Olor Semana Negra: azufre y alcohol macerados a alta temperatura corporal

 

Texto y fotos: Laura Muñoz

 

Las sensaciones, es curioso, aparecen y uno apenas se da cuenta. Se almacenan, celosas, hasta que llega el momento de contar. Siempre llega. Tras días, muchos, de encajar el golpe de “hasta el año que viene”, suelto lastre y comparto lo vivido. No hay coartada para este crimen tan maravilloso y lo comparo con los sentidos, sobre todo porque cada uno percibimos como sabemos. Aquí y ahora, que la pituitaria haga lo que pueda.

Por seguir el laberinto en el que tanto descubro cada año, las experiencias y eventos aparecerán espontáneos. Dejaré que se crucen autores cuando quieran hacerlo. Y, en cada tanda, un sentido.

 

PIT II y Luis Vigil

Luis Vigil, periodista y editor de la revista de ciencia ficción “Nueva Dimensión” está sentado al lado de PIT II. A recuerdo compartido, nos cuentan la vida de esta publicación que, en plena adolescencia y coincidiendo con los 80, dejó de ser publicada tras 14 años donde vieron la luz 148 números mensuales. Taibo deja que se le ilumine el rostro mientras explica cómo leyó y diseccionó muchos de estos números, donde descubrió autores a los que seguir a través de las críticas, reseñas, ensayos, relatos y noticias que la componían. Se convirtió en una “Biblia”, dice PIT II, y “siempre formará parte de la literatura”. Por su parte, Vigil declara que, a pesar de no contar con demasiadas suscripciones, la difusión era grande y de mano en mano. Pretendían llegar a los lectores, por eso “era una revista hecha por amigos y para los amigos”, siendo hoy un “fenómeno irrepetible”.

Siguiendo con buenas ideas, Vigil y otros compañeros de la revista decidieron publicar un libro-memoria-antología con acceso a lo mejor de los 50 primeros números, incluyendo textos e ilustraciones de los mejores autores españoles colaboradores. Es lo que tenemos ante nosotros y entre las manos temblorosas de Vigil.

Siempre impresiona, después de tantos años en stand by, la recuperación de este tipo de proyectos. Además, si aún se lee en el iris la emoción de crear, surge la ilusión de volver a ver, sentir y dejarse llevar por las recomendaciones, relatos o ilustraciones que sabes van a ser de lo mejor dentro del género. En Vigil se palpan las ganas y deja las puertas abiertas a la posibilidad de un segundo libro que agarre el testigo de este primero. Y PIT II no puede reprimir el impulso de animar a su colega a retomar la revista. Ahí quedan, abiertas las puertas.

 

Tuve el placer de conversar con Luis tras la rueda de prensa y no puedo más que dejar constancia de su sensibilidad por las letras, la forma de expresar el amor por la cultura y su difusión que tanto nos hace sufrir últimamente. Nadie puede quedarse en el mismo sitio, al menos no parado, tras escuchar que “es una obra que me ha permitido recordar mi juventud”.

 

 

Otra rueda de prensa y nos encontramos cosiendo la ciencia ficción con hilos del género de terror o western. Es el tejido de la literatura ofrecida por Robert Juan-Cantavella en su “Asesino cósmico”. La novela está inspirada en una obra de Curtis Garland a quien admira y con el que comparte espacio en la misma. Es claro el homenaje a las novelas setenteras “de a duro”, pues en ella, además de desmenuzar las ideas y esperanzas de un futuro que es nuestro presente hoy, destaca el uso del vocabulario de la época. Dicho por Juan-Cantavella, “cuenta muchas historias distintas dentro de la misma”. Busca y ¡a disfrutar!.

 

 

 

 

 

Aguilera, Sagasta y Marín

De mano de dos de los autores responsables de mantener la ciencia ficción en España, toca baño en “Océanum”. Juan Miguel Aguilera y Rafael Marín han trabajado a cuatro manos para conseguir este conjunto histórico-fantástico. El pistoletazo de salida surgió de un hecho real acontecido en el Triángulo de las Bermudas en 1460, cuando una expedición china, de la que no quedó registro físico, parte rumbo a occidente. Parte de la flota, compuesta por barcos considerablemente más grandes que las futuras carabelas de Colón, desapareció. Colecciones de juncos procedentes de los barcos chinos hundidos fueron usados para crear la isla Océanum, que es la coartada perfecta para que coincidan personajes de distintas épocas. Desniveles en el tiempo, mestizaje hombre-coraza, un científico loco inspirado en Eduardo Monteverde (escritor y periodista mexicano) y tres adolescentes como protagonistas es el abanico de experiencias que ofrecen Aguilera y Marín en esta nueva disciplina compartida que, dicen, ha provocado una comunicación exhaustiva entre ellos, mucha diversión y pocas discusiones. La voz en primera pertenece a uno de los tres adolescentes protagonistas, que nos habla desde el presente. Lo dicho: prometida aventura clásica de tinte julioverniano en cuanto al descubrimiento de un nuevo mundo. Sorpresa incluida: “es un libro que nos parece escrito por otro”, dice Rafael.

Sólo queda naufragar y cruzar los dedos para terminar flotando cerca de Océanum.

 

 

 

Sin querer y casi por inercia, más aventura. Dos pares de piernas sobre la inscripción “Semana Negra” de la mesa que preside la Carpa del Encuentro. Dos pertenecen al ilustrador Javier Olivares. Las otras, forman parte del cuerpo del escritor Fernando Marías.

Un viaje de colores, cuatro. El mismo número de relatos impresos dentro de este proyecto que no puedo llamar cómic, novela gráfica ni libro ilustrado. Es por la “desubicación” que su aroma atrae. No hacen falta sillas, quieren compartir su creación de cerca, y es por eso que descuelgan sus extremidades sobre el cartel semanero.

Veo el lomo que contiene “Prisioneros de Zenda” y persigo las láminas que sus autores hacen pasear mientras presentan “Xekt y las sombras”, el cuarto cuento en orden tras “La redención del pirata Perrosangre”, “El ángel de las noches muertas” y “El preso de la cárcel del olvido”.

Una pausa, por favor.

¿Cómo no voy a querer robar una, aunque sea una, de esas láminas que flotan? ¿Cómo no querer entrar en la cárcel, dormir en esas noches que dicen muertas y jugar a póker, por ejemplo, con Perrosangre? ¿De qué manera evitas la ansiedad de tenerlo si “El alfanje se alzó contra el cielo azul” lo encuentras grabado en un arma de filo ancho y curvo?

Nada que hacer. Hay que rendirse, sí o sí, al azul, rojo, amarillo y verde.

Podría contar la trama misteriosa del pobre Xekt, pero no. Y es no por una razón: tienes que vivirlo. El verbo muta y toca. Sentir la portada de “Prisioneros” entre las manos, oler la tinta que colorea con exclusividad cada uno de los relatos y sentir el cambio de textura donde se unen las páginas es mucho más que leer. Quedan avisados: toquen, huelan, miren y lean.

 

Después de esto, entra hambre.

Ingredientes: Escocia, política y ciencia ficción.

Cocina: Ken Macleod.

Veo a Ken ante su público y dejando a la vista de todos la rabia que le impulsa a escribir, la acumulada. En sus obras, explica, trata de dar su visión respecto a problemas sociales y se pringa, mucho, en política.

Escribe y publica desde los veinte años, tras haber leído todas las novelas de ciencia ficción que caían en sus manos. Pretendió, en primera instancia, incorporar su arraigada ideología de izquierdas a sus obras hasta que, alentado por amigos y familiares, cambió por temáticas más comerciales y que le alejaran de la lucha política que incorporaba, por ejemplo, en su saga “Fall Revolutions”. Apartado de la “pelea” de partido, consigue que sus novelas “El torreón del cosmonauta”, “Luz oscura” y “Ciudad motor” sean traducidas a español.

MacLeod declara, en rueda de prensa, sentirse muy atraído por la vida extraterrestre y asegura que busca indagar respecto a su posible existencia, queriendo ofrecer incluso un origen a través de sus obras. Más cambios y nuevo rumbo: llega el espacio, temática que atrajo a numerosos lectores, dejando a Ken vía libre para hacer volar sus platillos volantes.

Viento a favor en cuanto a lectores y empujón para una nueva dirección. MacLeod retoma su “lucha inicial” escribiendo sobre cristianismo VS laicismo o comunismo pero se desata la guerra de Irak y al escocés ya le es imposible mantener las manos quietas. Narra su visión personal y de nuevo, dice, “intento descubrir la realidad de esos conflictos”. Actualmente, Ken busca editor para su próxima novela. Avisados quedan, editores de bien.

 

 

 

Hora de la sangre. Y es así porque el derecho al hambre es universal, incluso en lo extraordinario. Vampiros de la mano del inglés Kim Newman. Amante de los personajes clásicos, de lo victoriano y del terror, este autor de referente en la literatura vampírica presume de melena bajo un sombrero tan peculiar como lo es él. Newman se mostró cómodo y contento durante la Semana Negra, paseando su look draculesco entre las mesas del Don Manuel. Abierto a conversaciones espontáneas, Kim cambia impresiones respecto a sus obras literarias que, dice, prefiere promocionar en compendio y no de forma individual, dando preferencia al autor frente a su nueva obra.

Tras observar a Kim, decidí, y me convencí, que no es posible separar a este hombre de sus novelas. Su bigote, las patillas, el aire misterioso, la sonrisa de lado que da miedo y gracia. Es todo: sus personajes, el rescate de Jack el destripador que ya no es Jack el destripador, la vuelta de tuerca a Jekill y Hide, esa ida y venida de protagonistas conocidos hasta hacerlos suyos y nuevos. Le encanta, se nota cuando lo cuenta, que los vampiros estén de moda y se siente culpable, en cierta medida, de haber dejado que la literatura vampírica le haya chupado la sangre a otras temáticas. Irónico e inteligente. Bajo ese sombrero, hay mucho Newman. Mientras esperamos su próxima novela, un adelanto: niña japonesa estilo manga.

 

Respira. Es el olor a Semana Negra. ¡Y sigue!

Nos queda el gusto, el tacto, el oído y la vista…

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