Entrevista a Víctor del Árbol

Por Susana Hernández.

Lo primero que llama la atención de Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) es su pasión por la escritura, la vehemencia y el entusiasmo con el que habla de literatura, del proceso de escribir, y por supuesto del éxito arrollador de su segunda novela, “La tristeza del samurái” (Editorial Alrevés)  traducida a diez idiomas en Europa y Estados Unidos. Pocos días después de nuestra conversación en un café de Gracia, “La tristeza del samurái” recibió el Le Prix du Polar Européen (Premio a la mejor novela negra europea) concedido por la prestigiosa revista especializada en este género literario, Le Point, en el marco del Festival de novela negra de Lyon. Del Árbol es el primer escritor español en conseguir este galardón.

– Por su edad prácticamente no vivió el franquismo, pero en su obra es una etapa histórica que está muy presente. ¿Qué le atrae de aquel tiempo, desde un punto de vista literario?

Desde un punto de vista literario no me atrae la temática del franquismo y la Guerra Civil. Lo que me atraía eran las situaciones extremas, pero no artificiales. Cómo a una persona se le puede llevar hasta el límite. Y nosotros la época más dura que hemos vivido fue la Guerra Civil y la transición, que para mí abarca hasta el 23-F. Son épocas que por su dureza permiten que los personajes se desarrollasen como a mí me interesaba. Ya cerré el círculo. Ya conté lo que quería decir sobre ésa época.

– En 2006 publicó “El peso de los muertos”, ganador del Premio Tiflos de novela. ¿Qué recuerdo guarda de aquella experiencia?

“El peso de los muertos” se publicó con Castalia, a raíz del premio y la verdad es que la experiencia no fue muy buena. De hecho, decidí no volver a publicar nunca más.

– Tanto en “El peso de los muertos” (2006) como en “La tristeza del Samurái los personajes, incluida España, tienen cuentas pendientes con el pasado. Da la impresión de que nadie puede librarse del pasado, ni siquiera los países.

En “El peso de los muertos” quizás la intención era más el uso de la memoria, la manera en la que inventamos el pasado a medida que nos vamos alejando de él. “La tristeza del samurái” ahonda mucho más en la culpa y en la herencia de la culpa. Como acontecimientos que no tienen que ver con nosotros afectan nuestro día a día. Yo no quería hacer novela política. Hay mucha gente que escribe muy bien sobre la Guerra Civil. Yo quería llevarlo a las historias cotidianas, de gente normal. Que le pudiera haber pasado a cualquiera.

– La tristeza del Samurái ahonda en el sentimiento de culpa.  ¿Nadie es del todo inocente?

Yo creo que nadie es inocente. Creo que todo el mundo tiene algo que hacerse perdonar.  Yo no escribo con moralina. No es una cuestión de buenos y malos. No se trata de que al final tenga que haber una redención. Por eso la gente que busca el final feliz en mis novelas no lo va a encontrar.  Como escritor me obsesiona que el lector se meta en la atmosfera de la novela. Lo que intento es acercar la realidad a la ficción lo máximo posible. Me interesa crear espejos de las personas. Personajes que sean contradictorios, capaces de lo mejor y lo peor.  La vida no es un traje a medida. A veces te viene grande y otras te aprieta, pero casi nunca te queda clavado. Para mí eso es “La tristeza del Samurái”. Las contradicciones entre el bien y el mal.

 – ¿La venganza es un motor más poderoso que el amor? Es un dilema con el que se enfrentan varios de los personajes.

Alguna gente me reprocha que en mis novelas no haya piedad. Si buscan un final feliz en las novelas de Víctor del Árbol, no lo van a encontrar. La vida raramente da segundas oportunidades. Eso se refleja en mi escritura y en los personajes de la novela.

– ¿Cómo llega la tristeza del Samurái a Editorial Alrevés?

Yo no quería publicar. Estaba muy quemado. Iba a ser escribiendo para mí, quizás me presentaría a algún premio. Josep Forment, el editor de Alrevés, me explicó que le habían hablado de mí. Le dije que no quería saber nada de editoriales, que jugaban con las ilusiones de la gente. Estaba cerrado en banda. Él insistió en que le diera la oportunidad de demostrarme que Alrevés es una editorial seria y la verdad es que sólo tengo palabras de agradecimiento para ellos. Han apostado por mí, han  luchado por la novela, son honestos y el trato personal, que para mí es muy importante, es excelente, excepcional. Ojalá pueda devolverles parte de lo que han hecho por mí y que la editorial se haga grande gracias al éxito de la novela.

– ¿Le ha sorprendido el éxito de la novela y especialmente su difusión en el extranjero?

Bueno, la novela ha sido traducida a diez países. En Francia  a los veinte días de salir a la venta ya se habían vendido más de veinte mil ejemplares. Es una barbaridad. Sí que me ha sorprendido. Cuando me invitaron a ir, yo les preguntaba a los lectores, a los libreros, qué les había interesado tanto de la historia y lo primero que me llamó la atención es en Francia han catalogado “La tristeza del samurái” como novela negra. Allí tienen un concepto más amplio de novela negra, más social y me sorprendió que les interesara mucho como yo diseccionaba la sociedad española. El tema de la dictadura, de la transición española, les interesa mucho quizás porque los franceses tienen una deuda pendiente con nosotros. También hay una generación de españoles muy grande que cuando acabó la Guerra Civil se instaló en Francia y sus hijos y sus nietos, sienten un vínculo muy especial con España, aunque no nos conozcan. Ellos identificaban mucho el tema de la Guerra Civil con Almudena Grandes, con Antonio Muñoz-Molina y “La tristeza del samurái” es totalmente diferente, es otra cosa. Un crítico dijo que es un puente entre “Milenium” y “La sombra del viento”.

– En España, la novela está funcionando muy bien, pero por el momento, no es el fenómeno de ventas que sí s ha producido en otros países. ¿Cuál cree que es el motivo de esta diferencia?

Creo que es sobre todo una cuestión de cultura lectora. En España, por la crisis, por lo que sea, el lector medio tiende a buscar novelas en las que no se sienta incómodo, busca una novela que no le obligue tanto a pensar como que le distraiga. Una cosa no tiene por qué estar  reñida con la otra, naturalmente. En “La tristeza del samurái”, lo que yo pretendo como escritor es aunar las dos cosas. La idea de que un libro que se vende mucho es malo, es falsa. Lo que yo propongo es una novela en la que la lengua esté cuidada, construir una historia que enganche, como ocurre en los best sellers pero a la vez, que no sea ligera en el sentido, que te haga pensar. Para mí eso es fundamental. Esta no es una novela para los que leen una novela al año, es para gente habituada a la lectura.

¿Tiene la sensación de que en España no estamos todavía preparados para volver a remover el tema de la dictadura y la transición de manera racional?

Mira lo que ha pasado con el tema de la memoria histórica. Que  después de treinta y siete años de la muerte de Franco sigamos todavía levantando ampollas con este tema. Cuarenta años de dictadura se meten en el ADN de un pueblo. Te acostumbras a vivir con la mordaza en la boca, y cuando te la quitan, te crees que eres libre y en realidad sigues teniendo ese miedo. Yo no quería hacer una novela política. Ya hay mucha gente que escribe muy bien sobre la Guerra Civil.  La intención era llevarlo a las personas cotidianas.

– Pese a su estructura de thriller y al trasfondo histórico, es una novela dura, en la que ni María, la supuesta heroína, es demasiado heroica, quizás porque tampoco ella es completamente inocente. ¿Le reprochado la ausencia de un final feliz?

De María, que es un personaje que me gusta mucho y que de algún modo se puede considerar la protagonista de la historia, más que el hecho de si consigue la redención después de haber hecho lo que hace. Me interesa la lucha interna que ella tiene consigo misma. En una época en la que abandonar tu hogar conyugal era un delito, ella se atreve a marcharse de casa estando casada con un hombre que no sólo la maltrata, sino que además forma parte del aparato político. Y además se va con una mujer. María no acaba de encontrar nunca su sitio, su espacio. Quizás por eso, intentar resolver la trama y ayudar a César Alcalá es una forma de encontrar su sitio. La redención de María, de alguna forma, está en que ese caso que le da la fama como abogada en el fondo es una falacia. Eso es muy duro. Que seas capaz de darte cuenta que lo que te ha dado el triunfo era un error y que te atrevas a desmontar todo lo que has hecho. Lo que María no imagina es hasta dónde le va a llevar esa búsqueda de la verdad.

– Es una historia perfecta para ser adaptada al cine. ¿H surgido alguna posibilidad en ese sentido?

Yo espero que sí, que se acabe llevando al cine. Es mi ilusión, y tengo la sensación de que acabará ocurriendo. Me gustaría que la dirigiera un director de raza, como Sean Penn o Clint Eastwood.

 – Seguro que sus lectores andan inquietos esperando la nueva novela.

La novela en la que estoy trabajando actualmente está ambientada en el presente y pasa en Madrid, no en Barcelona. Es otro tipo de trama y de temática.

– ¿Tiene intención de incidir en el thriller con tintes históricos o nos va a sorprender con un cambio de registro?

– Yo no soy consciente de escribir novela negra. Si entendemos la novela negra como la escuela americana de Raymond Chadler, entonces sí porque los personajes tienen una angustia vital, las situaciones son duras. Quizás estamos en un tiempo en el que la novela negra es como un mestizaje de estilos. Todo lo que sea un poco de crítica social y ahondar en la parte oscura de la sociedad se puede considerar novela negra. Yo no he hecho una trama tipo thriller de manual. Yo lo que quiero es explicar unas historias de unos personajes y evidentemente lo quiero es enganchar. En Francia la novela se ha lanzado como novela negra, aquí se ha catalogado como narrativa y en Estados Unidos como novela histórica. A mí no me interesa mucho como se catalogue la novela. Sí que es cierto que tiendo a la negrura, a la oscuridad pero a mí lo que me interesan son los personajes., cómo las situaciones llegan a sacar lo mejor y lo peor de uno mismo. Más que la resolución de la trama me interesa el por qué los personajes hacen lo que hacen. Sí que me in teresa que la trama quede bien engranada, bien cerrada. En ese sentido sí que  es una estructura de novela negra. 

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