Santiago A. Zannou: “Debemos pararnos un momento para ver quién somos, de dónde venimos y dar las gracias”

 

Por Luis Muñoz Díez.

Fotografías: Joaquín Fernández.

 

 

OCCIDENTE SE HA HECHO SOBRE LA ESPALDA DE ÁFRICA

En el cine Princesa de Madrid se proyectaba el documental La puerta de no retorno (2011), segundo trabajo del realizador madrileño Santiago A. Zannou. Nacido en  Carabanchel en 1976 debutó en el largo con El truco del manco (2008), protagonizada por Juan José MontillaEl Langui”, todo un exponente de capacidad vital, ya que a pesar de haber sufrido una parálisis cerebral, que le dificulta andar y mover medio cuerpo con soltura, ha sido capaz de desarrollar una carrera musical como líder de un grupo de hip hop, y de entrar en el mundo del cine. En  El truco del manco (2008) no hace de sí mismo, que sería lo fácil, interpreta a un buscavidas de una barriada madrileña donde el fenómeno multirracial es una realidad, y así lo refleja Zannou, que es hijo de un inmigrante africano y de una aragonesa. Es una nueva lectura de la vida de barrio y su precariedad económica, un retrato de 2008, de lo cotidiano, como lo hicieron en su momento el escritor Pío Baroja en La busca, publicada en 1904, hace más de cien años, y  han continuado haciendo los cineastas como CarlosSaura, en Deprisa, deprisa (1981) o León deAranoa, en Barrio (1998). El truco del manco (2008) fue  muy bien acogida en Zabaltegi -Nuevos directores 2008 y se llevó tres Goyas entre ovaciones y aplausos.

 

Santiago A. Zannou

 

Lo anterior vine a subrayar que la inquietud de Santiago A. Zannou está en el aquí y ahora. El se autodefine “como un chico de barrio de Madrid”, y su interés es contar lo que ve en la sociedad donde vive, la mella que hace la necesidad que degenera en violencia y el odio a lo diferente, y su próximo proyecto es Alacrán enamorado, de Carlos Bardem, donde abordará de nuevo los temas que le preocupan.

 

Cuando hablo con Santiago A. Zannou me aclarará que este documental ha sido como pararse a pensar en la pregunta eterna ¿quién soy y de dónde vengo? La puerta de no retorno (2011) es una búsqueda en Benin de las raíces de Alphonse Zannou, su padre, un joven artista que salió hace cuarenta años de su tierra buscando un futuro dejando una promesa a su madre “volveré pronto hecho un hombre”.

 

La promesa no se pudo cumplir y Alphonse  Zannou arrastra una pena y una culpa que le hace buscar a Dios, en una iglesia, en su religión vudú u orando con sus parientes musulmanes. Una culpa dura y seca de la que nadie le acusa, porque Alphonse es un hombre bueno que en la vida ha hecho lo que la vida le ha permitido, y le ha echado agallas, pero ahora con sesenta y ocho años añora lo perdido, y en esta vuelta que hace a Benin, con su hijo, en busca de lo perdido, sólo ha encontrado la tumba de su madre y la de cuatro hermanos, y a su hermana mayor, Veronique, viva y un prodigio de sabiduría natural que le anima a seguir con una orden: “No pienses tanto que acabarás llorando”

 

La puerta que da nombre al documental, es una puerta que cierra la nada, erigida junto al mar en el sitio donde embarcaban los nativos libres en un viaje sin retorno a América para ser vendidos como esclavos.

 

En este viaje en busca del lo que ya no está le ha acompañado su hijo Santiago, cámara al hombro, y ha puesto la música de fondo su otro hijo Wolfrank, para rehacer un pasado en lo que es sin duda un acto de amor a su padre. Cuando me siento a hablar con él le pregunto:

 

 

Luis Muñoz Díez: ¿Que significa para ti este viaje?

Santiago A. Zannou: Era encontrar las raíces, los paisajes y las historias que mi padre me había contado tantas noches, es como esas vacaciones que nunca has tenido.

 

L.M.D.: Es un acto de amor a tu padre.

S.A.Z: Sí, es un héroe. El haberlo sobrellevado todo guardando su pena en el corazón y haberse abierto mostrando su emoción, su dolor, su alegría.

 

Santiago A. Zannou y su padre Alphonse Zannou

Antes de hablar con Alphonse espero mi turno en el amplio hall del cine Princesa. El vacío de quién tiene más personas muertas que vivas y conoce la pérdida de lo que ya no volverá está reflejada en sus ojos negros, infinitamente tristes. Le araña una culpabilidad inclemente que se ve de lejos, es un fantasma de humo, fruto del desamparo de no haber cumplido la promesa contraída con su madre, y lo sé porque él me lo cuenta cuando me siento a su lado en ese hall del Princesa donde espero mientras su  hijo atiende a los periodistas, unas veces sólo y otras acompañado de su padre. Le conduce por el hall de los cines agarrado de la mano, lo guía como a un niño, con un infinito cariño. Santiago y Alphonse son el día y la noche, la alegría y la tristeza, la juventud y la vejez. Ese hall de los Princesa es para Santiago la puerta de la gloria y para Alphonse un mundo que no conoce. Su hijo lo acomoda en un asiento y yo le pido permiso y me siento a su lado, sin papel ni grabadora, para eso habrá tiempo después.

 

L.M.D.: ¿Cómo se siente? 

Alphonse Zannou: Estoy contento porque a los hijos de los emigrantes no les interesa su pasado ni sus raíces, y a Santiago sí, él preguntaba desde pequeño. Cuando estoy triste o contento pongo la película, me consuela y me da fuerza.

 

L.M.D.: Alphonse, ¿cuánto tiempo lleva en España?  

A.Z.: Desde hace cuarenta años, buscaba un futuro, pintaba, pero los cuadros si no tienes nombre no se venden, y acabé en la venta ambulante.

 

L.M.D.: ¿No volvió a Benin?

A.Z.: Sí, muchos años después, y no pude despedirme de mi madre.

 

Esta idea consume a Alphonse como sólo pueden atormentar los castigos que nos impone nuestra propia mente, en un no hay salida. Se siente en deuda con una mujer de una fortaleza infinita, a la que su padre eligió como esposa, pero la propia familia de su padre se tomó la justicia por su mano ante la desobediencia de no haberse casado con quien ellos creían que debía. Así, una noche, su propia familia lo buscó, lo torturó y lo dejó ciego, Mientras me cuenta una historia tan dura, imposible de digerir, miro esos ojos negros y puedo hacerme una idea de su infinita tristeza. Pero a pesar de todo, su madre no abandonó a su padre, lo cuidó y le dio hijos, Alphonse prometió a su madre que volvería hecho un hombre, pero no volvió a tiempo y ni pudo  despedirse.

 

L.M.D.: De algún modo, Alphonse, usted hizo otra ruptura. Se caso con una mujer Blanca.

A.Z.: Sí, me casé con una mujer blanca.

 

Cuando por fin me siento ante Santiago A. y Alphonse Zannou lo primero que le pregunto a Santiago es una obviedad pero que es la que imprime la diferencia con su padre Alphonse.

 

L.M.D.: Santiago, ¿eres hijo de una aragonesa?

S.A.Z.: Soy maño, por eso soy tan cabezota.

 

L.M.D.: ¿Cómo se ve África desde aquí?

S.A.Z.: África desde aquí no se ve, se ve desde dentro, se ve desde el alma. Yo veo a África desde el alma y veo un continente joven, un continente vital, veo esperanza, y lo comparo con el continente donde, un continente viejo, un continente cansado, enfadado de vivir.

 

L.M.D.: Es viejo, es la vieja Europa

S.A.Z.: Es la vieja Europa

 

L.M.D.: He hablado con tu padre y son tremendas las consecuencias que sufrió tu abuelo por elegir una determinada mujer para casarse, y de la gran valentía de tu abuela que se queda con su marido ciego y le da hijos. De alguna manera, Alphonse continúa el camino de su madre: viene a Europa y se casa con una mujer blanca.

S.A.Z.: Se casa con una mujer blanca. Sí, también hace lo mismo

 

L.M.D.: ¿Qué has querido transmitir con La puerta de no retorno (2011)?

S.A.Z.: El mensaje de la película es que debemos pararnos un momento para ver quién somos, de dónde venimos y dar las gracias… es un compromiso que tenemos en un mundo tan rápido, tan poco comprometido, que hace que nos olvidemos de nosotros mismos. Nos cerramos. Y luego hay algo que creo que es fundamental y es transmitir que lo que tenemos en el corazón las personas ha dejado de expresarse, las personas han dejado de transmitir sus sentimientos y nos estamos convirtiendo en robots. He utilizado los sentimientos de mi padre para decir: desnudemos, abrámonos, entendámonos y comprendamos que hay un orden vital del que venimos desde hace cientos de miles de años y estamos aquí por algo.

 

L.M.D.: Me parece curioso que cunado Alphonse se reencuentra con su hermana en su regreso a Benin llora y ella le dice que no llore y que deje las cosas en manos de Dios, y eso podría decirlo tu abuela Aragonesa.

A.Z.: Las religiones son todas iguales.

S.A.Z.: La película demuestra que hay humanidad en todo tipo de religión, porque una religión bien interpretada, en el fondo, es conocerte a ti, porque yo creo que Dios está en uno mismo. Dios está en tu alma y luego lo puedes expresar como cristiano, como animista, como musulmán o como no creyente, que cree en otro tipo de Dios distinto, pero yo creo que el contacto un poco místico-religioso lo hemos perdido, y lo que hemos perdido, en el fondo, es la capacidad de soñar, la capacidad de creer. Aquí esta el “si no lo veo no lo creo”.

 

L.M.D.: Acompañaste a tu padre a un rito animista en que le indican unas pautas para que alivie su dolor. 

S.A.Z.: Yo he tenido mis dos experiencias religiosas fuertes en Benín, y yo te puedo asegurar que no es malo sino todo lo contrario, pero como es una cosa que hacen los negros ya es magia… Partamos de donde creo yo que viene, lo que yo creo es que un grupo de personas fueron a colonizar África y con lo que se encontraron allí es con unos guerreros, cada guerrero tiene sus rituales, hay una serie de ritos que son para que te den a ti fuerza y para las personas que viven en la propia tierra desde hace miles de años. Conocen las plantas, conocen la tierra, conocen los mecanismos para que de pronto, si yo te paso a ti un ungüento -mientras lo dice escenifica, y pasa su mano de mi codo hasta la mano-. Y como no le pudieron dar una explicación pensaron que era magia, y en el fondo no es más que conocerse a ti mismo y a tu medio. Lo malo es que las religiones acaban siendo negocio.  Lo auténtico pasado por una empresa que busca la economía se vuelve negocio. Si  hacen negocio hasta con el Ché Guevara….

 

Interviene Alphonse:

A.Z.: Todo es dinero.

 

L.M.D.: ¿Una sociedad donde vale todo?

S.A.Z.: Sí, vale todo. Si no lo veo no lo creo… igual si no lo veo lo siento, igual si no lo veo me pertenece. Mi alma me dice cosas, el corazón me habla y me dice cosas. Somos excesivamente cerebrales.

 

L.M.D.: Cerebrales pero, sobre todo, superficiales.

S.A.Z.: Todo dinero

 

Fotograma de "La puerta de no retorno (2011)"

L.M.D.: Sí, el becerro de oro. Alphonse, es terrible ese arco, La puerta de no retorno, que al cruzarlo los nativos y embarcar se convertían en esclavos. Una mera mercancía comprable y vendible. ¿Qué siente al verla?  

A.Z.: Es una cosa muy dura. Es pensar que la gente que ha pasado por ahí nunca ha vuelto, es algo para recordar, no se puede olvidar nunca, y esa puerta tendrá un sentido para toda la vida.

S.A.Z.: Hay que pensar que hay un mundo occidental que se ha hecho sobre la espalda de África -duda un momento y le pido que siga-, se ha hecho así, llevarse miles y miles de personas para que trabajasen por nada, esa es la mejor manera de tener una empresa que siempre tendrá beneficios, yo tengo un montón de trabajadores no les pago y les tengo en unas condiciones terribles, y mientras voy construyendo una sociedad occidental blanca que parece que es perfecta pero parte de algo que es bastante duro.

 

L.M.D.: Lo que ha sufrido la raza negra se puede considerar un genocidio

S.A.Z.: El genocidio que ha sufrido el pueblo negro es mayor, de aquí a Lima, que el que haya sufrido ninguna otra raza, y me parece terrible. Es un genocidio que lleva ocurriendo desde hace 400 años. Es mucho tiempo y es que no cambia.

 

L.M.D.: Muchos países han maquillado el colonialismo con gobiernos en apariencia locales, ¿hay algún cambio?

S.A.Z.: Se habla mucho de la corrupción de los políticos en África, pero por lo que ocurre a diario nos estamos dando cuenta que hay una política mundial que está corrupta, con que en un país haya un escándalo es suficiente, y eso está sucediendo también en España, mira lo que ha pasado en Baleares, pero en todas las comunidades hay uno y da igual quien gobierne, sea un partido u otro, y si  miras en otros países también ocurre, yo lo que creo es que hay gente que lo que quiere es pode, hay gente que lo que quiere es dinero y no le importa aplastar a otras personas.

 

L.M.D.: La falta de valores está convirtiendo al hombre en su peor enemigo, la sociedad occidental en un todo vale, pero reconóceme que África duele especialmente, porque la gente muere incluso de sed. Se expolia su riqueza sin cumplir ni un sólo precepto de la lista de los derechos humanos.

S.A.Z.: Aquí en España no ocurren estas cosas, pero en África sí existen y hay que preguntarse el por qué hay una gran parte de ese África infernal, pero eso es necesario que ocurra para que haya otros países que puedan… Yo me pregunto, ¿por qué Holanda tiene un excedente de diamantes? Es el país que más diamantes tiene o Inglaterra de oro. A África lo único que le han hecho es expoliarla y quitarle que se sienta orgullosa de su propia cultura. Llevan 400 años diciendo que son inferiores y eso ya se ha normalizado de tal manera que el que veamos un campamento con un millón y medio de personas sólo tiene como respuesta: no pasa nada, son africanos y lógico. Nos hemos inmunizado ante el dolor de las personas si son de raza negra.

El tema de África es infinito porque es todo un continente compuesto por diferentes países e infinitas culturas, y La puerta de no retorno no deja de ser una peripecia personal de Alphonse Zannau, aunque se enmarque en un paisaje y un contexto, y por eso elijo como última pregunta una pregunta que dirijo a Alphonse, pero que me contesta su hijo, pero la respuesta es igual de válida.

 

L.M.D.: Cuando te vas de un sitio, al volver ni el sitio es el mismo ni tú eres ya el mismo.

S.A.Z.: Es una reflexión que he tenido siempre. Los hombres se van jóvenes y fuertes y vuelven viejos y cansados Al final de la película se lo dice a su madre “mamá tengo 68 años y he vuelto” pero ni el país es el mismo ni su energía es la misma, de eso habla la película, del paso del tiempo, y por eso hay que aprovecharlo.

 

Santiago A. Zannou, Luis Muñoz Díez y Alphonse Zannou

La puerta de no retorno (2011) se estrenó en España el pasado 25 de noviembre de 2011.

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