Friedrich Nietzsche. Correspondencia (VI: Octubre de 1887- Enero de 1889)

 Por Ricardo Martínez.

La carga humana que soporta un intelectual, un pensador crítico, será, fundamentalmente, de carácter ontológico –esto es, de vínculo con el sentimiento y el pensamiento humanos- pero también, como no podría ser menos, de carácter físico en la medida en que el dolor por la incomprensión de los otros puede afectar a todo ser consciente, racional y dotado de sentimientos éticos y morales. 

Digamos, por otra parte, que la literatura epistolar tiene, en esencia, mucho de ese carácter ontológico por cuanto en cada una de las cartas, si son capaces de expresar sinceridad en el pensar y el sentir, quedará necesariamente reflejado no solo el estado de ánimo sino la conciencia más sincera que pueda ser transmitida como lenguaje propio. 

El caso de Nietzsche es paradigmático en este sentido por cuanto podemos pensar que sus cartas constituyen una buena parte del núcleo de su obra, pues en ellas –y son ya varios tomos los que recogen tal literatura- todo él queda expreso, manifiesto y clarividente de un modo natural, con una crudeza en ocasiones que intimida. 

En este libro, precioso y necesario por su contenido latente y filosófico, hallamos un ejemplo cuando menos donde se unen el sentido moral de su hermana, al que se siente vinculado, y su vínculo mayor aún con lo que considera su destino como crítico de la cultura, como hombre social, ético y moral. Todo ello bajo el halo trágico de su permanente disputa contra una idea falsa o manida de la libertad, y sin querer ignorar dentro de los ‘valores’ de ésta la constatación, personal, de su propia muerte, inevitable a causa de una grave enfermedad. 

La hermana le reprocha su postura falsa y amoral por ser “un intelectual fracasado y tratar con judíos impresentables” a lo que él, más allá, de una respuesta concreta, elevando su trágico destino como inconformista ético, responde: “lo que yo he de hacer es tremendo, en todos los sentidos de la palabra: yo no desafío a individuos, yo, con mi horrible acusación, desafío a la humanidad entera; caiga donde caiga la decisión, a mi favor o en mi contra, en cualquier caso estará unida a mi nombre una fatalidad indeciblemente grande…” He aquí una invitación a la lectura de su obra, donde se halla, por encima de todo, un sentimiento de amor hacia la libertad como una redención, hacia la individualidad. Por eso resulta entrañable el párrafo final donde escribe: “pidiéndote de todo corazón que en esta carta no veas ninguna dureza, sino justamente lo contrario, un auténtico humanitarismo que se esfuerza por evitar daños superfluos, me encomiendo incluso más allá de lo necesario a tu amor…”.

Y ahora el lector, su inteligencia y su sentimiento, tienen la palabra. Y el autor siempre, avalado por su obra.

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Correspondencia VI (Octubre de 1887-Enero de 1889)

Friedrich Nietzsche

Ed. Trotta, 2012

472 pp, 35 €

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