.

El humor negro recorre esta historia donde no encontramos a ningún personaje con el que uno desearía cruzarse por la calle. Juan Carlos Méndez reivindica así la novela humorística y reniega de la ternura con la que solía acomodar a sus personajes dentro de sus conflictos en novelas anteriores. Madrid visto desde ojos caribeños, las islas Canarias como nexo de unión entre nuestros dos mundos hermanos y una serie de catastróficas desdichas nos mantendrán pegados a las páginas de Chulapos Mambo de la primera línea a la última.

En una mañana madrileña mucho más apacible que las relatadas por Juan Carlos, nos encontramos en la librería Tipos Infames para hablar de este nuevo libro, de viajes por mar, aire y recuerdos entre el nuevo y el viejo mundo.

Empecemos por el principio. ¿Cómo surgió esta novela?

Pues tenía muchas ganas de hacer una novela cómica al estilo inglés, porque la literatura en español muestra muy poco aprecio hacia este género, aunque en el pasado encontramos autores muy relevantes que la trabajaron con maestría, como Jardiel Poncela. Yo quería recuperarla y hacer un libro para divertirme.

Juan Carlos Méndez por Pablo Álvarez

En la novela hay tres personajes y cada capítulo nos va situando en el punto de vista de cada uno. Sin embargo el narrador permanece en tercera persona para dos de ellos y sólo se acerca a la primera persona con Simao ¿A qué se debe?

 

Al tratar personajes con identidades tan diversas, necesitaba enseñar la historia desde el punto de vista de cada uno. Simao era el único personaje que se prestaba a la primera persona. Si lo piensas, Alejandro (el empresario) es demasiado cínico y Henry (el escritor) es tan patoso… y además tiene un discurso interminable sobre su “gran obra”. Para ellos dos la tercera persona me permitía mostrar cosas que estos personajes jamás le habrían contado al lector de haber tenido voz propia.

Tanto en este libro como en otros anteriores vemos que te interesa mucho el tema del cambio de estaciones en Europa. ¿Es algo que llame especialmente la atención a quien viene de fuera?

 

¡Desde luego! Vitalmente es una cosa que me fascina. Era algo que yo no tenía antes. En Caracas hay una temperatura constante y un sol maravilloso, pero me gusta muchísimo el cambio de estaciones porque me da una impresión de ciclo de vida. Algo que para vosotros es natural, para mi sigue siendo una sorpresa, porque cada una te remite a determinadas sensaciones y responde a un estado de ánimo particular. Además creo que también sucede a la inversa, las estaciones responden a nuestro ánimo, de manera que en pleno invierno podemos tener días veraniegos, primaverales… según nos sintamos.

Por otro lado, la estación nos condiciona y además sirve como marca temporal. En España yo tuve que aprender que lo de cambiar de ropa y de comida no es por capricho, lo descubrí un día de verano en Salamanca que se me ocurrió vestirme de invierno. La ropa, la comida… cambian con la estación y nos señalan los cambios dentro del ciclo.

En cuanto a los autores que te atraen más y se relacionan con esta novela…

 

De la novela cómica inglesa me atraen Tom Sharpe y David Lodge, pero en esta historia he hecho un pequeño homenaje a autores en lengua española a los que tengo mucho aprecio y cariño. Les he invitado a pasear por la novela, aunque ellos aún no lo saben y, salvo Iwasaki, no tienen relación con este tipo de texto. Los autores con los que compartes tu tiempo se convierten en una suerte de familia

También ha influido en este caso Manuel Longares, que trabajó el barrio de Salamanca en la obra “Romanticismo”. En cierta forma “Chulapos Mambo” es una suerte de continuación, aunque yo no conozco el barrio de Salamanca ni de lejos tan bien como Longares. Sin duda la ciudad se ha ido moviendo, ha cambiado.

Juan Carlos Méndez por Pablo Álvarez

¿Cómo habría sido la novela si los protagonistas fuesen mujeres?

 

En realidad no somos tan distintos. Salvo en el tema de la fuerza física, e incluso eso depende de qué mujer y de qué hombre… pero en el fondo las escritoras ambiciosas que conozco son iguales a los escritores ambiciosos y entiendo que una mujer ambiciosa al frente de una empresa importante se comportará de manera muy similar a un hombre en la misma posición.

Nos alivia pensar que el sexo da pautas de conductas muy distintas y más o menos analizables. Pero yo creo que es más complejo que eso, hay muchos tipos de mujeres y de hombres. La novela habría sido bastante parecida con protagonistas femeninas, quizá algunas escenas habrían variado un poco… algunas escenas etílicas habrían sido algo distintas, porque una mujer biológicamente aguanta menos cantidad de alcohol, los gestos habrían variado, pero el fondo de los personajes habría sido igual.

Algunas autoras como Laura Freixas dicen que la mayor parte de la literatura que conocemos está hecha por hombres y al final no encontramos mucha literatura que mire el mundo desde el punto de vista femenino. Experiencias como el embarazo no son contadas normalmente en la literatura.

 

Laura tiene razón, hace falta una literatura que mire el mundo desde la especificidad de lo femenino. Yo tengo una novela contada desde el punto de vista de una mujer, “Árbol de luna”, en la que la protagonista es muy pilla y se hace la tonta siendo muy lista. Eso también es un condicionante social, si fuese un hombre probablemente trataría de hacerse el listo siendo muy tonto. Me interesa mucho este tema y tengo un par de proyectos de novela escritos desde el punto de vista femenino. Sin duda avanzar en ese aspecto sería algo muy positivo en España.

El personaje de Henry, el escritor, es incapaz de escribir durante casi toda la novela. ¿Te ocurre esto a ti alguna vez? ¿Cómo se sale de ese estado “en blanco”?

 

La verdad es que a mí nunca me ocurre eso. Tengo cantidad de ideas y proyectos, mi problema es más bien de exceso. Me da la sensación de que la vida no alcanza para hacer todo lo que quisiera, ahora mismo tengo ideas para cuatro o cinco novelas. Vivo la escritura como un placer muy profundo y como todo placer también con cierta carga de angustia. Si no tuviera ideas sería… no sé, la muerte, yo que sé. ¿Qué haría de diez y media de la noche a una?

Eso te iba a preguntar. ¿Cómo encuentras el tiempo para escribir entre el trabajo y la familia? ¿Tienes una disciplina muy marcada?

 

Si, escribo de diez y media a una cada día y los fines de semana. Mi hija es lo único que me puede desviar de la escritura, porque está por encima, pero del resto… todos los elementos de mi vida los condiciono en función de la escritura. Escribir me ha hecho una persona muy feliz y agradecida.

¿Crees que en Madrid se encuentra gente como los tres personajes de la novela? ¿Tenemos todos los madrileños algo de estos tres hombres tan egoístas y exagerados?

 

Si claro, en Madrid y en todo el mundo. La novela cómica exagera y caricaturiza, pero todos tenemos esta capacidad monstruosa, se trata de “iluminar las heridas”, ver cómo somos y reírnos un poco de ello.

En mis novelas anteriores siempre hay una reivindicación de la ternura, el amor, la amistad… en ambientes hostiles. Así que en esta novela quería darle la vuelta a eso y presentar a unos personajes con los que no te irías ni a tomar un café, son unos canallas profundos. Incluso el tema del amor resulta desagradable dentro de la historia, está rodeado de cinismo. Quería darle la vuelta a mis temas, que en esta aparecieran en un sentido completamente diferente, en otro tono. La amistad como una imposibilidad, el amor como una negociación o un trastorno digestivo y la ternura totalmente ausente.

Juan Carlos Méndez por Pablo Álvarez

Profundizando sobre el tema del amor. Rilke decía que es el tema más difícil sobre el que se puede escribir. ¿Cómo lo ves?

 

Visto desde fuera, el amor es un tema que se repite mucho, llega a ser rutinario, rodeado de diminutivos. Hay muchos discursos a su alrededor en canciones, películas, novelas… lo complicado es conseguir decir algo interesante, que perturbe y vaya más allá de la canción que escuchamos en la radio. Por eso siempre intento que en mis novelas las relaciones afectivas tengan un punto de rareza.

Las relaciones amorosas perfectas no dan para una novela, hay que vivirlas pero no sirven para la literatura. La infelicidad por el contrario da mucho juego para una novela. Como escritor buscas algo que remueva.

José Balza, en “700 palmeras plantadas en el mismo lugar” busca un nuevo tipo de relación dentro de un triángulo amoroso, una nueva mirada al tema del amor que no se encasilla en lo ya conocido. Eso es algo que me interesa mucho.

Entonces, ¿qué sientes finalmente hacia estos personajes? ¿Cómo te quedas con ellos?

Creo que son una parte nuestra y no los invitaría a tomar café.

Muchas gracias por tu tiempo y tus palabras Juan Carlos. 

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