Visión Semana Negra: curvatura de la córnea

Texto y fotografías: Laura Muñoz

 

Es El tuerto quien abre esta crónica, el sentido traicionero que es la vista.

Le falta un ojo pero le sobra de todo lo demás: violencia, alcohol, excesos, mala educación y corazón. Es el personaje estrella que ha creado Claudio Cerdán para que se pasee dentro de su “País de los ciegos”. Lo mueve, imprimiendo tensión, entre crímenes y lo acompaña de yonquis y narcos. Cerdán cubre de oscuridad la Ciudad de la Luz y saca a Durán de la cárcel después de cinco años encerrado, obligándole a ver quién lleva su chaqueta ahora que ha vuelto. El antihéroe ya está en la calle y todo lo necesario a disposición del lector para recibir a la jauría humana que surge del texto frenético de Claudio. Durán, un capullo en toda regla al que le falta un ojo y le sobra, como dije, corazón: “hasta los delincuentes tienen amigos, se enamoran y se lo pasan bien”, dice su autor.

Claudio Cerdán, nominado por partida doble en esta pasada Semana Negra, se alzó con el Premio Novelpol a la mejor novela negra del año.

Por cierto, ojo al dato: Alicante es una puta. Lo dice El tuerto, no yo.

 

 

¿Y si conoces al asesino de antemano y acompañas al comisario en su investigación?

¿Aceptas? Seguimos.

Es la propuesta de Carmelo Anaya con su novela “Baria City Blues”, donde alterna una narración en primera persona si nos habla el comisario Carrillo, con un narrador omnisciente si es el propio autor el que nos quiere dar el privilegio de saber algo más.

Un crisol en blanco y negro donde hay de todo: accidente que no lo es, viudo heredero, suegro cabreado, camarero anti-rizos, una nueva mujer para que ese viudo no se sienta solo y la ciudad de Baria como decorado para esta representación.

Anaya da sentido a uno de los principales pilares de la novela negra: nada es lo que parece. Los buenos no lo son tanto, los malos no son bestias y aquí hay una mujer muerta que en vida regentaba una inmobiliaria y que ya no lo volverá a hacer más.

Miren. Miren bien y les gustará lo que ven.

 

De la mirada joven que tiñe las letras de sordidez y penumbra a los ojos de la experiencia, con la posguerra grabada en el iris.

Ana María Matute ha sido invitada de honor en este 25 cumpleaños semanero. A pesar de no haber descubierto la novela negra como creadora, sí lo ha hecho como lectora y aunque siente que ha sido un encuentro tardío, considera al género como una “alta expresión de la literatura”.

Una eminencia, sin duda, de las letras de nuestro país.

Entrelazando sus manos, sacudiendo los dedos y volviéndolos a juntar nos contó su paso por la vida, sus primer contrato con 16 años, los siguientes y el desaliento que siente cuando ve que hay lecturas obligadas en los colegios y el temor a que desaparezca el amor a la lectura, ya que “cualquier cosa que se haga por obligación termina siendo rechazada”, dijo Matute.

Con 87 años, esta mujer que ocupa el asiento K de la real Academia de la Lengua, sigue deseando mantener su inocencia y declara haber aprendido “cuatro cosas” en la vida: “La vida da una lección de humildad y yo he madurado mucho más con las cosas malas que me han pasado que con las buenas”, dijo la autora.

Gin tonic en mano, una Ana María que se declara en plena forma, anuncia una próxima novela si su enfermedad decide darle cuartelillo y se lo permite.

Y, categórica, nos dejó mudos y con los ojos sonriendo al sentenciar con un “Ni te imaginas el placer que es inventar”. 

 

Tras el KO de la sabiduría, es de ley tener diferentes miradas. Varias, muchas e inteligentes, prolíferas y sospechosas. Son Javier Sánchez y Alejandro Martín los editores que prologan la antología “Sospechosos habituales. Tras la pista de la nueva novela negra española”. Javier Márquez, Carlos Salem y Antonio Marcos son 3 de los 16 autores que conforman la obra y estuvieron presentes en esta XXV edición de la Semana Negra. Defendieron el relato como algo a tener en cuenta y empujar. Reivindicaron que se trata de una vertiente de la creación literaria que da mucha libertad al autor, un formato dotado de originalidad y donde se puede dar rienda suelta a la creatividad.

Esta antología verá la luz en el noveno Congreso Negro de Salamanca, dando acceso a la lectura de los 16 relatos escritos por José L. Caballero, Reyes Calderón, Pepe Colubi, Leo Coyote, Cristina Fallarás, Francisco José Jurado, Gregorio León, Antonio Marcos, Javier Márquez Sánchez, Félix G. Modroño, Paco Piquer Vento, Carlos Salem, Marta Sanz, David Torres, Willy Uribe y Ángel Vallecillo.

 

Ahora sí, separación de pestañas total: nubes bajas en Gijón, viento que avisa de lluvia con su olor, las guitarras que salen de sus fundas y “La golondrina” que canta. La misma que sonaba a la vez que Grupo Salvaje abandona un pueblo mexicano mientras se despiden de los que les acogieron. Un adiós que les conduce a una muerte segura y entendida. Una que van a mirar a los ojos desde su dignidad, enteros y apenas sin despeinarse. Uno de esos salvajes, Ernest Borgnine, se despedía esa tarde y para siempre. Nada mejor que una despedida orgullosa, sentida y visual, muy visual. Paco Gómez Escribano y Javier Márquez (Rock & Books a falta de Pedro de Paz) fueron los maestros de ceremonia ante la mirada atenta de los elegidos y dieron cuerpo a La Golondrina que una vez Ernest escuchó muy lejos.

No podría explicar mejor que Fernando Marías lo que ocurrió en la parte trasera de una de las carpas de la Semana Negra cuando el frío daba ambiente de noche a la tarde:

El acto menos multidinario de la Semana Negra fue protagonizado por una golondrina invisible que, sin embargo, todos los presentes supimos ver: Juan Guinot, Fernando Marías, Pablo Batalla, Juan Miguel Aguilera, Martin Roberts, Santiago Gamboa, Marcelo Luján, Paco Gómez Escribano, una dama cuya identidad acaso nunca conoceremos, Javier Márquez Sánchez y Jesús Lens (foto, claro está, de Laura Muñoz). El número de los presentes, exactamente diez excluyendo a la dama, la fotógrafa y la golondrina, permite comprendernos como la versión viva de una de las más famosas novelas criminales. Y me pregunto: si ahora comenzáramos a morir uno a uno de formas misteriosas… ¿Quién de nosotros sería el asesino?”.

Hala, ya pueden entornar los ojos y liberar la tensión en sus párpados.

 

Mira. Es la visión Semana Negra. Y sigue!

 

 

 

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