[·REC]3 Génesis (2012) de Paco Plaza

 

Por Daniel Latorre

 

 

Como suele decir el experto opinador de turno: “no sé donde está la crisis, si los centros comerciales están a rebosar de gente y por la calle todos van con bolsas de grandes marcas”. Con Rec 3 sucede igual; es decir, se nota que sobra el dinero, dentro y fuera de la película. Dos firmas de ropa de boda, para dama y caballero respectivamente, han aportado el vestuario necesario para recrear este casamiento que acaba en masacre; mientras desde el punto de vista técnico, el personaje que interpreta al orondo especialista de vídeo con un cierto aire a Álex de la Iglesia, enseña a su aprendiz el material con el que trabaja y con el que esta rodada realmente la mayor parte de la película: una supercámara digital con la que se hacen los grandes taquillazos producidos en Hollywood, y con la que él se permite grabar… una boda de ricos.

 

Dicha grabación, alternada con otros formatos de imagen, conforman el “material encontrado”, es decir, el DVD casero de la boda, un estilo de contar las cosas que viene ya de la lejana El proyecto de la bruja de Blair (1999) o de Monstruoso (2008). Contemplamos de esta manera el primer cuarto de hora de Rec 3, cuyo formato visual imita inicialmente a las dos entregas anteriores. Por otro lado, la ceremonia de matrimonio y el fiestón en los que se gestan el desastre, tienen de por sí un aire berlanguiano que contribuye a dar cercanía y veracidad, y en el que no faltan ninguno de los tópicos para estas ocasiones sobre familia propia y política, suegras, amiguetes, canciones dedicadas, amiguísimas íntimas, etc.

 

 

Una vez pasados esos 15 minutos iniciales, basta ya de efectismos a lo Dziga Vertov para las masas, y de trucos de “cámara en mano temblorosa”. La película se convierte en una producción de terror con gran presupuesto y adopta un formato más convencional de cine de terror, aparte de unos guiños suplementarios hacia las entregas anteriores a costa de usar la pantalla con el modo de visión nocturna. La cámara se está más o menos quieta de una vez, y estamos ante una narración clásica. Hasta los sustos también son clásicos: un monstruo entra dentro del encuadre y personaje y público se asustan a la vez, ayudados por una subida de volumen de la banda sonora. Simple como el mecanismo de un botijo.

 

Y sin embargo, a pesar de las toneladas de sustos y horror, se mantiene a lo largo de la hora y media de película el humor castizo, burlón, cercano, casi de parodia sobre el género. Puede ser mediante un chiste a cuenta de la SGAE, la exclamación de una suegra deslenguada, la estrafalaria e improvisada indumentaria que lleva a cuestas Diego Martín y su “escudero” para repeler mordiscos de los muertos vivientes, o la encarnizada lucha con motosierra de Letizia Dolera a ritmo de Tino Casal. En realidad, casi parece que el director Paco Plaza no se toma a su creación en serio. Casi.

 

 

La fina línea que impide que esta película sea una parodia más cercana a Scary Movie (2000) que a una saga que ya promete una cuarta parte a cargo de Jaume Balagueró, consiste en un delicado equilibrio entre horror fantástico y comedia, que sólo obras similares como Braindead (1992), de Peter Jackson (el slapstick de Buster Keaton cruzado con zombies) y El día de la Bestia (1995), de Álex de la Iglesia han conseguido mantener.

 

Sobre la mitología interna de la saga Rec, queda para frikis o fans de mayor o menor grado la discusión sobre si los monstruos son “infectados” o “poseídos”, el papel de la Niña Medeiros en el origen del contagio y el discurso bíblico que, por alguna extraña razón, parece que suena mejor en boca de un telepredicador evangelista al estilo Amanecer de los muertos (2004) (“cuando el infierno se llene, los muertos caminarán por la tierra) que de un funcionario parroquial de la iglesia de Roma. Para todos los demás, tenemos más comedia, menos terror y algo de romanticismo, que es la parte más risible de la historia, aunque sea de forma involuntaria.

 

 

Trailer de Rec 3

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