No te signifiques (39)

Por Jorge Díaz.

 

–          Vale, pues sacamos un comunicado.

 

–          ¿Otro? Hemos sacado varios en los últimos días.

 

–          Pero no se entendían, primero decíamos que la familia se restringía, después que no. Después que sí pero que otro día…

 

–          Es verdad. ¿En qué quedamos? ¿Las niñas son la familia o no?

 

–          Claro que lo son. Lo que pasa es que decimos que todo cambia para que todo siga igual. Qué más da: la familia se dilata constriñéndose.

 

–          Bueno, que me pierdo, dices que sacamos otro comunicado…

 

–          Sí, lo firma el marido de la pequeña.

 

–          Qué morbo.

 

–          Pero lo sacamos media hora antes de que empiece el partido del sábado. Para que la gente esté a otra cosa.

 

–          Qué gran idea. ¿Y qué dice el comunicado?

 

–          Eso lo pensamos después.

 

Media hora antes de un Madrid – Barça. ¿De quién habrán aprendido esto? Ah, sí, que hubo un gobernante aquí en España con el que estuvieron muy bien relacionados que hacía esas cosas. ¿Hay problemas?, que se anuncie al Cordobés en las Ventas, con tele en directo.

 

–          ¿Y le funcionaba?

 

–          Estupendamente, casi cuarenta años estuvo gobernando.

 

Pues eso, media hora antes de que empiece el partido, cuando todo el mundo está preocupado porque Mourinho va a sacar otra vez a Coentrão en cualquier posición, sale el comunicado.

 

–          ¿Y qué dice?

–          Nada. Así, importante, nada.

 

Que lamenta que la Casa del Rey se vea afectada. Cosa que es falsa, la que se ve afectada no es la Casa del Rey, es la Monarquía. Que refresquen su portugués que se vuelven a Estoril, ojalá no hayan vendido la casa.

 

Parece lo que buscan. Estos tipos parecen agentes republicanos: el abuelo de las gafas oscuras, el hijo alto y soso, la nuera delgada, las hijas felices, el yerno espabilao… Podrían haber salido en un especial de Mortadelo y Filemón. Al final el único que no era un personaje de tebeo era el marido de la mayor, qué cosas. Si Cayo Lara llega a saber quiénes van a ser sus mejores hombres…

 

–          ¿Crees que se van a cargar la monarquía?

 

–          Sólo necesitan tiempo.

 

Yo les habría propuesto otro comunicado parecido.

 

“Lamento los daños causados y sólo quiero decir que mi mano izquierda no sabía lo que hacía mi mano derecha, ni personal ni familiarmente. Así mismo, declaro que las dos manos juntas han hecho cosas que vosotros no creeríais pero de las que tampoco somos responsables ni yo, ni mi cuñado ni mi suegro. Mi suegra tampoco, que ha venido a verme a Washington.”

 

Dice casi lo mismo pero se entiende mejor, ¿no?

 

Ah, y también pone en el comunicado original que la Casa de su Majestad el Rey no tiene nada que ver con sus actividades privadas.

 

–          ¿Eso dice?

 

–          Como lo oyes.

 

–          ¿Cómo es capaz?

 

–          Pues ya sabes qué parte de la cabeza se le endurece a esta gente…

 

¿Cómo no va a tener que ver la Casa de su Majestad con sus actividades privadas? Los negocios que hacía no tenían absolutamente nada que ver, no…

 

La secretaria de este señor llama a un alto cargo de una comunidad autónoma…

 

–          Buenas, ¿el señor tal?

 

–          ¿De parte de quién?

 

–          De don Iñaki.

 

–          ¿El yerno del rey?

 

–          No, el ex jugador de balonmano.

 

A él le iban a coger el teléfono si no fuera por la boda que hizo… A él le iban a pedir informes de diez páginas por un pastón, a él le iban a pagar lo que le pagaban si no comiera la paella de los domingos donde los abuelos…

 

Así que, lo supiera la familia o no, tiene todo que ver con la Casa de su suegro. Aunque lo quiera negar siempre que le parezca, que ya sabemos que repetir muchas veces una mentira la convierte en verdad.

 

Si su señora, con todos mis respetos, firmaba papeles de la empresa, que responda. Porque si una señora normal tiene que responder por lo que firma, ésta también. Y si tiene que compartir su destino, que lo haga.

 

Y vamos a olvidarnos de la tontería de que todos somos iguales ante la ley. Eso es mentira, esta familia debe ser mucho más sensible y debe responder con más contundencia.

 

–          La medicación, que te excitas…

 

–          Vale, ya me la tomo.

 

Lo peor es que yo no era antimonárquico. A mí me hacía gracia ver al rey en los partidos de Nadal, en la fila de delante de Lissavestky. Ya, ni el rey ni Lissavetsky, la España que conocíamos se acaba.

 

Ahora sí lo soy, antimonárquico me refiero, el yerno me ha hecho ver la luz. Si en algo puedo colaborar para que se vuelvan a Estoril, es sólo pedírmelo.

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