Evelyn (2011) de Isabel de Ocampo

 

Por Rubén Romero Sánchez

 

 

Isabel de Ocampo, ganadora de un Goya en 2008 por su corto Miente, en el que ya denunciaba la trata de mujeres, debuta en el largo con una mezcla de cine social y thriller.

 

En la primera parte de la película, donde destaca una puesta en escena casi transparente, se nos muestra la vida de una joven peruana que vive en el pueblo con su madre, su abuela, sus hermanos y el hijo de una prima que emigró a España en busca de un futuro mejor y que insta a nuestra protagonista a seguir sus pasos.

 

La segunda parte transcurre en el club de carretera en el que trabaja su prima y al que ha llegado creyendo que trabajaría de camarera. Como ven, el planteamiento lo hemos visto mil veces en las películas de sobremesa. Pero Isabel de Ocampo acierta en varios aspectos que dotan de personalidad propia a su película. En primer lugar, utiliza los códigos narrativos del thriller para contar su historia, lo que convierte la destrucción de la protagonista, a través de la manipulación de su personalidad mediante las violaciones y las torturas, en un ejercicio de suspense cuyo ritmo nunca decae.

 

Otro acierto es la elección de no mostrar situaciones escabrosas, lo que convierte la primera violación, quien sabe si incluso la pérdida forzada de la virginidad, en algo más aterrador en tanto en cuanto sólo conocemos las consecuencias. Esa huida de la violencia explícita podría haber desembocado en la descripción del puticlub como un jardín de infancia, pero la directora lo sortea con la creación de todos los personajes, en su otro gran acierto, como seres humanos cargados de errores, culpas y condenas. Ricardo, un soberbio Adolfo Fernández, y Amanda, absorvente Guadalupe Lancho, dueños del club, tienen heridas sin cerrar, tristezas no expurgadas, cuentas que ajustar, y se saben solos, y como animales acorralados lanzan dentelladas a cuantos tienen cerca.

 

Tres cuartas partes de la película transcurren en el interior del puticlub, donde Isabel de Ocampo rueda sacando techos y mostrando de manera constante ventanas con barrotes y puertas cerradas, lo que confiere un aire claustrofóbico al film que se personifica en el descubrimiento brutal de la película, una Cindy Díaz que no interpreta sino que vive la angustia y el derrumbe.

 

Quizá a Evelyn le sobren algunos planos de la primera parte, o le falte mostrar algo más la vida de las chicas en el club, por la que pasa muy por encima, pero lo que está claro es que la fuerza del guión supera alguna que otra incorrección formal propia del escaso presupuesto con el que parece haber contado y que exprime al máximo, y que la película cumple perfectamente el mandato horaciano que buscaba De Ocampo: docere et delectare, o lo que es lo mismo: denuncia a la vez que entretiene.

 

Evelyn (2011) se estrenó en España el 8 de junio de 2012

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