Diosas para cada día

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Diosas para cada día. La sabiduría de lo divino femenino. Julie Loar. Editorial Kairós. 459 pp. 19,50 €. 

 

Prefacio

 

Toda mujer quiere sentirse como una diosa. Fuerte. Sabia. Valiente. Amante. Y… ¿quién mejor que las magníficas diosas pueden servirle de modelo? Diosas para cada día presenta una colección de 366 diosas, ejemplo todas ellas de la divinidad femenina en distintas épocas y culturas. Este libro, escrito a moda de calendario, pone ante ti un espejo para que puedas ahondar en una nueva diosa cada día y ver tu propia naturaleza reflejada en los incontables ejemplos de la sabiduría de las mujeres y el poder femenino. El papel de las diosas es actuar como guías cotidianas, indicar el camino en las encrucijadas de la vida, despertando lo sagrado femenino que hay dentro de ti. 

Diosas para cada día está diseñado a modo de bucle, de viaje meditativo a lo largo de un año, con las diosas organizadas dentro de cada signo del Zodiaco. Todas las culturas han basado de algún modo su cómputo del tiempo en los movimientos de la Luna y la trayectoria que describen los planetas con las estrellas de fondo. Los babilonios y los egipcios utilizaron los signos zodiacales hace miles de años. Este círculo de estrellas, al que se ha dado el nombre de Guirnalda de las diosas, me pareció un marco apropiado para el año. Las diosas están asimismo vinculadas a los ciclos estacionales. Así, a las diosas de la aurora y de los nuevos comienzos las he alineado con la primavera; a las diosas del nacimiento, con el verano; a las de la cosecha, con el otoño, y a las diosas relacionadas con la muerte, con la época oscura del año en el hemisferio norte. 

Hay símbolos de lo sagrado femenino, como las aves, los árboles, las serpientes y las espirales, que aparecen en prácticamente todas las culturas del mundo, y en cierto momento me di cuenta de que esos iconos están asociados con los doce signos del Zodiaco que todas conocemos. Dado que este libro es una crónica del poder femenino, he elegido uno de estos símbolos para representar a cada signo zodiacal. Por ejemplo, Libra está simbolizado por la paloma, y Tauro, por el Árbol de la Vida; los llamo signos de diosa. Precede a la lista de cada capítulo una pequeña explicación que describe con brevedad las características del signos: por qué elegí ese símbolo y signo de  diosa en particular, y por qué seleccioné a esas diosas en concreto para esa sección. 

Las múltiples facetas e incontables manifestaciones de la diosa entrañan una aparente paradoja. Se alternan, como en la vida misma, sus expresiones dulces y fieras, sustentadoras y castigadoras, o creativas y destructivas. Las diosas que aparecen en este libro son con frecuencia complejas, e incluso contradictorias, así que no siempre parecían encajar del todo en un signo del Zodiaco; por eso, las he colocado bajo el signo con el que guardaban una mayor afinidad, basándome en la que a mi modo de ver era su cualidad dominante. 

Las mujeres entendemos los ciclos porque nuestras vidas están enmarcadas en ellos, y hay un flujo y reflujo que son intrínsecos a la experiencia femenina. Las etapas de la vida de una mujer son demarcaciones de la menstruación: desde la prepubertad, los años de la maternidad y el cese del flujo menstrual. Cada mes de la vida una mujer adulta es un ciclo completo de nacimiento y muerte, un microcosmos de la vida en sí. A medida que una mujer envejece, sus ciclos cambian y la vida adopta un carácter distinto. La rueda del año se relaciona simbólicamente con las etapas de la vida de la mujer, comúnmente expresadas como la triple diosa: doncella, madre y sabia o anciana. Esta trinidad de lo sagrado femenino existió en las culturas antiguas mucho antes que la trinidad masculina que conocemos por la Biblia. La triple diosa estaba simbolizada por una triple corona formada por las fases de la Luna: cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante, corona que llevaron Isis y muchas otras diosas y que era el símbolo de la creación, la generación y la regeneración. La mayoría de las culturas de la Antigüedad honraban a la anciana, o sabia, como mujer que había asumido plenamente su poder. En la cultura occidental, en cambio, parece que veneremos la edad de la juventud y el miedo, cerrando así el paso a la sabia voz de la experiencia. 

 

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