El libro del Mindfulness

 

El libro del Mindfulness. Bhante Henepola Gunaratana. Editorial Kairós. 240 pp. 15 €. 

 

Introducción

El budismo occidental 

 

Este libro gira en torno a la práctica de la meditación vipassana. Lo repetiré una vez más, de la práctica. Se trata, por tanto, de una guía de meditación, de un manual que explica, paso a paso, los entresijos de la visión profunda. Su objetivo, pues, es eminentemente práctico. 

Son muchos los libros, algunos de ellos excelentes, que se ocupan de los aspectos filosóficos y teóricos de la meditación budista. A ellos derivamos a los lectores interesados en ese tipo de cuestiones. Pero este es un manual escrito para quienes quieren meditar, especialmente para quienes quieren comenzar ahora mismo. Como no son muchos, en Occidente, los maestros cualificados de meditación budista, nuestra intención es la de proporcionar al lector la información básica que necesita para emprender el vuelo. Solo quienes se atengan a las instrucciones aquí esbozadas estarán en condiciones de valorar la bondad de nuestro empeño y solo quienes mediten regular y diligentemente podrán juzgar si hemos alcanzado o no nuestro objetivo. Es muy posible que ningún libro pueda abarcar todos los problemas con que el meditador pueda tropezar y que haya casos en que requiera la intervención de un maestro cualificado. Entretanto, sin embargo, nos ocuparemos de los principios fundamentales de la meditación, cuya comprensión puede resultar muy útil para el lector.

Existen muchos tipos de meditación. Cada una de las grandes tradiciones religiosas cuenta con algún método, al que suele denominar “meditación”. No es de extrañar, por tanto que el significado de este término sea tan confuso. El lector debe saber que este libro se ocupa exclusivamente de la meditación vipassana tal y como se enseña y practica en el budismo del sur y el sudeste asiático. El término “vipassana” es una palabra pali que suele traducirse como “visión profunda”, porque su objetivo es el de proporcionar al practicante una visión cabal del funcionamiento de las cosas y la correspondiente comprensión de la naturaleza de la realidad.

Globalmente considerado, el budismo no tiene mucho que ver con las religiones teístas con las que los occidentales están familiarizados. Es un camino que nos permite adentrarnos en el dominio espiritual o divino sin necesidad de apelar a divinidades ni “intermediarios” de ningún tipo. Su “aroma” es intensamente clínico y se asemeja mucho más a una psicología que lo que habitualmente llamamos religión. La práctica budista es una investigación continua de la realidad, un análisis microscópico del proceso de percepción. Su intención apunta a descorrer el velo de mentiras e ilusiones, a través del cual contemplamos el mundo, hasta poner de relieve el rostro de la realidad última. Ese es el objetivo último de la antigua y elegante técnica de la meditación vipassana. 

El budismo Therevada (pronunciado “terra vada”) ha desarrollado un sistema sumamente eficaz para explorar los niveles más profundos de la mente que llega hasta las raíces mismas de la conciencia. También, nos proporciona, acompañando a todas esas técnicas, un elaborado sistema de rituales. Esa hermosa tradición es el resultado natural de 2500 años de desarrollo en el seno de las culturas tradicionales del sur y el sudeste asiático. 

Trataremos, en este libro, de separar lo fundamental de lo accesorio y nos esforzaremos en centrarnos sobre todo en la verdad desnuda. Son muchos los libros que se ocupan del amplio acervo de costumbres y ceremonias a los que pueden apelar el lector interesado en los aspectos rituales de una tradición, como la Therevada, impregnada de belleza y significado. Quienes, por su parte, tengan una tendencia más pragmática pueden centrarse exclusivamente en los aspectos técnicos y aplicarlos al contexto filosófico y emocional que prefieran. Lo fundamental, en suma, es la práctica. 

La diferencia que existe entre la meditación vipassana y otros tipos de meditación resulta esencial y debe ser muy bien entendida. El budismo utiliza dos grandes tipos de meditación que requieren habilidades mentales, modalidades de funcionamiento y cualidades de conciencia muy distintas que, en pali, idioma original de la literatura Therevada, reciben los nombres de vipassana y samatha

Como ya hemos comentado, la palabra “vipassana” suele traducirse como “visión profunda”, es decir, la conciencia clara de lo que ocurre en el momento en el que está ocurriendo. Por su parte, “samatha” -que suele traducirse como “concentración” o tranquilidad”- es un estado en el que la mente se focaliza en una sola cosa, sin permitir que vaya de un lado a otro. Cuando esto se logra, el cuerpo y la mente se impregnan de una calma profunda, un estado de tranquilidad que solo pueden entender quienes lo hayan experimentado. La mayor parte de los sistemas de meditación enfatizan el componente de samatha, y, en ellos, el meditador concentra su mente en un determinado objeto, como una oración, un canto, la llama de una vela o una imagen religiosa, por ejemplo, excluyendo cualquier otro pensamiento o percepción. El resultado de todo ello es un estado de arrobamiento que dura toda la sesión meditativa. Se trata de una experiencia hermosa, placentera, significativa y seductora…aunque también provisional. 

En la meditación vipassana, en cambio, se cultiva un aspecto diferente: la visión profunda. Quien medita de este modo utiliza la concentración como una herramienta que permite a su conciencia derribar el muro ilusorio que le separa de la luz viviente de la realidad. Es así como, a lo largo de un proceso gradual que dura varios años, la conciencia del meditador va profundizando en el funcionamiento interno de la realidad hasta que, un buen día, atraviesa ese muro y tropieza con la presencia de la luz. La transformación así provocada es completa y permanente. Y, aunque todos los sistemas de práctica budista aspiran a esa liberación, los caminos para alcanzarla son muchos y muy diversos. 

Existe una amplia variedad de escuelas de budismo que podríamos, hablando en términos generales, dividir en dos grandes corrientes, la Mayahana y la Therevada. El budismo Mahayana impregna las culturas de China, Corea, Japón, Nepal, Tíbet y Vietnam. Una de las escuelas más conocidas es el Zen, fundamentalmente practicado en Japón, Corea, Vietnam y Occidente. La escuela Therevada, por su parte, prevalece en países como Sri Lanka, Tailandia, Myanmar, Laos y Camboya. De esta última escuela, precisamente, se ocupa este libro.

 

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