Noche sin cimientos

 

Noche sin cimientos. Francisco de Paula Pestaña Parras. Inédito. 

 

Copyleft. Maruja MalloElla no dudaba en irse con quien le apetecía ni encontraba después nada sórdido en lo que se hicieran, todo lo contrario, incluso le gustaba repetir que masturbarse es soñar en sucio. De hecho, tenía varios hombres con los que se acostaba habitualmente y por los que sentía algo tan sincero como lo que la gente de bien siente por su bandera. De igual forma les juraba lealtad besándoles o respondía sin dudar que los amaba y que les pertenecía, pero sabía perfectamente que todo eso no eran más que estupideces. En verdad pensaba de sus amantes lo mismo que de la patria, que por mucho que dicen que te necesita, si la abandonas, enseguida encuentra a otro imbécil dispuesto a morir por ella.

Lo que le fastidiaba era la ceremonia. Tener que entonar las fórmulas acostumbradas o preguntarle el nombre y fingir que se lo creía. O los días siguientes si había decidido que no quería verlo más, el asegurarse de que lo entendiera, pues algunos parecían no darse cuenta nunca. A veces era ella la rechazada y sí, sabía que podía ocurrir, pero a nadie nos gusta que nos deporten del lugar adonde deseábamos volver. Le había costado tanto rodearse de unos cuerpos que comprendiesen cómo pensaba el suyo, que llevaba mucho tiempo sin aceptar adentrarse en ninguno ajeno a ellos. Por esto ya había decidido, ante ese hombre que ahora se le acercaba, tratarle del modo más tajante que pudiera para hacerle desistir enseguida.

Antes siquiera de que separara los labios ya le había advertido:

-Quiero estar sola.

-Entonces está bien- le respondió; -con ningún otro hombre te sentirás más sola que conmigo.

Se fijó un poco mejor en él. Enseguida adivinó que acudía a ella desde demasiadas fotos recortadas. Cuando se topaba con tipos como ese la cordura le decía que se apartara, que no les hiciera caso, que con alguien así le esperaba el mismo futuro que al nido que se cae a las puertas de un colegio. Conocía de sobra lo que le diría su sentido común, pero tras tantos años también sabía que durante algunas horas junto a hombres como aquel le era imposible obedecerle, que a ciertas horas, justo esas y por más que quisiera escucharlo, su sentido común siempre estaba comunicando.

Acabó aceptando esa oportunidad de un encuentro sin trucos, sin compromisos ni identidades. Por si acaso y para evitar confusiones, se preocupó muy bien de repetirle durante todo lo que vino después:

-Por esta noche sin cimientos, tus pasos bajo mis tacones, tus palomas en mis bolsillos, tus encías contra mi nuca, tu nombre para tu biógrafo y tu pena a la que le importe.

 

(Copyleft de la imagen: Maruja Mallo) 

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2 respuestas a Noche sin cimientos

  1. tremendamente lírico y real. cuántas noches desearíamos vivir sin cimientos. sin mañana. sin preguntas.

    sarah
    28 mayo 2012 at 11:50 am

  2. me encanta este texto.
    entran ganas de seguir leyendo, de saber más, de que se alargue esa noche.

    juliet
    30 mayo 2012 at 18:02 pm

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